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Foto: Prensa FIT
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Badajoz: Escuela de toreros

Tres estilos diversos procedentes de la misma escuela, cada cual con sus armas pero con un fin común: ser figura del toreo. Posada de Maravillas, torería propia sin ajuste. Ginés Marín, completo. Juan Carlos Carballo, hambre de triunfo.

viernes 26 de junio de 2015, 01:09h
Abrió plaza un novillo colorado, alto de agujas y falto de raza, que sin humillar fue pasando por la muleta de Posada de Maravillas sin trasmisión alguna. Se gustó previamente el pacense con su vistoso toreo de capa: recibos a la verónica y quite por delantales de armoniosa composición. Ya con la pañosa, pinturería y torería propias, pero sin ajuste ni acople. Unos circulares finales pusieron al toro en suerte. La espada se fue atrás. Oreja. El cuarto fue el más enclasado y noble del encierro. Metía la cara con gusto, sobretodo por el pitón izquierdo, y su falta de fuerzas ralentizaba la embestida, lo que lucía aún más la templada faena por naturales de Posada. Este torero viene de vuelta, y supo darle la pausa que el toro necesitaba entre serie y serie. Torear sin toro, lo llaman. Juan Miguel tiene arte y gracia para eso. En la suerte suprema estuvo cumbre y pudo pasear otra oreja que le abría la puerta grande.

¡De Ginés Marín, qué vamos a decir! Novillero completo donde los haya, ve toro en todos lados y se luce tanto con capa como con muleta con gusto y estilo propios, sello de torero artista y augurando grandes tardes de gloria. Cada tarde que se viste de luces se hace mejor torero, más variado, más templado, más capaz. Con su primero estuvo cumbre, desde los inicios recibiéndolo primorosamente a la verónica, para seguir quitando por ceñidas chicuelinas e iniciar faena por estatuarios de quitar el hipo. Rápidamente se echó la muleta a la zocata y comenzó a torear, con una templanza, encajado y enroscándose al novillo, que pasaba a milímetros en cada lance. Pronto de vino abajo el toro y tiró de oficio Ginés, robándole series de mérito por ambos pitones a la ya pastueña embestida del burel. Dibujó unos pases de pecho y unas trincherillas finales de auténtico lujo para, ya en la suerte suprema, hundir a cámara lenta el estoque hasta los gavilanes. Dos orejas pedidas, dos concedidas. El flojo y desclasado quinto no permitió tal brillantez, pero sí que Marín dejara detalles de su torería y conocimiento lidiador. Tapó el calamocheo del toro por ambos pitones bajándole la mano y alargando cuanto pudo los muletazos. Lució más al natural, puesto que por el derecho, los derrotes eran continuos. Ya en terrenos del toro, toreo de frente, desplantes y una última serie de naturales que calaron en el tendido. El fallo a espadas (a la cuarta hundió el estoque) y tras dos descabellos, se llevó la cariñosa ovación del público tras dos avisos.

A ganas no hay quién le gane a Juan Carlos Carballo. Hambre de toreo, de triunfo, de querer ser y gustar. A cambio ofrece lo que tiene: valor y disposición infinitas, sin dejarse nada dentro. Cruzar el ruedo camino de chiqueros en ambos toros, aun cuando en el primer encuentro fue arrollado aparatosamente, así lo demuestra. Esa fue su carta de presentación, a la que siguieron sin apenas enmendarse, unas verónicas a compás abierto en los medios, encajado y engallado. Citó de lejos al novillo para lancearlo con la diestra muy sometido. Al natural, barrió el albero con la franela y lo llevó largo y templado. Los pases de pecho, carteles de toros. Ya en cercanías, tiró de paquete por si había duda del vencedor de la pelea. Se volcó en el volapié y dejó una estocada trasera y contraria. Fuerte petición de oreja, atendida por la presidencia. El novillo que hizo último salió tan descompuesto que impidió lucimiento alguno, ni en el recibo frente a chiqueros ni con el resto de su toreo de capa. El puyazo de José Mª Borella fue fuertemente ovacionado; además, le vino bien al toro, algo más asentado. Tuvo que ponerse el traje de faena Juan Carlos y demostrar que también está curtido en plantar batalla a los menos colaboradores. Extrajo muletazos por ambos pitones, con firmeza y corriendo bien la mano, si bien al natural costó hilar alguna serie de mérito. Ya en cercanías, puso al tendido de su parte con su valor seco y su quietud. Otra vez se tiró a por todas hundiendo la espada y recogiendo una merecida oreja con fuerte petición de la segunda.

Tarde amena llena de matices. Tres estilos diversos procedentes de la misma escuela, cada cual con sus armas pero con un fin común: llegar a ser figura del toreo. Yo apuesto por ellos.


Novillos:
- Primero. “Entuerto-107”, 10/11 colorado (494 kg). Bajo y ensillado, armónico y acucharado de cuerna. Alto de agujas, justo de fuerzas. Tenía fijeza, pero apenas humilló. Silencio

- Segundo. “Lagunita-161”, 03/12 negro (480 kg) Abierto de cara y con defensas playeras gachas. Le valió al torero por noble. Tenía recorrido y duró. Silencio

- Tercero. “Tontainas-160”, 03/12 negro (461 kg) Apretado y abierto de cara. Serio y bien hechurado. Flojo y sin celo. Metió bien la cara. Palmas.

- Cuarto. “Maestro-153”, 02/12 negro meano (483 kg) Más terciado y avacado, bajo. A la postre, fue el mejor. Enclasado y con ritmo, noble y repetidor mientras duró. PALMAS

- Quinto. “Botijero-124”, 12/11 negro (453 kg) Bajo, más pecho, brocho. Deslucido y sin trasmisión. No quiso caballo y manseó. Silencio.

- Sexto. “Ocelote-26”, 10/11, negro (460 kg). El más cuajado, un torito bajo y ofensivo, serio. Distraído y de descompuesta embestida. Acabó rajándose. Silencio.


Badajoz. Coso de Pardaleras. Feria de San Juan 2015. 2ª de abono. 1/3 de plaza (4000 almas) Bochorno, soportable aún. Novillada de Fernando Peña, igualada, bien presentada y variado juego, nobles en conjunto. Por destacar alguno, el 4º fue el de mejor nota. El resto, tan sólo se dejó. Hacían el paseíllo tres alumnos de la prolífica escuela taurina pacense: Posada de Maravillas: oreja y oreja. Ginés Marín: dos orejas y saludos. Juan Carlos Carballo: oreja y oreja. Nota: Puerta grande para los tres junto al mayoral (no sé a cuento de qué este último, cuando tan sólo fueron aplaudidos dos novillos en el arrastre). Se desmonteró la terna de banderilleros de Ginés Marín tras bregar y parear con brillantez al segundo de la tarde. Un lujo de cuadrilla.

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