18 de febrero de 2020, 0:46:12
Suertes y comportamientos


La caída del toro de lidia

Los problemas relacionados con la movilidad del toro de lidia y, en concreto, los síntomas de debilidad, preocupan mucho a los ganaderos, ya que suponen un deslucimiento del espectáculo y, en los casos más graves, una pérdida irreparable de aptitud del animal. ¿Es un problema físico o genético? Veamos.

Por Juan Manuel Lomillos


Los problemas relacionados con la movilidad del toro de lidia y, en concreto, los síntomas de debilidad, preocupan mucho a los ganaderos, ya que suponen un deslucimiento del espectáculo y, en los casos más graves, una pérdida irreparable de aptitud del animal.

Genéricamente se utilizan los términos “caída” y “falta de fuerzas” como sinónimos de un mismo proceso, significando ambos, en ese contexto, la manifestación de una debilidad que conduce, en ocasiones, a la caída del animal. Este procedimiento cursa con debilidad muscular, incoordinación motora y pérdida transitoria de la estación y del equilibrio, denominado todo ello bajo el término común de “síndrome de caída”, el cual ha venido preocupando a distintos veterinarios taurinos desde hace más de un siglo.

Este hecho ha sido descrito y citado por numerosos autores y comentaristas taurinos del siglo XVIII y XIX (Orensanz, 1950) pero la frecuencia de aparición de dicho problema empieza a ser preocupante en los ruedos a partir de la década de 1910, si bien con desigual manifestación debido a la Tauromaquia de la época. Es precisamente con la aparición del toreo moderno, a partir del torero Juan Belmonte (1892-1962), cuando la exigencia de hacer humillar al toro para facilitar el toreo circular, hizo que la falta de fuerzas comenzara a manifestarse con mayor intensidad.

A partir de 1930, la presentación del síndrome se generaliza y las caídas son más frecuentes y alarmantes. Los estudios realizados muestran que el problema afecta tanto a machos como a hembras y a ejemplares de todas las edades: toros, novillos, erales, becerros, vacas, etc. Se observa en individuos de distintas ganaderías, independientemente de su peso y de la categoría de la plaza donde se lidian y de la distancia de ésta hasta la dehesa de origen. Además, dentro de una misma ganadería la respuesta es muy diversa, incluso los autores que han estudiado el tema, coinciden señalando que aquellos animales que manifiestan patrones de comportamiento indicativos de bravura y gran esfuerzo físico, presentan mayores frecuencias de caída total y de las formas leves de claudicación.
Las teorías que han tratado de explicar la etiología de la caída han sido muy numerosas y variadas. Las más simples atribuyen el problema a razones físicas, como traumatismos del transporte, fraudes, etc., y las más complejas consideran que el origen del síndrome es genético, por la herencia de un gen determinante de la caída.

La realidad es que el toro de lidia padece un síndrome de caída, derivado de múltiples causas predisponentes, que se han mantenido durante los años con una incidencia variable.

Los Departamentos de Producción Animal de la Universidad de León y Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia vienen registrando la manifestación de caída del toro de lidia desde el año 1991. Hasta la actualidad han sido estudiados 2.225 animales de 3 a 5 años, en diferentes plazas de toros de 1ª y 2ª categoría siguiendo una metodología y software de valoración etológica creada para este tipo de animal por los profesores Vicente Gaudioso y Marta Elena Alonso, de la Universidad de León, que consideran seis tipos diferentes de caídas en virtud de la gravedad de la claudicación o del grado de incoordinación motora evidenciado por el animal (tabla 1):Mediante dicho programa informático se obtiene un registro secuencial de la manifestación de caídas a lo largo de todo el espectáculo y su clasificación. A su vez se registra el momento de inicio de cada uno de los tercios. De este modo, es posible saber en qué parte del espectáculo se ha producido cada una de las caídas y la frecuencia de cada tipo de claudicación en las diferentes partes de la lidia.

El estudio revela que un 99,56% de los individuos que presentaron caídas durante los años 1991-1993 con problemas graves en el 17,16% de los animales (caídas tipo 4, 5 y 6), mejorando situación en la actualidad (2014-2016) con un 79,82% de individuos que manifiestan el síndrome, de los que sólo un 8,23% experimentan caídas tipo 4.

Los datos explican que la gran prevalencia de los años 90 del síndrome de caída ha ido remitiendo hasta la actualidad. En la década de los 80 en la plaza de Madrid se llegó a pedir la devolución a los corrales del 80% de los toros por mostrar debilidad. Este problema se ha ido reduciendo en los últimos años, presumiblemente, en relación con una mejora en el manejo alimentario y sanitario. Sin embargo, las caídas persisten y es un gran problema a solucionar.

La manifestación de caídas se acentúa con el avance de la lidia, siendo las formas más leves (tipos 1 y 2) los tipos de claudicaciones más comunes registradas, fundamentalmente en el tercio de muleta, fruto del incremento significativo de su duración. A su vez, se observa una disminución gradual de las formas más graves, llegando a ser prácticamente inexistentes las caídas tipo 5 y 6 en los últimos años. Todo ello asociado a una mejora en la selección y en la alimentación del ganado, unida a la implementación de la preparación física del animal previa a la lidia mediante entrenamientos estandarizados.


¿CÓMO ES EL EJERCICIO DEL TORO DURANTE LA LIDIA?
Los animales en los primeros tercios se mueven a mayor velocidad que en fases sucesivas, empleando en ejercicios, como media, el 41% del tiempo total del tercio, lo cual confiere al esfuerzo un carácter intermedio entre el modelo continuo y el patrón de ejercicio intermitente. En cambio, en el tercer tercio, el toro adopta un modelo de ejercicio intermitente durante el cual se alternan muletazos, de largo recorrido, aislados o en serie. Este tipo de movimiento de cabeza baja, durante el 45.6% del tiempo del tercio, predispone al animal a sufrir caídas de tipo 1, 2 y 3, fundamentalmente. Además, el animal acumula en este momento un estado elevado y progresivo de fatiga, evidenciado por la abertura de la boca en el 47.3% de su tiempo y el aumento de la frecuencia respiratoria.

En cuanto a la gravedad de las caídas, las variedades de claudicación de tipo 1 y 2 pueden pasar inadvertidas para cualquier espectador que no esté pendiente de las extremidades del toro, pues estas caídas leves no suponen una interrupción apreciable del normal discurrir del espectáculo. Las caídas 3, 4, 5 y 6 sí suponen un problema evidente para la lidia, causando interrupciones que deslucen la faena. En este sentido, el animal ha disminuido de forma considerable el padecimiento de caídas más graves en los dos últimos periodos estudiados (2010-2012 y 2014-2016) gracias a su mejor adaptación al espectáculo, hecho evidenciado por la no presentación de caídas 4, 5 y 6 en estos periodos. Sin embargo, vemos que los porcentajes de animales que presentan caídas siguen siendo altos: más del 60% de los animales sufren caídas tipo 1 y 2 en los últimos años.

El número de caídas tipo 1, 2 y 3 se ha uniformizado, ocupando porcentajes muy similares en los últimos 10 años. La reducción del número de caídas y la disminución de su gravedad vienen acompañadas de mejoras en el campo de la selección genética y la alimentación del toro en su fase de acabado, complementadas con la introducción de protocolos de entrenamiento físico, que contribuyen a preparar la fisiología del toro al esfuerzo físico que desarrolla durante la lidia, para el cual no está adaptado por su naturaleza sedentaria.

La tabla 2 muestra la evolución de los animales devueltos durante cada periodo estudiado, observando una disminución general en el porcentaje de individuos a lo largo de los años:

La mayoría de los ejemplares fueron devueltos después del tercio de varas, donde existe un mayor desgaste físico del toro que evidencia habitualmente la falta de fuerzas que imposibilita la continuación de la lidia. La evolución del 55 y el 43 % de animales devueltos durante los primeros periodos, al 4% actual, demuestra una mejor preparación física del animal gracias a la mejora en alimentación y los protocolos de entrenamiento físico implementados en la mayoría de las ganaderías en los últimos diez años.

Finalmente, podemos afirmar que existe una disminución en la tasa y gravedad de las caídas observadas en los últimos 25 años, lo que probablemente se debe a un cambio en las condiciones físicas del animal, fruto del trabajo de selección del ganadero y de la mejora en alimentación, sanidad y manejo, sumadas a la preparación física llevada a cabo durante los últimos años mediante protocolos de entrenamiento. Sin embargo, aún existe un gran porcentaje de animales que muestran signos de debilidad en la plaza, lo que hace que no se deba dejar de estudiar el tema, impulsando nuevas medidas que sirvan para mejorar el rendimiento productivo del toro de lidia.


Por Juan Manuel Lomillos
Doctor en Veterinaria
Profesor de Universidad

@jmlomillos
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