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Elogio de la educación

Elogio de la educación

Los animalistas quieren adoctrinar, pretenden impedir como sea que algunos padres puedan libremente llevar a sus hijos a los toros. Los jóvenes son el germen del futuro. Señores taurinos, hay que invertir en educación taurina.

viernes 26 de junio de 2015, 17:11h
Andamos en tiempos de zozobra para la tauromaquia. No es nada nuevo. Salimos de una etapa de mayoría de gobiernos de centro-derecha (eso dicen ellos) en la que se ha usado la fiesta taurina como arma arrojadiza, y no ya por los partidos animalistas, que están en su derecho, sino por esos mismos gobernantes que no han provocado más que asignarle a un espectáculo que siempre ha sido fundamentalmente del pueblo un tufillo sectario y casposo que nos persigue allá donde vamos. «Los toros son de derechas». Esa realidad, infundada a todas luces, la ha hecho suya el movimiento «disney» y se nos ha caído encima como una losa. Cría fama y échate a dormir. Y en estos tiempos de pactos de izquierda para gobernar comunidades, ayuntamientos y quién sabe si no también el gobierno central puede que los gobiernos consiguientes sigan con ese mismo juego de la derechona de enrolarse la bandera del toreo para hacer con ella un sayo. Los flirteos empresariales con los mandamases (sobre todo del PP), en muchos casos de dudosas legalidades, sobre todo a la vista de la corrupción que está provocando el afloramiento del saqueo al que han sometido a nuestros bolsillos, no ha ayudado que digamos a la imagen de esta fiesta. Algunos creyeron que arrimarse al más fuerte les traería indulgencia y ganancias perpetuas. Pero se olvidaron de que la democracia tiene estas cosas. Ahora hay que volver a mostrar la verdadera esencia de la fiesta. Dentro y fuera del ruedo.

Debemos de parar esta lucha. Desde la entraña misma del taurinismo hay que dejar claro que esta fiesta es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pero no como aquel «despotismo ilustrado» francés de aires enciclopédicos, no. En los cosos taurinos esa verdad popular debe ser la bandera de todos. Frente a otros espectáculos de masas, como el fútbol sin ir más lejos, siempre el toreo se ha arrogado aquello de que la afición taurina es mucho más educada, no incita odios y no provoca enfrentamientos entre personas ni muertes desgraciadas de aficionados o hinchas por llevar uno u otro color. Retómese esa senda y enarbólese la bandera de la educación.

Y exíjasele también a aquellos nuevos gobernantes que quieren «trabajar para todos». El de los toros es el segundo espectáculo que más gente congrega en la ciudad de Alicante (podríamos decir casi en nuestro país), y esa «inmensa minoría» merece tanto respeto y dedicación como cualquier otra. Recuérdesele a esa izquierda que siempre estuvo en su ideología básica el ser garante de respeto ante cualquier minoría. Hágasele recapacitar sobre esa fiebre de celebrar referendos que ahora se ha puesto de moda, como si en ello fuera la entraña de la igualdad. Si así fuera, la propia izquierda quizá habría desaparecido ya. No. Aquí se trata de respeto, y al respeto se llega por la educación. A los que gritan, insultan, incluso agreden para defender postulados supuestamente pacifistas en la lucha animalista, que les caiga el peso de la ley. Que se expresen, cómo no, pero que respeten también. Mas nunca caiga el taurinismo en su juego. Ellos quieren igualar toreo con violencia, y por eso provocan. Permítaseles que se expresen, pues eso demanda también el aficionado para sí.

Si de educación se trata, además, debe el taurinismo tomar conciencia de la importancia de las escuelas taurinas. Días atrás hubo una protesta en contra de la de Alicante. Eran nueve. Pero seguro que van a ser insistentes en esta y otras ciudades y se van a dejar oír. Y si se permite que cercenen una de las bases de la fiesta, mal ejemplo estará dando de su estructura fundamental. Los animalistas quieren adoctrinar, pretenden impedir como sea que algunos padres puedan libremente llevar a sus hijos a los toros. Si además se trata de una escuela taurina, el ataque ya toma tintes pseudo-fascistas. No van a valorar la educación integral que ofrece esta formación, que habla de respeto, ecología, esfuerzo, salud, valores cívicos… Nada de eso se va a tener en cuenta por los de la cerrazón animalista, así que tendrá que mostrarlo el propio taurinismo. Lo fácil es dejarlo al albur de los consistorios o diputaciones de turno. Lo difícil, lo comprometido, lo único que al final valdrá de verdad será que toreros, ganaderos y empresarios tomen esta promoción del toreo como algo propio, lo exijan en los pliegos y, si no lo exigen, lo promuevan ellos mismos. Es invertir en presente y porvenir. Es forjar la base de los futuros profesionales y también de los futuros aficionados de solera. Seguir como hasta ahora han hecho no suprondrá más que querer estrujar la gallina de los huevos de oro un poco más. Y, tal y como están las cosas, o cogen ya este toro por los cuernos, o no habrá árnica que pueda curar la herida.

Los jóvenes son el germen del futuro y la esperanza del mismo presente. Su educación, la educación, el único camino hacia el respeto, la tolerancia y la convivencia. Y todo ello también dirigido a los animales. Ecologismo y sostenibilidad como banderas. Porque no tiene sentido igualar derechos humanos y animales, pero sí concienciarnos de que compartimos este mundo y debemos convivir tan armónicamente como podamos. No hay mayor ejemplo de ello que las dehesas. Enséñenlas también, señores taurinos, porque enseñar es educar. Y si no están ustedes dispuestos a llevar a cabo toda esa inversión en educación taurina, no vayan luego llorando por las esquinas cuando vean que se les desmonta todo el chiringuito.
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