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Foto: Juan Pelegrín para Las-Ventas.com
Foto: Juan Pelegrín para Las-Ventas.com

Los sustos del miedo

Disposición y valentía estuvieron en todo momento en el haber de Roca Rey frente a dos flojos y descompuestos bureles. Toreo y oficio en la lidia pasaron al debe de la tarde del torero. ¡Tiempo habrá en el abono venteño de volver a ver a este joven y descarado torero!

sábado 14 de mayo de 2016, 11:42h
Madrid vivió ayer su primera Puerta Grande del abono venteño. El peruano Roca Rey descerrajó la puerta de los sueños y de los cortijos en el primer "lleno" del serial.

En su confirmación de alternativa, contó como compañeros de terna con Castella y Talavante. En chiqueros esperaba un deslucido, feo y mediocre encierro de Cuvillo (4) y Mayalde (2).

La tarde del peruano comenzó muy firme y decidida ante su noble oponente de confirmación que se dejó hasta que dejó... Acostumbrados nos viene teniendo el joven diestro a dejarnos ver el capote demasiadas veces detrás de la taleguilla. Quites calcados en todas las plazas, con poca variedad artística y osadía juvenil, marcan sus inicios de lidia con montera.

La emoción y brincos del respetable en el cemento venteño formaron parte de su tarde madrileña. El toreo como tal, pasó de puntillas por los atropellados vuelos de una muleta nerviosa por momentos. Firmeza, disposición y valentía estuvieron en todo momento en el haber del diestro, frente a dos flojos, desordenados y descompuestos bureles. Toreo y oficio en la lidia pasaron al debe de la tarde del torero.

Madrid estuvo más tiempo en un "ay" que metida en un inexistente repertorio de recursos lidiadores. Esa incertidumbre de una inminente "tragedia" planeó y se enraizó en la exultante afición de Las Ventas. Se pudo ver en los tendidos mucho miedo, miedo que a la postre haría sacar los moqueros frente a un cara o cruz a la hora de la verdad; verdad que puso al finiquitar la tarde con la rotundidad de su vida y su espada.

Lícito es ganar así los trofeos, lícito es poner en pie a una plaza. La emoción de la incertidumbre en un ruedo ya está inventada y sus entusiastas admiradores otorgaron la gloria con su beneplácito al torero. Los aficionados más puristas de las telas acompasadas, seguramente vieron otra faena y una multitud de apéndices en el esportón.

Afortunadamente, tiempo habrá en el abono venteño de volver a ver a este joven y descarado torero. Tiempo tendremos de echar el ojo a sus muñecas y variedad artística. Hoy nos quedamos con sustos, miedo y muchas ganas.
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