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Antitaurinos, a un niño no se le insulta

lunes 03 de noviembre de 2014, 16:11h
Estos inquisidores iletrados de principios del siglo XXI, que basan su defensa en el insulto


Se está llegando a un punto del todo intolerable donde los ataques antitaurinos no reconocen sexo, edad, condición social, etc. El salvajismo verbal (de momento, porque viendo como se expresan, creo que el físico está entre sus preferencias) hace que a un niño de seis años, por el simple hecho de estar mirando una corrida de toros por TV, lo tachen de "idiota y fanático". ¿Qué fanatismo puede tener un niño? Esta es la pregunta que me indigna.

Estos inquisidores iletrados de principios del siglo XXI, pretenden prohibir un arte como la Tauromaquia y para ellos uno de los argumentos a esgrimir es de que hieren la sensibilidad de los niños, los valores, la moral y la decencia... Pero no entienden, porque no se han interesado nunca en conocer la Tauromaquia, que el hecho de que todo esto lo pongan en cuestión es porque estos valores, existen en el arte de torear.

Basan su defensa en el insulto, en decir que vamos ávidos de sangre a las plazas, en calificar de asesino a un torero... Un rasgo de estupidez y cinismo superlativos. Una de las razones que hacen inverosímiles sus ataques es que ni se crean monstruos, ni idiotas, ni fanáticos por el mero hecho de que un niño acuda a una plaza de toros. ¿La moral? Es de risa. Basta con estar diez minutos ante la televisión en un canal de dibujos animados para darse cuenta de que se basan en explosiones, descuartizamientos, monstruos desalmados etc. Los vídeojuegos, donde la violencia es tal que muchos niños (ahí si), se han convertido en fanáticos y lo que es peor, en asesinos reales. Niños con un móvil, con perfil en redes sociales, con acceso a contenidos que ni un adulto con la cabeza bien amueblada, se atrevería a mirar. Pero esto, señores antitaurinos, no es susceptible de abolición, palabra muy usada por ustedes y por los censores, inquisidores y totalitarios de todas las épocas.

Con este panorama de fondo, el lobby antitaurino argumenta cosas como que con dinero público no se fomente la Tauromaquia, o que un niño en una plaza de toros o frente al televisor contemplando una corrida de toros, supone una psicopatología en su crecimiento. Pues señores, lástima que todos los que hemos sido niños, anónimos y mentes tan brillantes como Lorca o Alberti, Picasso y Botero, Max Aub o Francis Wolf, nos hayamos "equivocado" y crecido normales, con la capacidad de saber emocionarnos ante un arte como la Tauromaquia donde, y no hay que negarlo, existe la sangre, pero tenemos una sensibilidad superior para superar su rechazo ante la obra que crea el torero frente al toro, al que le tenemos el mayor respeto y al que rendimos las mayores pleitesías.

En fin, la locura de los ataques antitaurinos me han llevado a creer firmemente que lo que verdaderamente hiere la sensibilidad, son sus mentes corrompidas, violentas y fanáticas que ninguno de nosotros demuestra cada día, ¿y si el ir a los toros de niños nos hizo personas normales? Como estoy convencido de que sí, seguiré llevando a mis pequeños allegados a las plazas de toros y, créanme señores "inquisidores antitaurinos", lo haré por su bien.
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