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El Capitán Trueno

El Capitán Trueno

La importancia de que los intelectuales vuelvan a acercarse a la Fiesta y se creen nuevas obras inspiradas en la Tauromaquia, como en su día lo hicieron Valle Inclán, Lorca o Picasso.

martes 05 de abril de 2016, 17:41h

El hijo del Capitán Trueno, Miguel Bosé

"El hijo del Capitán Trueno
Nunca fue un hijo digno del padre
Salió poeta y no una fiera
Hijo de su madre

El hijo del Capitán Trueno
No quiso nunca ser marinero
No se embarcaba en aventuras
Levantaba dudas".


El gran problema actual de la tauromaquia no es la mayor o menor casta de la cabaña brava o la prohibición en Cataluña, que amenaza con extenderse como una mancha de aceite ante el silencio dirigido del Tribunal Constitucional. Tampoco el descenso en el número de festejos. Menos aún el ventajismo o comodidad en que parecen vivir ciertas figuras que desprecian dos tercios de la lidia para concentrarse de forma obsesiva en una muleta repetitiva. Ni la falta de exigencia de los supuestos aficionados. Todo es consecuencia una cruda realidad. El mundo del toro vive en estos momentos encerrado en sí mismo, de espaldas a la sociedad, incapaz de conectar con intelectuales y artistas. La tauromaquia 2.0, en gran parte por su falta de emoción y eliminación de toda crítica al sistema, ha expulsado de las plazas de toros a las vanguardias culturales. La relación entre ambos mundos ha sido una constante hasta ahora, con ejemplos como Valle Inclán y Belmonte, Sánchez Mejías y la Generación del 27, y por supuesto Dominguín y Picasso.

"El hijo del Capitán Trueno", como ha admitido su autor, Miguel Bosé (tema publicado en el 2001 e incluida en su disco "Sereno") es un cuento familiar dedicado a su padre, Luis Miguel Dominguín, además del reconocimiento indirecto de la poliédrica personalidad de uno de los grandes toreros del pasado siglo y figura a revindicar.

Luis Miguel Dominguín, hijo del también matador de toros Domingo Dominguín, nació en Madrid en 1926. Sus dos hermanos, Domingo y Pepe, también eran toreros. Tras participar en numerosos festivales durante la Guerra Civil, se vistió por primera vez de luces en Jaén en 1939. El 2 de agosto de 1944 tomó la alternativa en La Coruña de manos de Domingo Ortega. Se la confirmó Manolete en Madrid el 14 de junio de 1945 con Pepe Luis Vázquez de testigo. Su fuerte competencia con Manolete, el madrileño se autoproclamó numero uno, dividió a los aficionados de los años 40. Precisamente Dominguín compartía cartel con Manolete en Linares la trágica tarde del 28 de agosto de 1947. También fue famosa su rivalidad con otro grande, su cuñado Antonio Ordóñez, seguida con gran interés la opinión pública y que Ernest Hemingway reflejó en su obra "Verano sangriento".

El mito del torero, su calidad como matador es indiscutible, se vió agrandado por su fama social. Fue un gran seductor. Entre su conquistas se cuentan María Félix, Ava Gardner, Lana Turner, Rita Hayworth, Lauren Bacall, o Miroslava Stern. Conoció a Lucía Bosé, su primera esposa, mientras ésta rodaba en España "Muerte de un ciclista" de José Antonio Bardem. Pese a ser un habitual de las cacerías que organizaba el Generalísimo, ayudó a numerosos militantes del PCE a cruzar la frontera francesa escondidos entre los integrantes de su cuadrilla.

Era frecuente verlo rodeado de intelectuales, artistas o escritores, como el poeta francés Jean Cocteau, el nobel norteamericano Enrest Hemingway, y sobre todo Picasso. Picasso y Dominguín, dos genios en su profesión y dos españoles universales, fueron grandes amigos. El malagueño no faltaba a ninguna de las corridas de Dominguín en los cosos galos, como Nimes o Arles. El torero se repuso de alguno de sus percances en casa del pintor malagueño en el sur de Francia. Generalmente Picasso pintaba a puerta cerrada, solo, y muy pocas personas tuvieron el privilegio de verlo trabajar en vivo. Uno de los pocos afortunados fue Dominguín.

La tauromaquia era para Picasso el símbolo por excelencia de la cultura española. Gran aficionado, se acercó a la fiesta no sólo por su valores estéticos sino también por su autenticidad y riesgo, algo que sin duda valoraba el malagueño. Resulta llamativo la indiferencia de los creadores actuales hacia el mundo del toro. Es un hecho realmente grave y perjudicial. ¿Las causas? La autosuficiencia del orbe taurino (se cree en posesión de la verdad absoluta) y la aparición de la tauromaquia 2.0 basada en la comodidad, la ausencia de emoción, y dirigida a un público festivo que ansiaba dejarse ver en los tendidos en los años de la especulación inmobiliaria. Un claro ejemplo de este desinterés es el cómic o la novela gráfica, género que ha alcanzado un desarrollo brutal en los últimos años. Apenas hay publicaciones en este campo sobre temática taurina. ¿Cuántas obras de arte sobre toros se expusieron o vendieron la pasada edición de ARCO?

Valle Inclán, Lorca, o Picasso, eran la vanguardia de la creación literaria y artística en su momento. Todos ellos cayeron rendidos ante el rito ancestral de la lidia del toro bravo. El ambiente cultural actual rechaza la tauromaquia en su mayoría. En el mejor de los casos son indiferentes. No es lo mismo un público festivo que un creador de arte que vive de reflejar sentimientos y emociones.

El valor, la competitividad, arrojo o sentimiento de Dominguín atraparon a Piccaso y a la afición. ¿Y las figuras actuales? José Tomás reduce su temporada a tres o cuatro festejos en plazas de segunda o tercera categoría. Otros fomentan el monoencaste, mientras la competencia se queda fuera del ruedo. Todo se convierte en un intercambio de cromos. Con esta panorama resulta lógico que los artistas busquen inspiración en otros campos. Necesitamos un nuevo Dominguín. Alguien que atrape a las vanguardias es la mejor forma de combatir el antitaurismo. Urge encontrar un nuevo Capitán Trueno que combata al infiel.
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