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Fotos: @javierpoyo
Fotos: @javierpoyo

Fimosis

No tengo palabras para calificar la grotesca escena que las fotos hechas en Mérida (Venezuela) nos muestran. Ver a figuras del toreo, sin discusión, torear vestidos de luces, chotas que ni salen en capeas de boda, produce repulsa.

jueves 11 de febrero de 2016, 19:48h
Para qué sirve dejarse la piel por una “afición” que te llena, que te da vida, pero que te cuesta la pasta. Para qué desaprovechar el tiempo tratando de levantar lo que, ni con viagra, el sector es capaz de levantar.

Ya puedo escribir alabanzas al toro bravo, al torero que se la juega, a la verdad humillada de la Fiesta, pero ¿de qué sirve? ¿Quién respalda esta pasión? Puedo gritar bien alto que soy aficionado a los toros y a la vez que el sector se ría de ti. Se ríe de tus sueños e ilusiones. Y se ríe a carcajadas cuando pasas por taquilla. Cuando te piden por ir a los toros más de 80 euros en la piedra maestrante, pero que no deja de ser piedra.

Paso de ser aficionado y que por los despachos se cuenten billetes a tu costa y sin contar contigo. Puedo ser aficionado, pero no me da la gana cuando me piden cincuenta céntimos para mantener una Fundación que se queda callada cuando los toros son atacados por la corriente de la modernidad atrasada de pincho en nariz con sabor a dictadura.

Me gusta ser aficionado y que la realidad del campo bravo se muestre en la plaza, sin preservativo en los pitones. Pero reniego de esta afición, si después de venderla como espectáculo de verdad, me la muestran como corrupción organizada.

Y si te dejan la cara de tonto, ni te cuento. No veáis el placer que es sentir esta Fiesta y ver fotos de como los que la integran, los que comen de ella, los que se ríen a pierna suelta, son capaces de cargarse lo que les da de comer. Un placer directo para amar la petanca.
No tengo palabras para calificar la grotesca escena que las fotos hechas en Mérida (Venezuela) nos muestran. Ver a figuras del toreo, sin discusión, torear vestidos de luces, chotas que ni salen en capeas de boda, produce repulsa. Y ya no es sólo que se rían de la afición y engañen al espectador, es que se están riendo del miedo de sus compañeros y de las inquietudes que sufren cuando los anuncian con toros a pelo, por la mitad del cuarto de lo que se llevan ellos.
Y no me vale que eso ha sido en Venezuela. Todos sabemos que por España también lo han hecho. Y tenemos la certeza de que lo seguirán haciendo.

Para nada sirve que al escalafón lleguen nuevas armas y novedades si la verdad brilla por su ausencia. De nada sirve que los carteles se renueven si la pillería sigue siendo la misma. Si el toro no manda y la retroexcavadora si, apaga y vámonos.

Jode que se intuya capacidad para levantar una Fiesta antológica, un rito único y que la fimosis continua del sector no la deje mostrar su esplendor. Es el momento de operarse. Esta el prepucio muy pegado ya. Tiene trabajo el cirujano.
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