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La tauromaquia de izquierdas

- Socialistas, comunistas, anarquistas, independentistas y republicanos, vivieron, disfrutaron y amaron la Fiesta Brava.
- Hoy, partidos políticos muy vinculados históricamente con la tauromaquia como el PSOE o el PCE, la reniegan.

jueves 26 de febrero de 2015, 16:41h

  • Lluís Companys, líder de Esquerra Republicana de Catalunya, presidiendo una corrida


  • Picasso


  • Che Guevara


  • Guernica


  • James Dean


  • José Tomás y Joaquín Sabina


  • Felipe González



¡Qué se me escapa la vida por entre los alamares!, gritó desconsolado Alberti cuando 'Bailaor' segó la vida de Joselito. ¡Hasta la Macarena vistió de luto esos días! Eran otros tiempos. De poesía en los cafés. Picasso ya había empezado a jugar con el cubismo. En los gramófonos sonaba 'El Relicario', que contaba la historia de amor y el trágico final del torero Roque Miranda, y que se convertiría después en una de las mejores coplas del cancionero español. Hemingway, prendado de Pamplona y de sus Sanfermines, acababa de publicar 'The Sun Also Rises'. La depresión económica había llevado al colapso a la Segunda República, Buñuel rodaba 'Las Hurdes, tierra sin pan'. La 'Generación del 27' llevó a la literatura española a su 'Edad de Plata', y el país, dividido entre una amalgama de ideologías políticas.

Y la Fiesta de los Toros, mal llamada con el Franquismo 'Fiesta Nacional', siempre presente por encima de las circunstancias políticas. Sólo un mes más tarde de declararse el Estado de Guerra, el 16 de agosto, Lluís Companys, histórico líder de Esquerra Republicana de Cataluña, presidió un festival en la Monumental de Barcelona a beneficio de las Milicias Antifascistas, y los Hospitales de Sangre. Apareció en el palco con los acordes de 'Els Segadors', y tras el arrastre del cuarto de la tarde, miembros de las tropas populares hicieron incursión el ruedo. Ante esa coyuntura, Companys aprovechó para soflamar al público; '¡Viva la guerra contra el fascismo! ¡Luchad por la libertad!'.

Fueron años muy intensos, en los que la política era una vocación y no un oficio. Después vendría el hambre, y el ruedo de Las Ventas se transformó en besanas de tomates y lechugas. El coso de la calle de Alcalá sirvió de bastión de provisiones, y la función taurina quedó repentinamente suspendida. Sin embargo, en la capital catalana el pulso de la tauromaquia aún latía.

Esa misma noche, en Granada, la Guardia Civil detuvo a Lorca. Le acusaban de ser 'espía de los rusos', secretario de un socialista, y homosexual. Amigo íntimo de algunas de las figuras taurinas de su generación, es célebre su frase, 'Los toros son la Fiesta más culta que hay en el mundo', y el llanto por Sánchez Mejías, está considerada por muchos como la mejor elegía escrita en lengua castellana; 'Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena...'. Lo fusilaron de madrugada dos días más tarde, junto a un maestro de escuela y dos banderilleros anarquistas.

La España más sombría corría como la pólvora, y la élite cultural y artística buscaba en la metáfora taurina su medio de expresión. Así, desde su estudio en el exilio parisino, Picasso pintó el 'Guernica' como repulsa a los bombardeos de la Legión Cóndor, con un toro rampante símbolo de la brutalidad y la oscuridad. Otros, decidieron quedarse y luchar contra el fascismo cara a cara. Como Miguel Hernández, que se alistó en las filas del Bando Republicano, y combatió en los frentes de la batalla de Teruel. Era hijo de un pastor de cabras, miembro del Partido Comunista, y amigo íntimo de José María de Cossío, con quién colaboró en su gran obra enciclopédica. Encarcelado y oprimido por el régimen franquista, la figura y el simbolismo del toro fueron una constante en la obra poética del genio de Orihuela. Con el toro expresaría no solo la tragedia y la gloria de la existencia humana, sino también el espíritu telúrico e inmortal de España. Un toro que como él, había llegado del campo galopando con furia, dispuesto a embestir con bravura y nobleza.

Acabada la guerra, los años venideros se presentaban con cartillas de racionamiento, y una política basada en la autarquía. Y en América, un joven orondo había sembrado el pánico en toda la nación con su 'Guerra de los mundos' una noche de Halloween. Debió saberle a poco, y dos años más tarde rodaría 'Ciudadano Kane', considerada por algunos críticos como la mejor película de todos los tiempos. Pero la verdadera fascinación Orson Welles estaba al otro lado del charco. Una portada de la revista Life tuvo la culpa. En ella, aparecía la hija de un bailaor andaluz llamada Margarita Cansino, que poco más tarde sería mundialmente conocida como Rita Hayworth.

Pero Orson veía con cierto recelo su visita a España. Había apoyado a la República, y temía la represalia franquista. Por suerte, el tratado con los Estados Unidos estaba en marcha como maniobra política contra el ostracismo. Y así, Welles llegó a España en el 53. Lo haría para no volver jamás. Se impregnó del ambiente de las ferias de Sevilla y Jerez, el flamenco, y los toros, que serían el embrujo que le atrapase de por vida, hasta el punto de confesarle al maestro Antonio Ordoñez, que le gustaría enterrar sus cenizas en el pozo de su cortijo; 'Un hombre no pertenece al lugar donde nace, sino a donde escoge morir'. Y así fue. ¡Que tendrá la tauromaquia que atrapa con tanta fuerza!

Pero no solo intelectuales y artistas mostraron su fascinación por la tauromaquia. Desde Charles Chaplin a James Dean, pasando por Ava Gardner y hasta el Che. Es muy conocida la foto del guerrillero cubano en la barrera de la plaza de toros de Vistalegre, a la que acudió con los hermanos Dominguín. Tan conocida como la anécdota entre Franco y Luis Miguel Dominguín, cuando el dictador se acercó al maestro y le preguntó; 'Me he enterado que entre tus hermanos tenéis un comunista, ¿quién de los tres es? A lo que el irrepetible y peculiar torero contestó con naturalidad; 'Los tres excelencia, los tres'.

Socialistas, comunistas, anarquistas, independentistas y republicanos, vivieron, disfrutaron, sufrieron y amaron la Fiesta Brava. Hoy, partidos políticos muy vinculados históricamente con la tauromaquia como el PSOE o el PCE, se han olvidado totalmente de ella, o peor aún, la reniegan. Se olvidan de su pasado, de la 'Memoria Histórica' a la que aluden, de aquellos toreros, novilleros, y subalternos 'rojos' que lucharon, defendieron y hasta sufragaron en la clandestinidad franquista. Se olvidan de nombres propios como el de José Luis Parada, el 'torero oficial del Partido Comunista' que tantas tardes hizo el paseíllo con el puño en alto, o los de 'Litri II', 'Fortuna Chico', y 'Parrita', que formaron en las filas de la llamada 'Brigada de los toreros', en la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular. ¡Qué triste ver cómo te maltratan!

Pero no es menos triste ver el oportunismo del PP, que ahora asume el 'rol' de salvadores y defensores de la tauromaquia, cuando ellos aprobaron junto al PSOE la ley que prohibía televisar corridas de toros por Televisión Española. Y ahora, encima, los de 'Podemos'.

Que los toros no son de izquierdas ni de derechas, es un tópico que todos sabemos. Pero de ser partidista, cargaría a la zurda. A la mano de los millones. Se puede intentar ocultar, pero es prácticamente imposible borrar la unión entre la tauromaquia y la izquierda en la historia de España. Porque es una fiesta intrínsecamente popular, del pueblo y para el pueblo. La manifestación artística, cultural, agnóstica, apolítica y popular más grande de la historia. Y su poso, está arraigado en el subconsciente colectivo de forma indisoluble.

Que uno de los fundadores ideológicos del partido independentista catalán fuera un insigne aficionado a los toros es un hecho. Como también lo fue Francesc Macià. Y no es menos cierto que este hecho se ha querido tapar siempre. No debe estar bien visto en la sociedad catalana de hoy. O no les interesa participar de un arte intrínsecamente 'nacional'. Y, justificando un discurso que corre en sentido contrario, un mal día decidieron tomar la tauromaquia como arma política, prohibiéndola en contra de la libertad por la que luchó y murió Companys. Los tiempos cambian, a veces para mal, y la cosmopolita Barcelona de hoy, es más cerrada y retrógrada que la de ayer.

Y mención especial merece el actual abanderado de la Fiesta, José Tomás. El maestro dejó entrever su ideología cuando en su vuelta a Madrid, no brindó ningún toro de su lote al Rey, algo que sí hizo el resto de la terna. Nunca se ha pronunciado públicamente, pero a su manera, siempre ha mostrado guiños hacia la izquierda. También dicen que es ateo, que solo cree en sí mismo.

Desde el inicio de los tiempos, el toro, animal totémico, y el hombre, han comulgado de la mano en unión metafísica, casi mística, entre lo ritual y lo pagano, entre lo indómito y lo racional, entre la verdad y el engaño, entre la vida y la muerte... Fuente inagotable de inspiración artística, Fiesta universal del pueblo.

La historia de España se escribe con la sangre derramada en los ruedos, porque desde Lascaux a Altamira, nuestra cultura ha crecido entrelazada con los mimbres de la tauromaquia, que son, y serán siempre, nuestras raíces más propias.


Si ya lo firmó Lorca...

En el café de Chinitas
dijo a Paquiro su hermano:
'Soy más valiente que tú
más torero y más gitano.'
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