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Foto: José Porcar
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Foto: José Porcar

Guillermo Acosta: el sueño vazqueño de Marcelino

Representa la 5ª generación ganadera de su familia, y Marcelino no será quien tire la toalla. "¿Te gustaría volver a lidiar novilladas picadas y corridas de toros en un futuro no muy lejano?". Su cara fue muy expresiva. Confesó algo.

martes 07 de abril de 2015, 20:38h

La ganadería que les voy a presentar en este reportaje pasta en tierras onubenses de San Juan del Puerto, en concreto en la finca "La Torre". Este reportaje está dedicado a la memoria de don Guillermo Acosta, quien fue el patriarca de la ganadería. Guillermo nos dejó tras una larga enfermedad el pasado 5 de marzo. Vaya desde aquí nuestro homenaje a tan genial ganadero y nuestro más sentido pésame a todo la familia y, en especial, a su hijo Marcelino, el menor de los seis hermanos que es quien dirige en la actualidad, y esperemos que por muchos años, los devenires de la ganadería.

Fue fundada en 1.996 al amparo del articulo 5 bis 6) de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, al dividirse la ganadería familiar de Diego Garrido, abuelo de Marcelino. La procedencia es Benítez Cubero, por tanto, Vazqueño. En la actualidad la ganadería está compuesta por unas 60 vacas y 3 sementales que han sido elegidos de diferentes maneras: uno por tienta, otro por reata y otro que lleva el hierro de Lora Sangrán. Éste útimo es de la misma procedencia vazqueña y se eligió para refrescar y huir de los problemas de consanguinidad. Marcelino se ha visto obligado a reducir drásticamente la ganadería por diferentes motivos, pero principalmente por los problemas derivados de la crisis. Él representa a la 5ª generación ganadera de su familia, ya que sus antepasados empezaron la ganadería en 1890, teniendo una deuda personal con la historia y la Tauromaquia. Es por lo que tiene tan claro que aguantará y se reinventará, prefiriendo enviarla al matadero antes que venderla o cambiar de encaste. Marcelino no será quien tire la toalla, por eso en la finca hay un apartado que está dedicado a las visitas y a las convenciones para de alguna manera estar económicamente a salvo. También se ha visto obligado a no tener cuatreños, comercializando los machos a temprana edad, pudiendo de esta forma alimentar a los animales con los productos que da la propia finca. ¡Así no le hace falta hacer ninguna aportación económica para piensos!

Hoy en día el ganadero está construyendo con sus propias manos una placita de tientas porque en la que antes realizaban los tentaderos, quedó fuera de su parte tras la división familiar.

Finalizando la visita no quise dejar pasar la oportunidad de preguntarle si le gustaría volver a lidiar novilladas picadas y corridas de toros en un futuro no muy lejano. La cara de Marcelino fue muy expresiva: resoplando un "sí" y confesando que tiene un grupo de erales que seguramente podrá lidiar de utreros.

Hasta aquí, lo que fue la visita a una ganadería con un encaste de los denominados en peligro de extinción, que a buen seguro se perpetuará en el tiempo por el buen hacer de un ganadero enamorado de una profesion que muchas veces es injusta con el esfuerzo realizado.

Ver galería de imágenes de la ganadería

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