5 de agosto de 2020, 0:35:57
Historia

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Venta del Batán: culto al Toro, hervidero de afición

Inaugurada el 11 de mayo de 1.950, allí lucían trapío los toros días antes de ser lidiados en la plaza de Madrid. Generaba debate entre los aficionados. Niños que acompañaban a sus padres y abuelos. ¡Los aficionados queremos Venta del Batán!

Por David Zamora


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Como un escaparate de los toros que se iban a lidiar en la plaza de Madrid, el 11 de mayo de 1.950 se inauguró la Venta del Batán. Un proyecto construído en terrenos de la Casa de Campo, llevado a cabo por el ayuntamiento de la capital, siendo alcalde José Moreno Torres, y apoyado por la empresa que gestionaba Las Ventas en aquel momento, con el gran Livinio Stuyck a la cabeza.

Entre otras construcciones, sus instalaciones se componen de corrales, vivienda para los mayorales de las ganaderías, cafetería o en la actualidad la nave de entrenamiento de la Escuela Taurina "Marcial Lalanda". En total, su superficie es de 10.717,62 metros cuadrados.
En el Batán lucían trapío los toros del serial de San Isidro. Las corridas se exponían unos días antes de ser lidiadas, con una pizarra en cada corral informando la ganadería, los toreros anunciados con ella y la fecha de la corrida. Aquello generaba debate entre los aficionados, quienes discutían hechuras según encaste, si un toro venía entipado, si embestiría este o el otro, etc. Facilmente saltaba la polémica sobre la corrida que lidiaría la figura del momento, la que debería lidiar, cómo eran las que se apuntaban los Andrés Vázquez, Antonio Bienvenida, Frascuelo, Diego Puerta, Paco Camino, Ruiz Miguel, Antoñete, Joselito, Ojeda, Rincón... Y allí estaban ellos, los auténticos protagonistas de la Fiesta. Esperaban su momento los pavos de Pablo-Romero, Felipe Bartolomé, Murteira Grave, Cobaleda, Peñajara, Miura, Atanasio Fernández, Baltasar Ibán... Imagínense, un hervidero para el cultivo de afición. También desfilaban por allí niños que acompañaban a sus padres o abuelos y acababan fascinados, o curiosos que se acercaban al lugar para ver al toro bravo y acababan yendo a la plaza a ver el juego del lote que les había impresionado. Observar la bella estampa del toro bravo en la Venta del Batán hacía afición. Tal como ocurre hoy, por ejemplo, en Pamplona o en algunas ciudades francesas, donde todo gira en torno al toro y sus ferias gozan de una estupenda salud.

En la Venta del Batán lo que importó siempre fue el toro. Por eso, coincidiendo con su inauguración, en 1.950 se crea y se concede por parte del Ayuntamiento de Madrid el premio al mejor toro de la Feria de San Isidro, otorgándole el honor al ganador de ponerle un azulejo en el patio de mayorales. El primer toro con azulejo en la Venta del Batán fue un Santa Coloma de Felipe Bartolome, "Fuentes", marcado con el nº 22, tomó 3 puyazos y correspondió en suerte a Manuel Dos Santos, que recogió una ovación en el tercio. A partir de ahí, en sus paredes se recuerdan los toros que mejor pelearon en el ruedo. Aunque hay excepciones en esto de los azulejos, y también personajes célebres son inmortalizados en sus paredes, como Marcial Lalanda, que toreó 127 tardes en Madrid; los escritores taurinos Clarito, Cossío y Corrochano, y los artistas Roberto Domingo y Mariano Benflitire, y algún que otro ganadero como Antonio Pérez de San Fernando.

La Venta del Batán no sólo servía para exponer a los toros, sino que además era muy útil en términos ganaderos, ya que por lógica en este periodo de descanso, los toros se recuperaban del viaje, en los que los animales pueden perder 30, 40 o hasta 50 kilos. Aunque para esto hay diversidad en las opiniones de los ganaderos, los hay que están a favor y los hay que están en contra, alegando que el cambio de hábitat produce un estrés a los toros perjudicial para la lidia.

Fíjense si tenía importancia el lugar, que en un viaje a España en 1.959, los príncipes de Mónaco, Grace Kelly y Rainiero III, visitaron la Venta del Batán. ¿Qué pasaría hoy, con la corriente demagógica que nos acecha, si aristócratas extranjeros presumieran de su interés por los toros? Si hasta los holandeses, que no han visto un pitón en su vida, están pagando un pastizal por acabar con la Fiesta.

Todos querían hacer migas con los empleados del Batán, de los que se aprendía y mucho del comportamiento del toro. Allá por los años 80, en una conversación con unos curiosos, uno de estos empleados señaló que al contrario de lo que podrían creer muchas personas, era perfectamente posible juntar toros de distintas ganaderías en un mismo corral. "Como no se conocen, se tienen más respeto", dijo. Hablando acerca de las precauciones que había que tomar cuando los toros bajaban del camión, decía este mismo señor que "si se queda cojo o se rompe un pitón, adiós; un toro vale medio millón de pesetas", ¡de la época!

Pero un problema de la enfermedad de la lengua azul hizo que se echara el cierre a todo este pozo de afición. No hace tanto, en 2004. Y por si quedaba alguna esperanza sobre su reapertura, a día de hoy Carmena pretende dar la puntilla a la Venta del Batán. Acondicionarla, dice, para poder valorar una cesión total o parcial del espacio, que se destinaría a otros usos ajenos al toro. Quién sabe. Cualquier cosa con tal de arrancárselo a quién siempre perteneció, que sin duda es al mundo del toro.

No obstante, ha habido tiempo para que los toros hubiesen vuelto a la Venta del Batán. Se decía desde fuentes oficiales que trámites legales con la exigente normativa impuesta por Bruselas impedían la reapertura. Incluso, ha habido rumores de que durante los años de bonanza económica se ha intentado hacer negocios inmobiliarios con el Batán. ¡Vaya usted a saber! Hay muchas opiniones encontradas. Ganaderos, que como se apunta en líneas de arriba, están a favor y en contra. Por otra parte, con la descafeinada Fiesta que quieren imponernos los que mandan en el escalafón desde hace unos años, tampoco interesa mucho que se haga culto al toro, y que se vean con antelación los toros con los que se anuncian ellos y con los que se anuncian otros que sí vienen apretando de verdad.

Los aficionados queremos Venta del Batán. Queremos disfrutar del toro. No es mucho pedir, pero demasiado si tenemos en cuenta que no tenemos quién tire de carro y quién vele por lo intereses del TORO. De una cosa sí tenemos certeza: si el Batán fuese fuente de riqueza económica para algunos, estaría abierta de par en par.


Por David Zamora
Director de Pureza y Emoción
Miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos
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Fotos: Javier Salamanca, Hierro y divisa, Blog Dominguillos y Grupo de Facebook "Porque se reabra la Venta del Batán".

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