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Castellón

La obra de arte inacabada

Los animalillos mermados y tontunos de Juan Pedro Domecq no pueden garantizan empezar bien ninguna obra, y muchos menos finiquitarla. Los trasteos de López Simón y Roca Rey no podían ser auténticas obras de arte, aún siendo bastante entretenidas y preciosistas.


El mundo del arte es tan complejo, que en ocasiones la carencia se ha convertido con el tiempo en riqueza. Es algo inusual, pero sucede. Les ocurre por ejemplo a los “Esclavos” del gran artista renacentista Miguel Ángel, unas figuras inacabadas en mármol para la tumba de Julio II y que Buonarrotti dejó abocetadas sobre la piedra para que, unos siglos después, las nuevas corrientes estéticas vieran en ellas causalidad propia. Ocurre lo mismo con los non finitos del medallista valenciano Enrique Giner, cuya exposición clausuramos la semana pasada, y donde las vicisitudes de la Guerra Civil dictaron que aquellas figuras proyectadas para una fuente, quedaran como imágenes formidables –aún pequeñas de formato- surgiendo de la dura piedra.

Pero ojo, esa apreciación de lo fragmentado como tal, no siempre ha sido –o debe ser- objeto de valor. Hay géneros donde, por idiosincrasia, esto es casi inadmisible. ¿Qué es un gran texto literario, o una pieza musical, sin culmen final? Es inimaginable también en el mundo de los toros: la vertebración de una faena desde todas sus partes no solo es un protocolo o un ritual, sino la conjugación necesaria para entender su consecución total. Veámoslo en un solo apunte: si no hay muerte del toro al final del acto –obviando la excepción del indulto- no puede haber triunfo del torero. La obra de arte inacabada no existe -no puede existir- en el toreo. Es por esto que hoy, los trasteos de López Simón y Roca Rey no podían ser auténticas obras de arte, aún siendo bastante entretenidas, preciosistas y aisladamente estéticas. Y no lo han sido porque, fundamentalmente por tres factores, han quedado como obras inacabadas.

El primero, y principal, por la falta de toros. Tristemente hablar de toros en la plaza de Castellón se ha convertido desde hace casi ya unos diez, doce años, en algo excepcional. Bien por la falta de trapío, por la mengua de la casta, por la suavidad de la cabaña brava o por los intereses de los agentes del mundillo, hablar de toros –con todas las letras- en la zona de la Plana ha dejado de ser regla. Más preocupante es que se ha normalizado, se ha asimilado, el hecho. Hasta tal punto –aun no siendo mal solo de este coso- que en lugar de demandarse toros con garra para enfrentarse a una digna suerte de varas, lo que se hace es demandar menos suerte de varas, para que pasen los toros carentes de garra. El mundillo, de nuevo, ha ganado. Así pues, más allá de las voluntades incuestionables de López Simón y Roca Rey para esta tarde, presentarse con los animalillos mermados y tontunos de Juan Pedro Domecq no pueden garantizan empezar bien ninguna obra, y muchos menos poder finiquitarla. Sin ánimo de ser exhaustivo, estas son algunas de las suertes deslucidas de la tarde por culpa de la debilidad y claudicación de los astados: chicuelinas practicadas al que abrió plaza; gaoneras, tafalleras y chicuelinas en el segundo; manoletinas del cuarto; faroles de rodillas al quinto; y delantales del sexto.

El segundo factor ha sido la falta de limpieza. Si el pasado año en el mano a mano que quedó entre Perera y Talavante -tras convalecencia de “Paquirri”- la principal queja era la falta de vistosidad y repertorio, hoy el defecto ha sido sustituido por el exceso, y eso, a veces tampoco viene bien. Obviamente la tarde barruntaba animosidad por parte de los toreros y variedad en las suertes. Conocidas son sus capacidades en estos menesteres, conocen el Cossío y lo saben practicar con gusto, pero del uso al abuso, a veces no va más que un paso. Quites sí e improvisación también, pero no caigamos en la hiperactividad. Súmese, a lo anotado antes arriba, ayudados por alto, bernardinas, vitolinas, trincherazos… En su mayoría sucios: estropeados bien por la debilidad del toro –que se concretaba a veces en calamocheos o directos cabezazos-; bien por la precipitación del matador; bien por el escaso ajuste a los terrenos, muchas veces invadidos y, por tanto, dejando sin respiro al toro.

Y el tercer factor para que no hayamos visto faenas verdaderamente rematadas ha sido, sin lugar a dudas, la lamentable utilización de las espadas. Una, pase; dos, también… pero que más de la mitad de las suertes supremas hayan caído bajas o directamente provocando escandalosos derrames… Esto es impresentable.
Dicho todo lo anterior, ¿no ha habido toreo verdaderamente bueno? Sí, lo ha habido. Como en un oasis en el desierto de una feria, las dos pequeñas tandas de naturales que ha dado Simón al tercero han sido buenas y despaciosas. Muletazos con la mano izquierda canónicos, planchados, de fuste.

Así pues, detalles sí; pero ha faltado la faena seria, cabal, poderosa, estética… completa.


Castellón. Quinto festejo de la Feria de la Magdalena 2016. Media plaza en tarde agradable. Seis toros de Juan Pedro Domecq, muy blandos, sosos, la mayoría sin picar, algunos claramente manseando y yendo a menos todos. Varios protestados en distintas fases de la lidia. López Simón: 1º - Casi entera muy caída. Oreja. 3º - Entra fuera de cacho y vuelve a caer el estoque, degüella. Oreja. 5º - Casi entera caída; aviso y se echa el toro. Vuelta al ruedo tras petición no mayoritaria. Roca Rey: 2º - Media estocada a un tiempo que degüella. Saluda desde el tercio. 4º - Se le arranca el toro y mete el estoque degollando de nuevo. Oreja. 6º - Pinchazo sin soltar a un tiempo; entera de nuevo entrando a un tiempo y se echa el toro. Silencio.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    715 | Aficionado - 07/03/2016 @ 21:43:33 (GMT+1)
    Esperamos de las nuevas figuras que se enfrenten a toros de verdad y a toros de todos los encastes. Pinito del Oro actuaba en su trapecio a veinte metros del suelo sin red. El futuro de la fiesta es integridad y bravura. Sin toros de plastilina. Faenas de cincel y martillo. El arte y la emoción vendrán de la dificultad. Sin ella, el toreo será verdad de Perogrullo.

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