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Exceso de técnica, ni rastro de personalidad

Exceso de técnica, ni rastro de personalidad

jueves 02 de octubre de 2014, 17:27h
El novillero ha de dejar a un lado el mecanicismo de la instrucción en la escuela


No se puede dudar de que Leonardo Da Vinci tenía técnica, pero su impronta en la pintura era el sfumato. O que Caravaggio no dominaba los recursos técnicos, pero su personalidad la dejaba plasmada en el claroscuro.

Hoy los novilleros aprenden en las escuelas, se puede decir que dominan la técnica, pero el alma, la personalidad artística, hay muy pocos que la tengan. Son meros alumnos de "academias del arte".

Decía Courbet (1819-1877), pintor francés, fundador y máximo representante del realismo, en una carta de 1861: "No puedo enseñar mi arte ni el arte de ninguna escuela, ya que niego que tal arte pueda enseñarse; el arte es completamente individual y, el talento de cada artista es el resultado de su propia inspiración".

No consiste en realizar el toreo igual a otros, el artista se debe dejar llevar por su inspiración, por su entusiasmo.

Ayer en Arnedo quedó claro todo esto.

Tomás Angulo jamás entendió a "Langostito", un novillo que se movió pero sin codicia terminando por protestar cabeceando por el derecho y que, sin embargo, mostró un buen pitón izquierdo. Tomás volvió a mostrar, como el 98% del escalafón, que no piensan en las faenas, no se plantean las condiciones del novillo y cómo sacar lo mejor de él, si es que lo tiene. No ahorman, no le dan lo que necesita, se ponen sin más a torear y, este novillo necesitaba comienzo. Técnico, como decimos, pero sin personalidad, el extremeño dejó naturales aceptables y con largura, terminó desarmado por esos cabezazos que nunca rectificó (ni el novillo ni el novillero hizo por ello). Mal con la espada sólo saludó una ovación. En el cuarto, un novillo descastado como sus hermanos. Otra faena de pases, y pases, y más pases... Alguien les debería enseñar que en la medida está lo justo, cansan. Esta vez sí, dejó una buena estocada.

Borja Álvarez no pudo ni mostrar sus enseñanzas "academicistas" ya que pechó con un inválido, de fuerzas y de casta, segundo, muy protestado, pero se empeñó en alargar la faena. Lo dicho, jamás lo entenderé. El quinto, descastado y manso con genio a la defensiva. Álvarez, aunque valiente, aburrió por pasiva condición del oponente e interminable sucesión de pases sin emoción.

Saltó en tercer lugar un novillo precioso de hechuras "lisardonas" de tanto trapío como invalidez. En su lugar, se corrió turno y salió al ruedo el sexto. Un novillo con más recorrido dentro del descaste y cuya virtud fue la fijeza. Filiberto, en quien muchos confiamos, realizó una faena técnica, fría, funcionaria, sin alma y sobretodo, tremendamente despegada. Falló con los aceros ya que, tras una estocada contraria, necesitó hasta seis descabellos para acabar con el novillo. En el sexto cortó la única oreja del festejo. Un novillo con nobleza y sin demasiada casta y bravura. Como lo llaman hoy: "dulce", (¡Ay Dios!, añado) y de gran trapío. El murciano muy seguro, de nuevo muy técnico, esta vez se metió algo más en la trayectoria donde se torea y dejó una labor que caló en los tendidos, ávidos por ver algo en tarde tan plomiza. Eso sí, la faena fue siempre cuesta abajo porque el novillo ya salió de chiqueros con la luz de la reserva encendida. Se tiró a matar a por la oreja y recetó una estocada atravesada y descabello.

Lo dicho, el principio vital que ha de tenerse para llegar a ser Artista en la Tauromaquia, es la fantasía, poder crear el arte. El novillero ha de dejar a un lado el mecanicismo de la instrucción en la escuela y poner al servicio del arte la idealidad, la riqueza y el vigor de la facultad de creación y la fantasía, ahí es donde se revela el genio artístico, primer requisito para dejar la impronta de un arte propio e individual.


Arnedo (La Rioja), miércoles 1 de octubre de 2014. Sexta y última de Feria. Un cuarto de plaza. Novillos de Valdefresno, el tercero devuelto por lo que el sexto saltó como sobrero al correrse turno. De gran trapío en las hechuras pero algunos sospechosos de pitones. Descastados, mansurrones y sin codicia. El sobrero de noble, soso e incomprensiblemente aplaudido en el arrastre.Tomás Angulo, ovación tras aviso y silencio tras aviso. Borja Álvarez, silencio y silencio tras dos avisos. Filiberto Martínez, silencio tras aviso y oreja.

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