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Valencia. Segunda de Fallas

¡Que vienen las figuras!

La corrida Victoriano del Río hoy en Valencia, plaza de primera y después de la corrida que nos brindó hace un año, merece el calificativo de deplorable. Morante, que no pudo con el primero. En el segundo sí desarrolló su catálogo taurómaco...

domingo 15 de marzo de 2015, 01:27h

Andaba el asunto revuelto por los corrales de Valencia esta mañana fallera. Camiones van y camiones vienen; el apoderado de fulano presionando a la autoridad; zutano metiendo baza; y todos queriéndose llevar su parte del pastel. ¡Que vienen las figuras! Debía ser el grito de guerra de los corraleros valencianos, que son unos señores que deben tener más paciencia que Job. Y sólo a pocos minutos de las doce del mediodía se ha logrado reunir seis animalejos que pasaban los filtros de todos los interesados en el asunto. Pese a todo, lo que ha presentado Victoriano del Río hoy en Valencia, plaza de primera y con su finca plagada de toros de todas las formas y colores, solamente merece el calificativo de deplorable, máxime después de la corrida que nos brindó hace un año y sabiendo que se le esperaba con ganas en esta feria. Sólo dos toros de los iniciales han sido finalmente lidiados y el resto de la corrida se ha completado con lo que se ha encontrado. El conjunto ha resultado de bajísima presentación, muy dispar de tipo, mansa en su mayoría, débiles y nobles en exceso. Calabazas para Victoriano del Río, aunque ya se sospecha que no será óbice para verlo de nuevo en 2016 por estos lares. En Valencia “semos asín”.

Yo intuyo que Morante, en el fondo de su alma, debe tener la necesidad espiritual de formarle algún día un lío a un toro de entidad, con un mínimo de fortaleza, con problemas que resolver, que imponga respeto y desprenda sensación de peligro. No me creo que no lo sienta, al menos, de vez en cuando. Dirán ustedes que eso es muy difícil que se lleve a la práctica y, de hecho, lo es. Porque en la esmeradísima selección que hacen sus hombres de confianza del ganado conlleva que sea tremendamente improbable que al de La Puebla le salga un garlopo que se salga del guión establecido y le ponga en un serio aprieto. Y hoy lo tuvo en su mano, porque el que se corrió en primer lugar tuvo tralla para ir tirando. Y quedó en evidencia cuando ese portento capotero que es el manchego Carretero le puso las palmas de las manos por delante, le echó al mismo morro ese capote que más bien era un pañuelo de seda, y lo sacó desde la boca del burladero, donde andaba echándose arena en el lomo con la cara entre las manos, hasta más allá de la segunda raya en cinco capotazos de antología, ganándole la acción en cada embroque, sin dejarle pensar un momento y rebajando su aspereza con temple líquido. Y el bicho, que hasta ese momento nos creíamos que encerraba todas las furias del infierno bajo su pellejo, respondió con entrega y humillación. Pero Morante no estaba por la idea de tener que tragarle al morito sus caprichos de torito desobediente porque él es muy artista y eso de tener que exponer la femoral es cosa de toreros plebeyos que no están tocados por la varita mágica. Le metía zapatillazo poniéndole el pico en el ojo contrario, lo vaciaba hacia Tarragona (¡los toros han vuelto a Cataluña!) y salía corriendo como alma que lleva el diablo. Torcía el morro Josantonio como queriéndole decir al respetable “¡zi e que e mú ezaborío joé!" Volvía a ponerse, ahora un poquito más aliviado todavía, provocaba la arrancada y le metía un banderazo. Y volvía a irse. Y en ese ir y venir del indeciso Morante el que se hizo fuerte fue “Bravucón”, cada vez con más sentido y más pleno de fuerza. Y Josantonio dijo que “pá tú tía”, que solo faltaba que un artista como él tuviera que echar la moneda al aire con un toro incierto en una plaza de primera a principios de temporada, cuando el ya tiene apalabrado hasta Zaragoza. Le atizó un puñetazo en una parte indeterminada de su anatomía, el animal se trago con entera la muerte pegando arreones a discreción con la boca cerrada y el artista de La Puebla lo descabelló a la última. Nos había querido tomar por idiotas pero José Antonio Carretero nos enseñó la verdad que escondía este “Bravucón”. Y la única verdad era que no bastaba con un torerito de florituras, sino que hacía falta un Torero en el pleno sentido de la palabra. En cuarto lugar saltó un tostado listón que atendía por “Cóndor”, más bueno que el pan y maleable como un cacho de plastilina. Y claro, con este material sí que pudo desarrollar todo su catálogo taurómaco, empezando por un quite de cuatro verónicas desde aquí hasta allá, lentísimas y mecidas, que fueron pura orfebrería en tiempo de industrialización. Y a continuación, unos ayudados por alto marca de la casa, derechazos algo perfileros y de corta trayectoria pero agradables a la vista para superarse en naturales despaciosos sacados con sacacorchos, de uno en uno, tirando de la embestida casi mortecina de “Condor”. Todo el surtido de bisutería variada del de La Puebla: el molinete abelmontado, el desdén, la trinchera y los desplantes. Que sí oiga, que todo muy bonito y tal, pero el Toro no estaba. Porque cuando se alcanza a torear con tanta naturalidad, donosura y facilidad hay algo que canta. Y lo que canta es precisamente el Toro. Concretamente, la ausencia del Toro. Lo mató de pinchazo y una estocada entera en el sitio y sus enfervorizados partidarios le correspondieron con una “pelúa”. Y todos tan felices.

Julián López, “El Juli”, se las vio en segundo lugar con un novillejo de escasa fuerza que se movió con informalidad y se acobardó pronto, momento en El Juli se pegó un arrimón considerable, dejándose acariciar la taleguilla, para calentar a los tendidos. Un pinchazo hondo previo a una estocada de su grotesco estilo le dejó sin un premio que los festivos aficionados estaban dispuestos a concederle sin reparos. Con el quinto, el de más cuajo del encierro y uno de los dos supervivientes a la criba hecha en corrales, sacó un puntito de genio al que se impuso con sobrada técnica y cuestionable concepto ante el calor de los tendidos. Unas manoletinas ceñidísimas e impertérritas cuando el toro se aplomó seguido de una media lagartijera en la yema, fue la mecha necesaria para otorgarle una facilona oreja. ¡Será por orejas en Valencia!

Lo más reseñable de la actuación de Daniel Luque hay que apuntárselo a su buen manejo del capote durante toda la tarde, en los lances de recibo a la mona que hizo tercera de la tarde, galleos varios y entrando en quites en sus toros y en los de sus compañeros: chicuelinas, a la verónica y por tijerillas. Con el capote suelto y la cadencia que solo el toro borreguil permite. Porque por momentos parecía que Luque estaba tentando una erala y a partir de ahí se derrumban todos los esquemas de la emoción que provoca el Toro de verdad en el ruedo. Su transcurrir con la muleta fue la historia de un quiero y no puedo por el exceso de azúcar en las acometidas de sus dos “victorianos” y la superficialidad de sus muletazos, absolutamente vacios de cualquier resquicio de sentimiento y sometimiento en la embestida. Una antología del pegapasismo más insufrible que se pueda encontrar por esas plazas de Dios. Cortó una oreja del tercero al que despachó de un puñetazo trasero y atravesado. Y le hubiera cortado otra al cierraplaza de no ser por propinarle un metisaca a la altura de las vísceras que le revolvía el estomago al más pintado. Y casi hay que agradecérselo porque de no ser así hubiéramos tenido que cargar con la imagen de verlo cruzar la puerta grande por dos lidias sin apenas transcendencia.

Y aquí paz y allá gloria. Que continúen las Fallas…


El toro a toro
1.- “Bravucón”-54, negro mulato de 501 kilos. Cuatreño con cuatro meses, buena fachada muy en el tipo Atanasio (¿batiburrillo con Toros de Cortés?), paletón, badanudo, acarnerado y hondo de caja. Arrea fuerte de salida, con temperamento y cobra tres duros puyazos “en lo negro” de Aurelio Cruz, derribando en el segundo y declarándose manso en el tercero. Reservón, poderoso y complicado en la muleta, acabo orientado con mal estilo. Muere con la boca cerrada y lanzado arreones al peonaje.

2.- “Celoso”-15, castaño chorreado, de 542 kilos. Cuatro años y ocho meses. El más viejo del encierro y, sin embargo, con carita de pueril adolescente y anovillado de cuerpo. También saca fuerza en el capote y se comporta de mansurrón en dos puyazos comedidos de Diego Ortiz, al que le hace sonar el estribo. Se duele en banderillas y ofrece movilidad descompuesta y carencia de entrega en la muleta. Se acobarda en la tercera tanda y echa la persiana.

3.- “Caralinda”-16, negro mulato de 514 kilos. Cuatro años y siete meses. Indigno de morfología por chico, comodísimo de cara y sin remate alguno. Deja entrever muchísima clase y temple desde su salida y apenas recibe dos vacunas de Francisco Peña. Dulcísima embestida, tontorrón y muy al límite de motor. Apenas dura dos tandas antes de acabar soseando y buscando rajarse.

4.- “Condor”-59, tostado listón, de 491 kilos. Cuatro años y cuatro meses, en el tipo de “Cantapájaros”, armónico de hechuras pero de insuficiente entidad para una plaza de primera. Aprieta en el capote, embistiendo por dentro y con la cara alta. Apenas se rompe en dos picotazos apenas señalados a cuenta de Cristóbal Cruz de los que sale blandeando ostensiblemente. Rompe boyante en la muleta, nobletón y escaso de fuerzas.

5.- “Desgarbado”, número 42, negro mulato de 510 kilos. Cuatro años con siete meses. Infame de lámina. Feote, grandullón y acorne. Como su hermano anterior embiste seco y con la cara alta en las telas. Salvador Núñez lo cuida hasta lo indecible en dos encuentros donde el bicho se muestra protestón y mansito. Se crece algo en banderillas y llega con movilidad a la muleta, siempre con la cara a media altura y acortando progresivamente el viaje. Acaba acusando la falta de fondo.

6.- “Aldeano”-148, negro mulato de 520 kilos. Recién soplada la tarta de su cuarto aniversario, un “boquerón” vergonzoso, escurrido de carnes e infame de cara. Embiste con buena clase de salida, pasa el trámite de varas a cargo de “Carioca”, que es derribado en el segundo encuentro más por inutilidad del jaco que poder de la sardina. Se duele en banderillas. En el aire de sus hermanos en la muleta, muy noble, boyante y dulce para el torero para apagarse rápidamente.


Los puntos sobre las íes
-Morante dio orden de atizarle un tercer puyazo al primero cuando ya se había cambiado el tercio. ¿Nada piensa hacer nada? Como ya apuntaba ayer, el reglamento está para lo que nos conviene.

-A destacar las bregas de José Antonio Carretero en el primero y la de Antonio Chacón con el tercero.

-Lo de Morante pegando patadas al hocico para provocar la arrancada del tullido cuarto fue una demencialidad que no se debe consentir bajo ningún concepto. Pena que los valencianos seamos tan de reírle las gracias.

-Luque tiene que hacerse mirar lo de rematar las dos faenas con sus estrambóticas “luquesinas”. Y si además antes de esto no ha sido capaz de pegarle quince naturales como está mandado ya cabría estudiar sanción económica. ¡Qué alarde de originalidad, oiga!

- Lo de la música en Valencia ya no tiene gracia. Algún día se contará la historia de los señores que desde el callejón, móvil en mano, mueven los hilos del director de la banda.

-Si el Toro auténtico no ha aparecido en estas dos tardes, los únicos clavos ardiendo a los que nos agarrábamos, ya sería un milagro que lo viésemos en el resto de tardes. A partir de mañana empieza la barra libre. Y acojona pensar lo que vamos a tener que ver estos días.

-La de Núñez de Cuvillo ha quedado aprobada al completo esta mañana. Cuatro negritos, un burraco, tres colorados… Y cómodos, cómodos, cómodos.


Valencia. Segunda de la Feria de Fallas. Toros de Victoriano del Río para Morante de la Puebla: bronca y oreja tras aviso. El Juli: saludos tras aviso y oreja. Daniel Luque: Oreja y con saludos tras aviso.
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