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Los orígenes de José Cándido. Nuevos descubrimientos sobre su nacimiento y su familia

Gracias a la investigación realizada por los autores de este artículo, conocemos más sobre sus verdaderos orígenes.

Los orígenes de José Cándido. Nuevos descubrimientos sobre su nacimiento y su familia
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Cuando nos adentramos en los inicios de la tauromaquia, lo hacemos en un terreno inestable, donde la realidad y los mitos se solapan difuminando la historia, poniendo en riesgo así el rigor crítico necesario para dilucidar los escenarios, los modos y, por supuesto, los personajes que participaron del toro. José Cándido Expósito es un claro ejemplo de ello, en el que la tradición oral de coetáneos y escritos de posteriores estudiosos han desdibujado los orígenes de este torero nacido en Cádiz pero afincado en Chiclana, disfrazando todo con un halo de verosimilitud.

Se sabía que fue niño expósito, mulato, que según los mentideros de la época fue fruto de una señorita y un esclavo de raza negra. De esto último no hay constancia documental, aunque debemos valorar en todo caso que quizás fuera más plausible una unión entre un hombre de raza blanca y una criada negra, atendiendo siempre a la situación social y moral de la época. Lo que sí podemos afirmar con precisión es que fue entregado el 30 de noviembre de 1734 en la Casa Cuna de Cádiz, sita en la actual calle Rosario Cepeda, por una tal María de las Esquinas del Porriño, es decir, una señora que debió habitar o frecuentar la calle Sagasta, en el tramo comprendido entre Sacramento y Hospital de Mujeres. Lo bautizarán con el nombre de Cándido el 3 de diciembre del mismo año por el cura del Sagrario de la Santa Iglesia Católica, Manuel de Texeda, siendo padrino Feliz Pavía. Por su parte, los libros de registros de la Casa Matriz, hoy custodiados en la Diputación Provincial, nos informan que fue criado por Dominga la Gallega, oficio remunerado muy común en una época donde eran tan abundantes los abandonos de neonatos. Así transcurrirá la crianza hasta que el último día de agosto de 1737 lo adopte un matrimonio de Chiclana, Melchor Román y Josefa de Olvera, los cuales se comprometerán a criar y educar a un “mulatico destetado”.

Pero, ¿quiénes fueron estos padres adoptivos que se desplazaron hasta Cádiz para recoger al que será uno de los padres del toreo en España? De Melchor Román sabemos que era natural y vecino de esa villa, y que estuvo casado primero con Isabel de Sanduvete (1688), con la que tuvo dos hijos, Melchor y Pedro, y luego, ya viudo, con la susodicha Josefa de Olvera (1706). Fruto de este último matrimonio nacerán Melchor (1709), Alonso José (1712), Francisco Melchor (1713), Mariana Francisca (1715) y Leonor Manuela (1718), la cual tendrá un papel fundamental como albacea en el testamento que hará Cándido antes de morir en la plaza de toros de El Puerto de Santa María, en 1771, y que terminará en disputa con su cuñada y viuda del torero, María Hernández, al reclamar parte de la herencia.

De su actividad, sabemos que Melchor Román poseía una tienda de mercader, tal y como recoge el padrón vecinal de 1708, lo cual tuvo que aportarle cierta solvencia y estatus en una Chiclana llena de contrastes sociales. Creemos que debió de tener cierta posición económica y social, ya que el padrino del primer hijo que tuvo con Josefa fue el hombre más poderoso de la población, don Marcos del Hierro, Conde del Pinar. Era arrendatario también de unas tierras en la llamada Cabeza del Moro, finca que aparece también en el testamento que el torero deja a su mujer y a su hijo Gerónimo José Cándido. Además, su esposa, Josefa de Olvera, era hija de Ana Díaz y Alonso de Olvera, este último protagonista de la vida política de Chiclana al ser nombrado durante años regidor capitular del Cabildo y síndico procurador.

Pero la presumible posición que atesoraba Melchor Román debió de sufrir un traspié, pues en las Actas Capitulares de 23 de enero de 1713 nos encontramos con una solicitud en la que pide el relevo de soldado de a caballo de la Compañía por sus “cortos medios”. Desconocemos hasta dónde pudo llegar esa adversidad y de qué modo pudo afectarle pero, muchos años después, en el acta de defunción de su enterramiento, producido el 1 de diciembre de 1747, nos encontramos con un entierro a medias honras, que no siendo propio de la poderosa oligarquía local, sí que denota cierto grado de influencia y poder económico, pues solían realizarse éstos con los curas y capellanes comprendiendo además vigilia y misa cantada.

Vaticinar los motivos que le condujeron a hacerse cargo de un niño expósito, es entrar en el terreno de la especulación. Sí podemos apuntar que cuando Melchor adopta a Cándido tiene aproximadamente 72 años, siendo sus hijos naturales ya mayores. Quizás, su probable condición de expósito, tal y como vemos en su acta de bautismo, le indujera a hacer un acto de caridad en los últimos años de su vida. Nunca lo sabremos. Sí observamos que el torero recogerá los apellidos de su padre en su vida cotidiana y, así, en todos los documentos originados de su actividad como tablajero de la villa, consta y firma como José Cándido Román. Sin embargo, en el lecho de muerte no lo menciona, de ahí el absoluto desconocimiento que se tenía sobre él hasta ahora, pues siempre hablará de “padres desconocidos”, negando en cierto modo la figura de su padre adoptivo, no así el de sus hermanas Leonor y Mariana, con las que parece que mantenía un cierto vínculo afectivo.

La historia está llena de interrogantes, de enigmas de difícil sino imposible solución, de hilos que enmarañan y de otros que nos llevan a la luz, al conocimiento. José Cándido Expósito, el primer torero que murió en una plaza de toros, a partir de hoy debe ser llamado por su verdadero nombre, José Cándido Román.
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