2 de julio de 2020, 12:07:37
Crónicas

Valdemorillo (Madrid)


Veteranía, triunfalismo y un milagro

Tres toreros en momentos bajos que pudieron dar más, mucho más. Porque no valió el temple de El Cid, ni el sentido de Paulita, ni las ganas de volver de Fandiño.

Por Borja González


La triste ausencia de Víctor Barrio protagonizó sin ninguna duda los prolegómenos de esta Feria de San Blas y La Calendaria. Entre lágrimas y recuerdos, y acompañada de familiares y amigos del segoviano, que se juntaban en una abarrotada puerta grande para rendir homenaje a todo un símbolo de la tauromaquia actual, Ruth Barrio descubría a eso de las 16:40 el azulejo en memoria del torero, fallecido el año pasado en la feria de Teruel. Allá donde esté, estoy seguro que sentirá el toreo más que nunca, y proclamará orgulloso su pasión y afición. Porque murió en torero, que nadie lo olvide.

La plaza registró una fantástica entrada para la primera de feria, con algo más de dos tercios de aforo, rozando los tres cuartos si me apuran. Hay ganas de toros y la sequía taurina invernal anima a cualquiera a pesar de los altísimos precios de las entradas. Un disparate señor Entero.

Para la apertura se lidió una corrida de excesos y defectos de la ganadería de Monte la Ermita, hierro madrileño afincado a muy pocos kilómetros de Valdemorillo. Encierro serio, con peso y trapío, a excepción del mal rematado primero, desigualada de caras y con el común denominador de la falta de casta. Corrida a la que apenas se ha castigado en varas (excepción del quinto) y la cual se ha dejado en el último tercio en mayor o menor medida.

El Cid asombraba al desmonterarse tras romper el paseíllo. Años y años en el mundo del toro y aún no había pisado el ruedo de Valdemorillo. Curioso que tras ese largo tiempo tuviera la “oportunidad” de ello. Cortó un apéndice del feo primero, un animal cornidelantero, algo destartalado de carnes y con muy poco remate de los cuartos traseros. Acusó el animal falta de fuerzas en los primeros tercios, lo que levantó las protestas del tendido. Llegó pronto y por derecho a la muleta templada de Manuel, que corrió lento por derechazos las largas y claras embestidas del animal. Cobró fuerza la faena al natural, con un punto más de profundidad en los muletazos, largos y rastreros, y con menos espacio entre toro y torero. Los de pecho, ligados y rematados en la mismísima hombrera, fueron lo más destacado de la faena, que comenzó a venirse abajo tras no medir bien los tiempos. Pinchazo, estocada y oreja al canto.

Al cuarto, segundo de El Cid, lo recibimos entre palmas. Un señor toro, negro en salpicado, enmorrillado y muy entipado. De muchas plazas de primera. Se vino abajo a medida que avanzó su lidia, usando la defensa y tornillazo tras los cites del sevillano. Anteriormente, Curro Robles se vería obligado a saludar tras un meritorio par de banderillas. Gavilán se fue entre palmas.

Paulita triunfó gracias al tiro de mulillas. Las cosas como son. Ya es denunciada la manía de estos señores por (quien sabe si gratuitamente) facilitar el alboroto del respetable y casi obligar al usía en sacar el pañuelo del triunfalismo, que no del triunfo. Hecho que sucedió en el quinto de la tarde, el de mayor calidad y casta del encierro, tras un trasteo derechista del zaragozano, que no acabó de sentenciar el juego. Puerta Grande amistosa y no mayoritaria, que protestó un pequeño sector de la plaza tras una estocada algo defectuosa, para qué mentir. Y es que no debió apetecerle mucho a Antonio coger la mano izquierda, o quizá no lo vio claro tras probar en una serie totalmente descompuesta, curiosamente no por culpa del toro. Una pena que el poco rigor de la afición premiara un semitrasteo de aquella manera. Dos orejas.

Amedrentado estuvo con el incierto segundo, un animal cuajado y alto que no puso las cosas fáciles. Reservón, manso y dubitativo en los fuertes toques de Paulita, que tampoco puso mucho empeño en ello. División al saludar.

Fandiño, por su parte, nos brindó el primer milagro de la temporada. Increíble que ese pitón no calara en la barriga del vasco, que se tiró como un león en el morrillo del animal. El miedo se apoderó por segundos de la plaza, que esperó lo peor. Gracias a Dios todo quedó en un susto y la ovación tras un nuevo espadazo fue unánime. Este tercer toro de la tarde no puso las cosas fáciles a Iván, que tampoco acabó de encontrarse, sin terrenos ni capacidades para su lidia. Lucha por la vulgaridad.

Con el sexto pudimos ver de nuevo dudas en el de Orduña, toques bruscos y secos, sin ayuda del cornúpeta, que quiso medio deslizarse a media altura por el pitón derecho. La gente se dio cuenta de la poca comunión con el animal y empezó a alarmarse. Frías fueron las manoletinas e insulso el trasteo. Silenciada labor.

Y con ello concluía la primera de feria, de cartel veterano y polémica oportunidad, con tres toreros en momentos bajos, quizá definitivos, pero que pudieron dar más, mucho más. Porque no valió el temple de El Cid, ni el sentido de Paulita, ni las ganas de volver de Fandiño. Esto necesita más, mucho más, y sabemos que en algún momento nos lo han podido dar. ¿Volverán?


Valdemorillo (Madrid). Sábado 3 de febrero de 2017. 1ª de la Feria de San Blas y La Candelaria. Toros de Monte la Ermita (desiguales de presencia, descastados y nobles en su totalidad) para Manuel Jesús “El Cid”, oreja y saludos desde el tercio; Antonio Gaspar “Paulita”, saludos con división y dos orejas con leves protestas; Iván Fandiño, saludos tras aviso y silencio. Entrada: más de dos tercios. Notas: Curro Robles se desmonteró tras parear al cuarto de la tarde. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Pedro Saavedra.
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