5 de abril de 2020, 17:44:44
Opinión


Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar

A colación de la concesión de orejas como si fueran rebajas, Puerta del Príncipe incluida. "¿Es que la oreja es tuya? Nada, ni caso señor usía. Hay que educar a los públicos".

Por Julián H Ibáñez


Hubo una época, no muy lejana por cierto, en la que las principales plazas españolas tenían un bien ganado y reconocido prestigio. Se realizaban faenas muchísimo mejores que las de ahora y no se mataba tan alevosamente y, sin embargo, el público lo más que hacía era ovacionar al espada y obligarle, en muchas ocasiones, a que diera la vuelta al ruedo. Entonces no se pedían las orejas con la frecuencia de ahora, ni mucho menos se concedían. Pero hemos llegado ya a un verdadero abuso que es conveniente cortar por lo sano.

Y traigo esto a colación después de haber visto cómo en los festejos taurinos de los últimos días, se han concedido orejas como si fueran de rebajas, Puerta del Príncipe incluida. El público, no sabemos si porque ve pocos festejos o por qué motivos, cada vez entiende menos de toros, y con una prodigalidad rayando lo absurdo, pide los máximos trofeos. Y, la presidencia, muy complaciente, no tiene ningún inconveniente en sacar el pañuelo para conceder a los espadas esas orejas que solicitan.

El público en general, sobre todo a los que se alimentan más de la salsa que del pollo, pueden sacar todos los pañuelos que quieran para pedir orejas, rabos, patas y hasta un concordato con la Santa Sede, pero los presidentes y los asesores también deben permanecer serenos, como jueces imparciales que no pueden dejarse llevar por las emociones de lo que les llega. ¿Es que la oreja es tuya? Nada, ni caso señor usía. Hay que educar a los públicos.

Como dice el refrán: "contra el vicio de pedir, existe la virtud de no dar".


Por Julián H Ibáñez
Twitter: @julianhibanez
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