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Castellón

¡Qué he hecho yo para no merecer eso!

¡Qué he hecho yo para no merecer eso!

Nuñez del Cuvillo envió a Castellón una corrida de provincias, sin exageraciones, con alguna edad muy justa, pero con buena romana y pareja; el problema es que también sin fuelle, muy blanda. El único toreo lo puso Morante.

sábado 14 de marzo de 2015, 00:54h
Se dirigía “Morante de la Puebla” hacia el patio de cuadrillas, algo cabizbajo, como apesadumbrado pero entre aplausos, y posiblemente en su cabeza se iba repitiendo: «¡Qué he hecho yo para no merecer eso!». Y es que tras él, Padilla y Manzanares se preparaban para salir a hombros, a pesar de que el de La Puebla del Río había hecho, sin duda, lo mejor de la tarde. Fue con los lances, cómo no, que administró a su primero. Bien es cierto que luego, de modo similar a la pasada Magdalena, los bicornes no le permitieron subir el tono sobre la muleta, pero el toreo, el único toreo de peso de la tarde, ya estaba hecho. Poco más había que rascar.

Nuñez del Cuvillo envió a Castellón una corrida de provincias, sin exageraciones, con alguna edad muy justa, pero con buena romana y pareja; el problema es que también sin fuelle, muy blanda y, en algún caso con inválidos para el arrastre, como fue el tercero. Por cierto, con el presidente Manuel Bienvenido mirando para otro lado. Si estos aún deben ser considerados los toros referencia, malos apuntes llevamos. Un solo puyazo a ley, la mayoría muy justitos, y otros ni eso. Corrida para el alboroto reivindicativo del toro, la casta, la suerte de varas y la emoción conjurada; pero Castellón ya no está para esto, se amaneró hace bastante tiempo. Tampoco hay criterio; criterio de aficionado. En la Plana también hace lustros que dejó de ser significativo el tomar nota de reacciones, aplausos de justicia o pitos con sentido. Basta con anotar que ayer, oyéndose algunas palmas de tango tras la simulación de suerte de varas al tercero, y posterior claudicación del mismo sobre el albero, un cuarto de plaza arrancó imitativamente el palmeo, pero de aprobación hacia el picador conforme abandonaba el ruedo.

Es por todo esto que “Morante” seguirá repitiéndose ahora: «¡Qué he hecho yo para no merecer eso!». El dato cuenta que, hasta la llegada del sexto, Padilla era el único triunfador numérico. Los parches, las banderas piratas y el jolgorio, presagiaban los parabienes al jerezano, pero no es menos cierto que, arrancando oreja a oreja, supo abrir con astucia la puerta grande. Simple en el percal, bullicioso en banderillas y tremendista en la muleta –sobre todo con el quinto-, le bastaron. Juan José sabe cómo conectar con Castellón, y lo eleva a la máxima potencia.

Un enlutado Manzanares –recibido con una gran ovación tras romperse el paseíllo- fue el otro benefactor del predispuesto respetable. Sin opciones en su inválido primero, tiró de repertorio propio en el que cerró plaza. Chicuelinas en el quite –segundo en toda la tarde tras uno similar de Padilla al primero- y muletazos tan limpios y larguillos, como despegados y sin sometimiento, solventaron una faena que por la delicadeza del toro impuso brevedad y olvidarse de la mano baja.

Qué hizo Morante para no merecer similar premio es una cosa, pero qué hemos hecho nosotros en Castellón para merecer esto, es otra.


Plaza de toros de Castellón. Cuarto festejo de La Magdalena. Lleno. Toros de Núñez del Cuvillo para Juan José Padilla: oreja y oreja. Morante de la Puebla: ovación en ambos. José María Manzanares: silencio y dos orejas.

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