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Castellón

La raza Domecqñada

Lo matemático, sin ambages, es consecuentemente previsible; lo previsible cae en lo monótono; y la monotonía en el aburrimiento. Lo matemático es encontrarse con ferias como la de Castellón, cerradas a base de figuras hechas y toros adiestrados.

Esto de los toros, triste e irremediablemente, cada vez es más matemático. Y digo que tristemente porque lo matemático, sin ambages, es consecuentemente previsible; lo previsible cae en lo monótono; y la monotonía en el aburrimiento. Por cierto, para los que predican que es justo lo contrario, que los apologetas de lo exacto somos los empeñados en la pulcritud y lo bien hecho, obvian que cuando lo hacemos es para referimos a la matematicidad que da la técnica, base iniciática para enfrentarse a un toro ya que, por ende, éste siempre es incierto e imprevisible. Esa es la gran contradicción que da al toreo parte de lo que es: la certeza ante lo aleatorio, la seguridad ante lo peligroso. Es más, esto es justo lo que todos los tratadistas -incluidos toreros- pensaron que era la tauromaquia hasta hace justo unas décadas. ¿O alguien quiere ahora contradecir en esto hasta al propio Pepe Illo? Su muerte en las astas del toro Barbudo en 1801, tras el legado de reglas y normas que acuñó por escrito, no hace más que confirmar -jamás contradecir- lo que aquí vamos a decir: la seguridad, el mérito, la pureza de las suertes, el modo de hacer, el canon... convierten el toreo en arte, o en «ciencia afortunada» -importante matiz- como decían los antiguos. La matematicidad de lo previsible en la actualidad -no la nuestra- es la que está acabando con las esencias de la tauromaquia.

¿Y qué es hoy lo matemático? Lo matemático es encontrarse con ferias como la de Castellón, cerradas a base de figuras hechas y toros adiestrados; lo matemático es cortar orejas al mínimo bicho que se sostenga y le metamos dos trapazos con temple, o sea, aguantando su aborregada embestida de animal medio tullido; y matemático es deseducar al gentío de las grandezas de una fiesta basada en el peligro conjurado, la personalidad -por qué no- de quien se mantiene firme frente al drama, y el bastardeo de la conclusiva -y auténtica- emoción estética.

Pero para que estas nuevas reglas sean posibles, lo primero es modelar una generosa materia prima. Hay que domeñar al toro; mejor adomecqñarlo. El principio es muy simple: el animal lábil, debe transmutar en pastueño; lo primero es una característica específica del biotipo toro, y la segunda -tan ensalzada- es característica artificiosa agregada por el hombre. El tantas veces mentado monoencaste no es más que eso: la preponderancia del tipo de encaste más proclive a cumplir este principio. La procedencia de lo domecq y todas sus variantes son el fruto de un meditado trabajo ganadero. Y un ejemplo más es esta Magdalena 2016; o la corrida de hoy, de Zalduendo. Feria y corrida eran previsibles, y de ahí que el aburrimiento haga presencia. Certeza matemática.

Luego vienen los lamentos, los gestuales de la terna durante las faenas –como el habitual con la mano arriba y abajo pidiendo calma- y los del respetable, más sinceros estos, pero propios del que cae en la trampa al pensar que el problema es intrínseco del toro. Y así anduvo la fría tarde de hoy.

También era previsible que, aún a falta de toros, o precisamente buscando la carencia de estos por parte de los profesionales, lo más vistoso vendría de la mano de Talavante. Lo que no era tan pronosticable es que el extremeño vendría a casi repetirnos, a pies juntillas, las faenas de la Magdalena de 2015. Mi retina, como foto por foto, va viendo los mismos recibos a pies juntos, o prácticamente los mismos quites –tafalleras, talaveranas y gaoneras- a su primer bicorne. Incluso el cartucho de pescao, las arrucinas y los molinetes con la franela a su segundo. Talavante no ha sido rotundo, pero es evidente que ha gustado; incluso en lo atropellado que fue su trasteo al rajado segundo del festejo, donde los cambios de mano o las despegadas bernardinas finales, hicieron las delicias del gran público.

Poco que comentar de “El Fandi”; nada que no sepamos: poco arte de capote, poco sometimiento de muleta, y bullicioso en banderillas. Impresentable, eso sí, su actitud ante la lesión de una pata en el cuarto de la tarde. Fue en el tercer par de banderillas, donde jugó a forzar en el recorte al toro y éste se vino al suelo. La invalidez era patente… tanto como que debía sacrificarse el animal en ese instante (Art. 84.2 del Reglamento); momentos de incertidumbre, remoloneando en sus obligaciones, y a echarle el cabreo de la gente al presidente. Forzó un sobrero el granadino, y estuvo firme y bien el presidente, Antonio Aguilar Clemente.

Y qué decir de la comparecencia de Cayetano. Dice mucho que con lo blando que fue el tercero, lo iniciara de muleta sobre el estribo para estrellarlo hasta dos veces contra las tablas. Dice también que con lo franco que fue el sexto –a pesar de que recargó sobre el caballo tanto como lo repuchaba- no fuera capaz de concatenarle nunca más de cuatro muletazos de un tiro. Y dice aún mucho más del madrileño que entrara a matar sus dos toros peor de lo que lo haría cualquier chiquillo: nunca les bajó el trapo sobre el hocico; en todas retrocediendo el brazo respecto al cuerpo; y siempre con el acero bien tendido. Váyase, por favor.

Por cierto, hablando de irse, terminó la Magdalena señores de Gestión Universal de Espectáculos S.L.; ésta vez sí lo admitirán, ¿no?: nuevo fracaso.


Castellón. Sexto y último festejo de abono de la Feria de la Magdalena 2016. Media plaza en tarde nubosa y con frío a más. Seis toros de Zalduendo, blandos, pastueños, muchos no probaron casi el equino y, algunos, huidizos. Algunas protestas, pero menos que ayer. “El Fandi”: 1º - Entera trasera y aviso. Silencio. 4º - Entra a matar por partirse una pata el toro en el último par de banderillas. Palmas. Alejandro Talavante: 2º - Pinchazo sin soltar y entera que degüella. Oreja. 5º - Entera perpendicular y algo caída, se echa el toro. Oreja. Cayetano: 3º - Pinchazo sin soltar muy malo; entera tendida; aviso; un descabello. Saluda desde el tercio. 6º - Dos pinchazos sin soltar como en su primero; otro que prende pero tendido; aviso; dos descabellos. Silencio. Nota: Bien el presidente, Antonio Aguilar, al hacer aplicar el Reglamento en el cuarto toro. Mal al conceder la primera oreja a Alejandro Talavante con petición no mayoritaria.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    714 | Jesús Valencia - 07/03/2016 @ 20:14:42 (GMT+1)
    Cuánta razón, esto se nos va por la alcantarilla, sin que pongamos un pequeño tapón en el fregadero, que consiste sencillamente en que los ganaderos levanten la veda a la gente para fotografiar los toros y consientan con luz y taquígrafos que se conozcan y entrevisten a la colección de desmochadores pagados y luego seguimos hablando.

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