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Yo puedo vivir sin los toros
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Yo puedo vivir sin los toros

El pasado sábado, 3 de febrero, la Academia de las artes y ciencias cinematográficas de España entregó sus codiciados galardones. Los Premios Goya. Los taurinos, que no aficionados, al igual que los miembros de la Academia, hace tiempo que olvidaron la autocrítica. Ambos gremios comenten el mismo error: considerarse imprescindibles.

viernes 09 de febrero de 2018, 10:57h
Se me ocurren pocas cosas más aburridas que una mala tarde de toros, excepto una gala de los Premios Goya.

El pasado sábado, 3 de febrero, la Academia de las artes y ciencias cinematográficas de España entregó sus codiciados galardones. Fue una ceremonia muy larga y sin ritmo. No consiguió convencer a nadie para comprar una entrada de cine al día siguiente. Siguiendo criterios extracinematográficos, y buscando la autocomplacencia, se otorgaron los premios a mejor director novel, a Carla Simón, y mejor director, a Isabel Coixet. Su mérito, ser mujeres, lo cual bastó para premiar los trabajos más flojos en sus respectivas categorías, donde sin duda merecían ser reconocidos Los Javis y Manuel Martín Cuenca. Lo llamaron feminismo, pero en realidad es una forma, como cualquier otra, de ocultar la falta de autocrítica, la ausencia de una industria cinematográfica en nuestro país, o su falta de capacidad para llenar las salas. Las carencias cuando salen a la luz escuecen.

La eterna crisis de la cultura en España, que afecta al cine, el teatro y los toros.

Los taurinos, que no aficionados, al igual que los miembros de la Academia, hace tiempo que olvidaron la autocrítica. También dejaron de preguntarse por qué los tendidos están cada vez más vacíos. De nuevo autocomplacencia, en este caso con la complicidad de palcos presidenciales y una gran parte de la crítica. Otra vez se tapan las debilidades en vez de afrontarlas.

Si Coixet, por otro excelente cineasta, recogió su segundo Goya por una película mediocre, pero tuvo a su favor su condición de mujer, no tengo espacio para enumerar aquí las plazas y cosos donde se conceden orejas, rabos, o indultos, si te llamas Juli, Manzanares, Perera, Morante o Padilla. El rigor brilla por su ausencia.

“Verano 1993”, película rodada en catalán, ha sido alabada por la crítica cinematográfica oficial al definirla como una obra que respira sentimientos y está dotada de una capacidad de emocionar impropia de una ópera prima. Mi opinión, un coñazo. Estamos ante una película sobrevalorada. Igual ocurre en el mundillo taurino. De vez en cuando, los mismos que se rompen las manos en Sevilla, Madrid o Valencia, se ponen sesudos. Les facilito un ejemplo, Azpeitia. Cada verano se nos vende como el reducto de la suerte de varas en España, y si bien es cierto que su grado de ejecución del citado tercio es muy superior al resto de nuestro país, sus puyazos se sitúan a años luz de los coliseos galos.

La Academia de Cine Española también tiene diferentes varas de medir. Hay privilegiados, a quienes se les perdona casi todo gracias a logros anteriores. La nominación de Javier Bardem o Penélope Cruz por “Loving Pablo” no se justifica salvo por ser Javier Bardem o Penélope Cruz. Grandísimos actores con actuaciones magistrales en el pasado que andan bastantes perdidos. ¿No les recuerdan a Morante de la Puebla? Genial torero a quien se le perdona todo por tardes de gloria pasadas. Igual ocurre con ciertas ganaderías. Pocos medios y portales, éste fue uno de ellos (gracias al equipo de redacción por la libertad) se atrevieron a criticar la presentación de los Adolfos en el homenaje a Víctor Barrio en Teruel.

Como ven, hay muchas similitudes entre dos mundos tan aparentemente diferentes como el cine español, que se considera a sí mismo ejemplo de progresismo y vanguardia intelectual, y el mundo taurino, encantado de autoproclamarse como la última reserva de los valores tradicionales de la cultura española.

Ambos comenten el mismo error: considerarse imprescindibles. Y qué quieren que les diga, aunque me duele admitirlo, uno puede vivir sin toros, sin cine, aunque parezca imposible, pero no creo que los actores o profesionales del toro puedan vivir sin el público.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2742 | Nik neu - 10/02/2018 @ 09:51:13 (GMT+1)
    Toda la razón. No pago yo por ver una película ni borracho. Y para ir a los toros, todavía pago por ver ganaderías diferentes, pero cualquier día ni eso.

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