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Un indulto con reparos

miércoles 08 de octubre de 2014, 17:24h
El indulto ha de tener exigencias que el aficionado debería conocer



Visto el indulto de Quejoso de la ganadería de Los Maños en la Plaza de Zaragoza por Fran Varea, además de alegrarme por lo que significa y por el ganadero, me asaltan algunas dudas que según voy viendo el vídeo, se me van aclarando.

Partimos de la base de que la exigencia del indulto ha de ser extrema, y Quejoso, fue un buen novillo pero se fue desinflando a medida que avanzaba la faena, según compruebo por las imágenes que nos llegan. Tras un comienzo prometedor, el novillo da muestras de "cansancio", parándose, saliendo con la cara alta y pecando de falta de acometividad.

¿Y este novillo padreará en la ganadería "Vistahermosa" (finca de la gran ganadería de Los Maños)? Es incongruente que en el momento de la historia donde menos aficionados quedan que de verdad se interesen por las condiciones del toro, es cuando más se están indultando animales a petición de éste. El indulto debe ser un todo, y Quejoso, aún siendo un buen animal que propició el triunfo de un templado Varea, no puede servir para buscar la excelencia en la cría. El criterio del público, por desgracia cada vez menos conocedor del toro, ha hecho que el entusiasmo de una gran faena del castellonense, sea óbice para pedir un indulto a un animal bueno, y con una bravura enclasada, pero no extraordinario como para transmitir sus genes a la vacada.

Es sabido, por quien se interese un poco por el comportamiento del toro, que el encaste del que procede, (Santa Coloma), a veces tiene el defecto que salir con la cara un poco alta de los embroques, pero no es excusa para que se pare. Quejoso se puede ver que lo hace desde mitad de faena para adelante, evidenciando falta de interés por seguir la pelea a no ser que se le provocara mucho, y un toro extraordinario por sus condiciones, aún con la cara alta, seguiría las telas hasta la extenuación.

El indulto ha de tener exigencias que el aficionado debería conocer: la exigencia de la casta y la bravura excepcionales. Y esto puede requerir que se renuncie a él, porque el toro que se indulta para imprimir su carácter en la ganadería exige una abnegación y sacrificio por la lucha que Quejoso, repito, aún siendo un gran novillo, no tuvo. Esto es lo que verdaderamente configura un animal merecedor del indulto, la bravura y casta para luchar hasta caer rendido y volver a levantarse, la excelencia en sus embestidas, no pararse distraído, la necesidad de existir y ganar la pelea, algo que debe reclamar y exigir hasta el final.

Como ferviente defensor de los encastes felicitar al ganadero maño por la grandísima novillada, al novillero por la gran faena, pero no puedo estar de acuerdo con que un novillo así sea el que transmita sus genes si queremos buscar la verdadera bravura en nuestro campo bravo. Para los animales que no llegan al máximo está ese trofeo, hoy denostado, que es la vuelta al ruedo póstuma, pero ¿qué vamos a pedir? Si el público no sabe que hay algo más allá de las orejas y los indultos.

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