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Hipócritas buenistas, ¡falsarios!
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Hipócritas buenistas, ¡falsarios!

A estos antitaurinos totalitarios, creyéndose educados y modernos, debería caérseles la cara de vergüenza al apedrear a un padre porque enseña a su hija el orgullo de la sangre torera. Porque igualar al ser humano con el animal sí que es retroceder a la prehistoria.

miércoles 27 de enero de 2016, 10:29h
La escena de Francisco Rivera “Paquirri” toreando a una becerra con su hija en brazos ha levantado el clamor interesado, falso e hipócrita entre numerosas personas, todas ellas antitaurinas y que se creen en la obligación de imponer a los demás sus doctrinas locas y aberrantes. Hasta el defensor del pueblo de Andalucía, dicen, que está analizando la situación y muestra desde su oficina el absoluto rechazo a la acción.

Otro que tal baila, al compás de la música que suena en estos tiempos convulsos e inciertos en donde nadie sabe, salvo quienes quieren imponer a los demás un criterio buenista y donde los animales tienen derechos, absurdos e incomprensibles, como si fueran humanos, en un retroceso a la caverna australopiteca. Porque igualar al ser humano con el animal eso sí que es retroceder a la prehistoria. Quizás como el individuo en cuestión, al que han facultado para aplicar y perseguir a quien entienda ha conculcado la ley del momento, la de la moda, la de la imagen, la del sonido, o la de la palabrería ingeniera de almas y espíritus tan en vigor hoy que hasta el más pintado se la coge con papel de fumar, viene a decir que “de ser cierta la imagen, mostramos nuestro absoluto rechazo. Recogemos información para valorar posible actuación”.

Francisco Rivera, el torero de una estirpe más que conocida y reconocida en el mundo de la Tauromaquia coge a su hija Carmen en brazos y torea una becerra porque le sale… del alma. Él, padre ejemplar, quiere en este “Debut de Carmen, la quinta generación que torea en su familia, como su abuelo toreó así con su padre y su padre toreó así con él, y él lo he hecho con sus hijas Cayetana y ahora con Carmen dejando claro que se trata de una tradición familiar que sólo una estirpe torera puede ver con normalidad. “Se repite la historia. Viva la mejor herencia, el sentimiento, la pureza, honor”.

Criticar esta acción es, para un taurino, una bobada, una tontería, de quienes no ven más allá que su propia lucha contra la Tauromaquia y su intención de abolirla, buscando en ella su razón de crítica existencial porque se ven totalmente incapaces de pensar, trabajar, luchar, conseguir y servir los intereses de los pueblos en su bienestar general, en el bien común que debería ser su objetivo y que han postergado para promocionar las mascotas animales.

Y para terminar. Igual que la Declaración Universal de Derechos Humanos consagra el derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que le dan a sus hijos, axioma que es olvidado por estos perroflautas antitaurinos totalitarios que ponen el grito en el cielo, hipócrita y tendenciosamente, creyéndose educados y modernos, debería caérseles la cara de vergüenza al apedrear a un padre porque enseña a su hija el orgullo de la sangre torera.
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