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Priego (Córdoba)

Foto: Salvador Giménez
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Foto: Salvador Giménez

No defraudan los albaserradas de Adolfo Martín

Cabe preguntarse por la poca asistencia de público. Los que se quedaron en casa, se lo perdieron.

domingo 06 de septiembre de 2015, 10:44h
La fiesta se sustenta en el toro. Sin el toro la fiesta es inviable. Bueno, al menos con los conceptos tradicionales, pues en estos tiempos que vivimos, se celebra una fiesta de toros carente de ellos. Sale el toro, eso sí, ayuno de fuerza, de casta, de bravura y encima con un carácter muy homogéneo. Su comportamiento hace que lo que ocurre tarde tras tarde sea muy previsible, por lo que la fiesta pierde su factor de sorpresa que la haría mucho más atrayente para el gran público, y porque no decirlo, para muchos aficionados. Por eso, cuando se programa una corrida, como la de ayer en Priego, en la que lo que se ofrece es muy distinto a lo cotidiano, se acude a la plaza con la incógnita de no saber lo que puede suceder. Siempre hay que esperar hasta el final para hacer balance, positivo o negativo, de lo que se ha visto. Para muchos será algo positivo y distinto, para otros es la muestra de un toreo anacrónico para la época que vivimos. En la variedad está el gusto, y con ello el futuro de una fiesta que precisa más que nunca esa incógnita que tiene este tipo de corridas, mal calificadas, por cierto de toristas. Los ‘albaserradas’ de Adolfo Martín no defraudaron a nadie. Lástima del público que dejo de acudir a la plaza, pues su juego fue variado y con toros que propiciaron el éxito de los alternantes.

Abrió cartel Domingo López Cháves, que sustituía a anunciado Ferrera quien sigue convaleciente de su lesión de hombro. Recibió a su primero con una larga cambiada en el tercio, para luego salirse toreando hacía fuera con valerosos lances a la verónica, El toro acudió alegre al caballo desde la segunda raya en el tercio de varas, empujando con clase en el peto. El matador, que lucía un terno caldera y oro, brindó al público y cuajó un trasteo de menos a más, donde la firmeza fue su principal aval. Mejor con la diestra, al natural bajó de intensidad la faena, donde los muletazos tuvieron largura y calidad. Un pinchazo precedió a la estocada final que basto para pasear una oreja. En su segundo volvió a estar correcto con el percal. El toro, que se arrancó con alegría al caballo en el tercio de varas, tuvo calidad, pero el torero de Ledesma no acabo de centrarse, ni tampoco entender a su oponente. El trasteo resultó demasiado irregular y nunca acabo de romper. Media estocada le sirvió para cortar una oreja que le abrió la puerta grande.

Javier Castaño es un torero de tintes añejos. Cuajado en corridas cuajadas y duras, anduvo en el ruedo de Priego, sobrado y con mucha solvencia. No pudo lucir con el capote en su primero, un toro que tras cumplir en varas, destapó unas embestidas de notable calidad. Castaño, vestido de malva y oro, anduvo con el muy firme, logrando hacer una faena de intensidad. Destacó en el toreo al natural con muletazos al ralentí. Cobró una estocada que le valió para cortar dos merecidas orejas. Su segundo fue un animal que tuvo como virtud principal la dulzura. Trasteo con la montera calada en una añeja estampa. Trazó una faena correcta, donde destacó con la mano diestra. De nuevo el temple y la firmeza se hicieron patentes en la tauromaquia de Castaño. La espada le jugo una mala pasada, pues tras un pinchazo, descordó al toro y lo que pudo ser un triunfo rotundo, quedó en una ovación a la que saludó desde el tercio.

Manuel Escribano, de celeste y oro, vive un momento interesante. Al igual que sus compañeros de terna, el de Gerena se ha hecho torero con este tipo de corridas. Ni decir tiene que Escribano estuvo solvente y variado durante toda la tarde. Recibió a su primero con una larga cambiada en el tercio para luego torear con gusto a la verónica. Banderilleó con soltura haciendo las delicias del respetable. La faena tuvo garra y buena concepción. Muleteó con gusto por ambos pitones destacando sobre todo con la mano izquierda. Certera estocada que a la postre le sirvió para cortar dos orejas. En su segundo, en pleno aguacero, volvió a hincar las rodillas en tierra para recibirlo con una larga cambiada. Lo banderilleó como tiene acostumbrado, destacando el denominado par de Calafía que inmortalizara el torero azteca “El Pana”. Brindó a matador de toros retirado Manuel Rodríguez para en los medios enjaretar un trasteo que tuvo como principal virtud el dominio para impedir que el toro terminase rajado en tablas, donde hizo amago en mas de una ocasión de buscar refugio. Dos pinchazos y una estocada bastaron para entregar a su oponente a las mulas. Su labor fue premiada con algunas palmas.

Esto fue lo que dio de sí el festejo que cerraba la feria de Priego, sobre el que cabe preguntarse por la poca asistencia de público. Puede ser que este tipo de corridas no tenga la demanda que se requiere, pero lo cierto y verdad, es que con ellos pocos se aburren. Los que se quedaron en casa, se lo perdieron.



Priego de Córdoba (Córdoba) Ganadería: Seis toros de Adolfo Martín, bien presentados y de variado juego destacando 2º, 3º y 4º. Domingo López Cháves: Oreja y oreja. Javier Castaño: Dos orejas y saludos desde el tercio. Manuel Escribano: Dos orejas y palmas. INCIDENCIAS: Plaza de toros de Priego de Córdoba. Corrida de toros, segundo festejo de abono, con motivo de la Feria Real. Menos de media entrada en tarde desapacible y lluviosa. Ángel Otero de la cuadrilla de Castaño, saludó tras banderillear al quinto. Al finalizar el festejo los tres matadores abandonaron el coso a hombros.

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