8 de julio de 2020, 10:22:26
Opinión


De la vitalidad de las asociaciones taurinas, generadoras de afición, y la soledad que hoy sufren

Acerca de la gran labor de las personas que hacen posible las peñas taurinas, y el desamparo y desventaja de los aficionados frente a entidades antitaurinas.

Por José Mª Moreno Bermejo


A finales del pasado siglo me cupo el honor de ser portavoz de una peña taurina cincuentenaria, “Peña Taurina El Puyazo”, al encomendarme su directiva la realización de un libro que recordara la vida de sus asociados durante esos 50 años de actividad taurina y social. “El Puyazo” era una peña activa, y lo sigue siendo. Dio siempre mucha vitalidad a la Fiesta de toros defendiendo la pureza de la Suerte de varas y participando en múltiples actividades culturales y festivas que sobrepasaban el ámbito taurino. Nació en el año 1949 de la mano de dos aficionados cuyos padres eran banderillero el de uno y picador el del otro. Estos dos aficionados querían hablar de toros y deseaban un lugar y un grupo de amigos a los que poder acudir para ello. Así surgió la idea, y el objetivo anhelado aún sigue pasados ya los 70 años de vida.A finales del pasado siglo me cupo el honor de ser portavoz de una peña taurina cincuentenaria, “Peña Taurina El Puyazo”, al encomendarme su directiva la realización de un libro que recordara la vida de sus asociados durante esos 50 años de actividad taurina y social. “El Puyazo” era una peña activa, y lo sigue siendo. Dio siempre mucha vitalidad a la Fiesta de toros defendiendo la pureza de la Suerte de varas y participando en múltiples actividades culturales y festivas que sobrepasaban el ámbito taurino. Nació en el año 1949 de la mano de dos aficionados cuyos padres eran banderillero el de uno y picador el del otro. Estos dos aficionados querían hablar de toros y deseaban un lugar y un grupo de amigos a los que poder acudir para ello. Así surgió la idea, y el objetivo anhelado aún sigue pasados ya los 70 años de vida.

En aquellos tiempos en los que ni el coche ni la televisión eran de uso común, en los que aún “Los Toros” era la diversión de mayor número de aficionados en España, alrededor de las peñas se organizaban grupos sociales con vida propia, en los que teniendo al toro como eje integrador se construía una forma de relacionarse que enriquecía el trato y la amistad, siempre ajenos a diferencias sociales o políticas. Era una búsqueda de afinidades lúdicas y humanas que se desarrollaban alrededor del mundo del toro, pero que no se reducían a él. En el libro “La peña El Puyazo. Madrid y los toros, 50 años”, revelábamos cómo los peñistas de aquellos años realizaban 10 o 12 excursiones anuales (en las que solían fletarse hasta 16 autobuses) para visitar ganaderías, asistir a corridas de importantes ferias, visitar ciudades, museos, asistir a conferencias, exposiciones etc., con el objetivo cálido de la amistad y el divertimento.

Durante esos 70 años de vida de la peña “El Puyazo”, que hemos tomado como ejemplo por conocerla profundamente pero que podíamos habernos identificado con otras muchas, esa labor enriquecedora de la que hemos hablado se realizó siempre con el sufragio de los socios y patrocinadores, ajenos a las instituciones del Estado. Una labor fecunda financiada por los peñistas que ayudaban a difundir la Fiesta, a glosar su cultura ancestral y a explicarla con renglones rectos; sólo por el amor y el respeto que su historia merecía. Y aún se sigue así, más allá de las pequeñas aportaciones que en algunas comunidades otorgan los ayuntamientos para ayudar a que los festejos culturales atraigan al mayor número de visitantes que rentabilicen el pequeño donativo. La realidad es que las peñas asumen sus gastos con la aportación de los entusiastas socios y con los réditos que reportan las loterías y algunos eventos en los que se pueda “rascar” algún beneficio. Y de los mecenas amantes de la Fiesta o de las distinciones que su generosidad les proporciona.

Y con esta realidad de arcas vacías para otros menesteres, los aficionados hemos de enfrentarnos cada día a otros grupúsculos que maman de ubres ubérrimas, cuyo fin primordial es disfrutar de financiación suficiente para erosionar la viabilidad de la Fiesta cuestionándola de cualquier modo, ensañándose contra ella, sin apenas conocerla; aún sin saber qué es lo que de ellos pretenden conseguir sus financiadores. Animalistas, veganos, progres y otras aprovechadas gentes bien financiadas, saben que a mayor “ruido” más densa “pasta”, y actúan y vociferan contra el toro y sus defensores, a los que fusilan con fuego ajeno. Mientras, el peñista ingenuo, el pequeño “David”, se enfrenta al “Goliat” descreído que vive para recibir dinero de subvenciones múltiples, magras y casi siempre incontroladas. A cualquiera de estos especímenes chillantes que se le pregunte sobre la historia de la Fiesta de toros, por su significado o por la cultura, tradición y valores que la adornan, contestarán desabridos insultando, carentes de la más mínima capacidad para el análisis, el fundamento y la lógica de las controversias.

La ladina financiación de grupúsculos varios, denominados vulgarmente como “ONG”, en su inmensa mayoría va destinada a la creación de puestos de ocupación, que no de trabajo, para los afines a las entidades regidoras. Decena de miles de entidades de este tipo pululan en el “Limbo· de las subvenciones. Los políticos populistas las crean para colocar a sus adeptos, y cuando llegan al poder los centristas no tienen la decencia de abolirlas; y algunos, además, se aprovechan también de ellas. Mientras, los aficionados al mundo del Toro, los peñistas que velan por su difusión y por su cultura, se dedican a rogar apoyos de los más pudientes para poder llevar a cabo sus objetivos, y la mayoría de ellos dedican su tiempo, y a veces su peculio, a sostener su asociación para que siga siendo dique de contención ante los embates de los “gregarios subvencionados”.

Nuestra tradición taurina, que lleva al menos mil años de vida, que ha cursado por vías no siempre expeditas, sino más bien llena de espinas, zarzas y aún simas; que persiste en su mensaje de valores culturales, y por ende sociales, con limitada capacidad económica, está altamente expuesta a ser vencida por los nuevos mesías paganos, que pretenden dictar los designios del hombre usando la fuerza del ruido, y del dinero, en lugar de la de la razón. Y en esta época en la que el dominio de los medios de comunicación, los clásicos y los modernos, se sustenta principalmente por la capacidad de financiación de los contendientes, está claro que los aficionados a los toros estamos en franca desventaja. Es cierto que la costumbre que hemos desarrollado a lo largo de los tiempos de luchar por nuestra afición, y que ejemplarizado en la ardua labor de la peña “El Puyazo”, nos da una cierta ventaja, por tenaz y por coherente, pero creo que debemos incrementar nuestra acción con métodos y actitudes adecuadas a la realidad actual. Ya se “oye” el resultado positivo de la “Fundación del Toro de Lidia” en esa actividad cotidiana que salvaguarda nuestra Fiesta merced a la denominación de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial de los españoles tras la Ley 18/2013. Pero debemos exigir que se oigan otras con la misma intensidad que la citada Fundación, porque nos lo hemos ganado tras la firma de más de 600.000 aficionados; y eso no lo puede olvidar la desangelada política actual, llena de vacíos guiños al populismo más ruin, ignaro y sectario.

Nuestra Fiesta Nacional fue, y es, abandonada por las administraciones cuando así les conviene. Un falaz político puede llamar, impunemente, casposo al aficionado y al día siguiente alojarse en un banco de callejón de la plaza en la que desea ser visto. Muchos de ellos se entregan a la masa vociferante de los “anti” y, a la vez, mendaces y deshonrados ellos, se hacen fotos junto al torero figura que le preste un titular. O acuden a los ágapes de los grandes premios taurinos en los que sabe que serán portadas de los informativos. Y mientras, el peñista sigue mendigando los 2,00 € del 10% del décimo de Navidad, ya que tiene que vender las 50 participaciones que le corresponden, porque hay que financiar las actividades de la Peña. Como contraste, el financiador de la guerra contra la Fiesta, prepara su estrategia para hacerle el mayor daño posible se vale de ganapanes sin escrúpulos que dirigen más de 15 “ONG” llenándose los bolsillos de subvenciones, de las que detraen apenas un 10% para la acción de esos convencidos luchadores que son capaces de venderte su pancarta del “Toreo es tortura, no cultura” cunado le enseñas un billete de 20,00 € (lo que viví yo en la calle Alcalá, junto al restaurante De Torres, hace unos años).

Siempre me ha parecido respetable que haya personas a las que no le gusten Los Toros, y he debatido con tranquilidad con muchas de ellas a lo largo de los últimos 20 años, en los que arreció una lucha más violenta contra la Fiesta, y a la vez más ignara. Sobre el 2002 apareció en Wikipedia una definición apócrifa de la UNESCO sobre la Fiesta. Entonces era más fácil dejar opiniones propias y atribuirlas a instituciones de prestigio; hoy el control es más depurado y la dificultad para la intoxicación más compleja, aunque hay en Internet, cada día con mayor frecuencia, censuras deprimentes controladas por inquisidores sin escrúpulos que buscan sólo su beneficio, ese que les llegará, a la larga, cuando la sociedad se radicalice (más). Los censores han llegado a no permitir un vídeo de la lidia de un toro en YouTube, sin meditar que la Tauromaquia es un patrimonio que debe ser protegido y difundido por Ley. Pues no, los que mandan, los subvencionados populistas, le dijeron a D. José Ramón García García que no volviera colgar vídeos de toros, aunque fuesen de José Tomás, como era el caso, porque impedirían su publicación.

Es preocupante que la censura de nuestra Fiesta provenga de tantos frentes y que estos estén tan bien dotados económicamente, mientras que en la defensa de ella sólo nos encontremos los aficionados sin fondos económicos mayores que los que nos permiten nuestros exangües bolsillos y nuestra labor peñista. El equilibrio, deseable en todos los argumentos de la vida, es claramente inexistente en nuestro caso. Nuestra lucha debería enfocarse hacia la supresión de las subvenciones que se conceden a cualquier entidad, “ONG” u otras, para luchar contra Los Toros, al menos en lo que respecta a instituciones gubernamentales, al fin de denunciar la prevaricación en la que incurren los que las conceden, porque están obligadas por Ley a proteger la Tauromaquia.

Por último, hay que arengar a los dirigentes de las más importantes asociaciones taurinas para que de una vez por todas se unan en la defensa de nuestra Fiesta. Ya denunciamos en su día los “egos” de los aficionados, amigos siempre de criticar a los demás como única manera de ensalzarse a sí mismos. Ya lo intentó en su día nuestro admirado José Mª Gutiérrez Ballesteros “Conde de Colombí”, quién presidió la Mesa de Constitución de la Federación de Entidades Taurinas, allá por 1958, para luego ser “derrocado” por D. Camilo Alonso Vega, ministro de la Gobernación, que prefirió darle la presidencia a un amigo, supongo que más dócil y maleable que el alcalaíno abogado, creador en 1954, y presidente, de la Unión de Bibliófilos Taurinos. Los aficionados, como todos, tenemos lo que nos merecemos, que es el navegar en soledad sin fiarnos de los demás, motivado por no permitir que alguien nos diga lo que tenemos que hacer, o porque nadie nos puede enseñar nada… Nadie cobra en una peña taurina; si acaso al líder se le permite el serlo si resuelve los problemas económicos necesarios para que funcione. Sin embargo, hay ruido de sables en muchas de ellas cuando se acercan las elecciones a las presidenciales. Luego, si el ganador carece del carisma y dedicación que el puesto exige, solemos ver cómo la entidad cae enferma, se muestra silente, ineficiente e inservible.

Ante nuestra débil presencia en los foros que rigen los destinos de nuestra Fiesta Nacional, los aficionados carecemos de derecho al pataleo; es nuestra culpa y nuestro estigma. Los otros, los del “taurineo”, inconscientes ellos, están felices por nuestra postura silente, sin atisbar que la debilidad de la acción del aficionado en la lucha contra los ultras antitaurinos posibilitará el triunfo de éstos y la languidez de nuestra querida Tauromaquia. Tiempos sombríos en los que necesitamos comunión de objetivos y entrega de todos los que amamos la Fiesta. Sólo la unión de la Afición puede lograr ganar esta batalla tan desigual y tan dura en la que muchos de los elementos del llamado “mundo del toro” no entienden otra cosa que no sea la de cómo llenar sus bolsillos ahora, sin mirar al futuro; sin conocer el presente ni el pasado.

Durante muchos años hemos sido optimistas respecto al pervivir de la Tauromaquia. Hoy, privados de aquella ingenuidad de nuestra muy lejana juventud, dudamos del futuro de nuestra afición más querida. ¡Qué le vamos a hacer!


Por José Mª Moreno Bermejo
Bibliófilo taurino
Autor de diversos libros y estudios sobre Tauromaquia
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