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Provocación antitaurina
Provocación antitaurina

Antis, no nos comprendan, sólo respétennos

Les pido, no, perdón, les exijo respeto. Les exijo que me dejen ejercer mis derechos, que pueda obrar con libertad y realizar aquellos actos que la ley me permite. Así de fácil y, según parece, así de complicado.

lunes 13 de abril de 2015, 19:28h
Aficionada herida por antitaurinos en la pasada Feria de Fallas
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Aficionada herida por antitaurinos en la pasada Feria de Fallas
Señores antitaurinos, convencidos animalistas, extremistas del bienestar animal e indiferentes militantes del de las personas, a quienes a veces parece que consideran los culpables de todos los males y no los responsables de ningún bien. Un mundo hecho por el hombre, del que ustedes reniegan, de sus valores, usos, historia y hasta parece que pretenden poner boca abajo esa pirámide en la que el ser humano ocupaba la cúspide. Estaremos equivocados, pero las apariencias nos dicen que ustedes querrían ver como los animales ocupan ese lugar, colocando a sus semejantes por debajo de ellos. Eso sí, paradógicamente también parece que pretenden otorgar a nuestros compañeros de creación los valores, atributos, sentimientos y aspiraciones que a lo largo de la historia ha ido conquistando el hombre.

Me asombra ver como padecen con el sufrimiento de los animales, sufrimiento que no puede compararse con el de un ser humano, entre otros motivos porque unos carecen de raciocinio y otros no, aunque tengo que reconocerles que a veces esto último es casi imposible el creerlo, pero a pesar de todo, así es. Pero esto tampoco es motivo para tratar a las personas como si no sufrieran, no padecieran y como si fueran rocas de pedernal sin el más mínimo asomo de humanidad. ¡Qué curioso! Será por deformación humana, que uno piensa en que los hombres tienen virtudes como la sensibilidad, la solidaridad, la empatía, el amor y yo qué sé cuántas cosas más, que según entendemos algunos, puede que erróneamente, son cosas de personas, o como decía aquel, de “personas humanas”.

De lo que no me cabe duda es de en su escala de “personas humanas” los aficionados a los toros nos encontramos en el sótano de la virtud y la sensibilidad. Tampoco seré yo quien les vaya a intentar convencer de otra cosa, ni les rogaré para que nos asciendan en el escalafón de seres inmundos. No pido que me tengan ninguna consideración, es más, hasta les permito que me desprecien, están en su derecho y respeto tanto la libertad de opinión y el derecho a poder pensar lo que se quiera, que hasta me enfrentaría a quien les negara esta facultad. Yo no soy nadie para impedir que cada uno se quiera devorar el alma con sus propias bilis. Eso sí, servidor también puede pedir y en este caso, en el de ser aficionado a los toros, también pido, ¡faltaría más! Y es por esto que les pido, no, perdón, les exijo respeto, les exijo que me dejen ejercer mis derechos, que pueda obrar con libertad y realizar aquellos actos que la ley me permite. Otra cosa sería si se prohibieran en España las corridas de toros. Entonces no podría ejercer esta libertad, pero sí que podría clamar por mi derecho a que se volvieran a permitir los festejos taurinos. Sería un intercambio de roles. Ahora yo digo que no y tú que sí y mañana yo diré que sí y tú que no, tan sencillo y hasta democrático.

Otra cosa es eso de las mayorías imponiendo gustos, opiniones o creencias a los demás. ¡No hombre, no! La libertad y la democracia no supone el rodillo de las mayorías, es obedecer y acatar lo de la mayoría, pero sin aplastar a los menos. Pero no se hagan mala sangre, que esto es algo común tanto en ustedes como en muchos taurinos militantes, que se piensan que a todo el mundo le tiene que agradar lo que le guste a la mayoría. Que si los toros le gustaran al 90% de los ciudadanos de este país, tampoco pediría que les borraran a ustedes del mapa, ¡no, por Dios! Que mentecatez más colosal. Perderíamos un campo de debate interesantísimo, nos perderíamos ese apasionamiento tan hispano y a la vez tan taurino, quizá por ese mismo rasgo hispánico, que tanta animación da a los debates. Y es que aquí nos apasionamos a la segunda de cambio, ya sea hablando de fútbol, política, religión, del último ensayo sociológico de Belén Esteban o Kiko Rivera. Lo mismo que pasa en los toros, que nos acaloramos cuando el torero pega un mitin monumental y nos volvemos locos con un simple natural. A ver si no somos tan diferentes. Tendrían que entrar un día de corrida en la plaza, no vaya a ser que se estén perdiendo algo que les iba a hacer ver la realidad de otra forma. Casi mejor que eso de mandar a una señorita comando a encadenarse a la puerta de Las Ventas; con la tarde que hacía en Madrid y lo malos que son estos fríos repentinos y traicioneros. Me gustaría saber como pasará los días posteriores a esta perfomance. Al menos si lo hubiera hecho un día de festejo. Aunque lo mismo se trataba de un peli de esas para adultos, una de esas que si pillas a la mitad ya pierdes el hilo y no sabes cómo sigue, una de esas que esperas hasta el final, para ver si los protagonistas, y los no protagonistas, se casan.

Eso sí, no sé si es mucho pedir que ya que nos vamos a poner a debatir, infórmense un poquito de lo que va esto de los toros y de todo lo que rodea este espectáculo. No voy a entrar por el lado del tradicionalismo, pues hay tradiciones que si dejan de serlo y se borran de nuestras mentes, mejor que mejor. Tampoco iré por el aspecto económico, casi por las mismas razones que en el punto anterior. Todo esto es mucho más sencillo. Esto no tiene otra causa, ni otro origen que el que unos señores, hace muchos, muchos años, se percataron de que ese animal se les arrancaba sólo con verlos y en lugar de asustarse vieron lo que el sortear esas embestidas les ponía a cien, tanto a los sorteadores, como a los que contemplaban tal suceso. Y a partir de ahí vino todo esto que a ustedes tanto ofusca, como a nosotros, pero de forma diferente. Y esos animales a los que no se puede tratar tal y como se hace con otros, como el ganado manso, las gallinas, los cochinos marranos, los corderos y las cigalas del Cantábrico, se criaría para eso de jugar con él, para lo que ahora se llama Toreo. ¡Qué cosas! Porque si se les destinara exclusivamente para carne no creo que hubiera ganadero o consumidor que estuviera dispuesto a pagar lo que costarían estos animales. Aunque sí habría una forma de abaratar su precio de forma radical. Prohíban las corridas de toros hoy y en menos de diez días perecerían en holocausto miles y miles de cabezas de ganado bravo que no tendrían ya ninguna utilidad para sus criadores. ¿Se les podría dejar a su aire en las dehesas patrias? Pues probablemente sí, aunque entonces los que no darían abasto serían los médicos de urgencias. “Familia devastada por un toro en los campos de Salamanca mientras celebraban una boda en la finca de Campo Cerrado”. Eso sí, igual ustedes mismos se organizaban en grupos para peinar las dehesas haciendo batidas para eliminar a semejantes criaturitas. Perdonen ustedes por toda esta parrafada señores antitaurinos, animalistas, veganos, simples vegetarianos, ovolacteovegetarianos o no conformes con las corridas de toros, quizá les pillen muy lejanos todos estos argumentos; no pretendo que los compartan, ni tan siquiera que los comprendan, simplemente pido que a los que vivimos esto de una forma muy especial, que nos respeten. Así de fácil y, según parece, así de complicado.


Fausto D.E.P.
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