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Castellón

Buscando el componente ético

Explica el filósofo Francis Wolff que el componente ético del toreo se formula desde el compromiso. Pero, ¿qué es comprometerse? ¿Hacerlo desde la comodidad que presentaron los toros de Cuvillo?; eso es casi un insulto.


Por cuestiones de mi quehacer diario tengo la oportunidad de estar rodeado de gente docta en diversas materias de las letras y las ciencias. Oportunidad que nunca hay que dejar escapar para hablar de diversos temas; entre ellos los toros. Es por esto que siempre me ha interesado tratar sobre tauromaquia con aquellos que profesan disciplinas como la Filosofía; pero la filosofía de doctorado y cátedra, no la barata de la que cree saber todo el mundo. Y claro, te pones a escudriñar, y resulta que la mayoría acaban desembocando sus discursos sobre el componente ético de lo taurino. No es casual, por cierto, que a su vez a la mayoría le parezca estulto plantearse paradigmas animalistas como la asunción de derechos por parte de los toros; siquiera entrar en discusión sobre presuntas torturas sobre aquel con quien te bates en duelo. Es por esto que la cuestión ética se convierte en la primordial para vertebrar una filosofía de los toros. Y por cierto, antes de que salga algún profesional, un filósofo igual no se ha puesto nunca frente a un bicorne, pero de las principales ideas sobre la vida o el arte, sabe más que cualquier torero.

En torno a este planteamiento nuclear destaca preeminente el que, durante años, ha sido director del departamento de filosofía de la École Normale Supérieure de París, así como director adjunto de la propia institución, el prolífico Francis Wolff. Editados en español están varios de sus libros y en distintas ocasiones ha estado por España departiendo sobre éste y otros temas. En ambos ámbitos ha desarrollado su teoría sobre los juicios que pueden derivarse del hecho taurino, del toreo como disciplina artística. Su planteamiento se basa en tres tipos de evaluaciones concurrentes, a saber: la técnica, la ética y, finalmente, la estética. Para Wolff, sólo con que falte una de ellas, el toreo como arte se difumina. Y esto creo que es lo que hay que traer a colación cuando en un cartel se miden las principales figuras del escalafón, justo el caso de hoy: Enrique Ponce, Sebastián Castella y José María Manzanares. No cabe a dudas que ninguno de los tres soslaya el apartado técnico, algo esencial cuando te enfrentas a un animal lábil, y muy trillado cuando la carrera profesional ya alumbra algún que otro lustro. Tampoco el apartado estético; eso sí, divergente en cada uno de ellos y superficial en alguno que otro. Y llegamos al eje inicial de nuestro artículo, al peso ético del toreo, esencial por lo que supone a la grandeza de sus valores, y sustancioso ahora que tantos frentes enemigos se le abren a la Fiesta. Y aquí, naufragan todos.

Explica Wolff que el componente ético del toreo se formula desde el compromiso. Y esta palabra es de significado grueso. Compromiso. Pero, ¿qué es comprometerse? ¿Querer presentarse en la primera feria de la temporada?; sin duda puede ser sinónimo de ello. ¿Hacerlo desde la comodidad que presentaron los toros de Cuvillo?; eso es casi un insulto.

Dice el filósofo francés también que para evaluar aquello que atañe al campo de la ética en el toreo, la valentía es el factor dominante: presentarse pues con una mansada, terciada e inofensiva de Cuvillo, ¿es la antítesis de lo valeroso?

Desde El Grullo llegaron seis astados vareados, anovillados –sobre todo el quinto-, abrochaditos de cuerna –primero y segundo- cuando no sospechosos de punta –como el mazorcón cuarto-. Alguno astillado –primero-, otro desfundado –el tercero-… Y mansos. Resulta que de la cuna de la bravura salieron varios dóciles: abantos –quinto-, repuchados en el caballo –segundo y cuarto-, huidizos, sueltos…¡Ah!, y blandos –primero, segundo y tercero-; cuando no inválidos -sexto-.

Es por esto que, sin duda, aquí tenemos el problema del toreo en nuestro tiempo: el fundamento deontológico, el baluarte que debería hacernos fuertes hacia adentro, como sobre todo hacia afuera, resulta que está huérfano. Se podrán repartir orejas, abrir puertas grandes, y ganarse el beneplácito del público dominguero –como ha sido hoy una vez más el de Castellón- pero la base ética que deberían capitanear las figuras -presentes esta tarde sobre el albero-, dicta que el compromiso es inexistente.

A partir de ahí, todo lo demás podrá ser justificable, pero no sustentable. Por ejemplo el trabajo de Ponce y Manzanares para mantener en pie al primero de sus oponentes –qué contradicción-; o el de éste último en el que hizo sexto, tan flojo, que hubo muletazos en los que los vuelos de la muleta prácticamente no tocaron nunca al suelo. O los simulacros en las suertes de varas, unas veces para tapar lo mullido de los astados y otras lo presto de sus huídas. Con ello, finalmente fue el valenciano el que supo salir conducido a hombros, sobre todo al explotar -como siempre sabe hacer en semejante contexto- esos muletazos empalmados con el pico que nunca son completos –puesto que al empalmarlos no los remata- pero que parecen eternos porque la línea continuada nunca acaba.

Y el peor parado, no por lote, sino por efecto, quedó Sebastián Castella, con un trasteo a media altura en su primero y un intento de remontada con el que cerraba: primero con propuestas de quite por delantales y chicuelinas, imposibles por cuanto el toro desparramaba la vista en la misma suerte; y finalmente, con la franela, recuperando su clásica escenificación desde el centro del ruedo que vino a menos por cuanto el cornúpeta, viéndose podido, protestaba y se frenaba.

«Una evaluación estética del toreo, sin la técnica ni la ética, no es suficiente», dice Wolff. Un toreo sin compromiso, peligro conjurado y riesgo, no es toreo; cerramos nosotros.



Castellón. Cuarto festejo de la Feria de la Magdalena 2016. Algo más de tres cuarto de entrada en tarde agradable. Seis toros de Núñez del Cuvillo, de distintas hechuras, de escaso trapío y cuernas pobres. Segundo, quinto y sexto pitados en el arrastre. Enrique Ponce: 1º - Entera que degüella. Oreja. 4º - Aviso antes de perfilarse; casi entera caída que, de nuevo, degüella. Oreja. Sebastián Castella: 2º - Pinchazo sin soltar; entera caída y perpendicular. Silencio. 5º - Pinchazo sin soltar; media y se echa el toro. Saludos desde el tercio. José María Manzanares: 3º - Entera buena. Oreja. 6º - Media tendida y se echa. Silencio.

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    709 | Víctor Ismael - 05/03/2016 @ 11:36:54 (GMT+1)
    Muy ilustrativo y emocionante. Quizás énfasis en pelaje y bravura.
    708 | Pablo R.L. - 05/03/2016 @ 09:07:23 (GMT+1)
    Enhorabuena por la crónica. De acuerdo en todo. 100 %.
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