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Corrida de Perera en TVE

Perera destoreando con el toro ya afligido
Perera destoreando con el toro ya afligido

La tele y el peligro

La imagen que se dio pertenece a una fiesta superficial y con gato encerrado, olor a after en pitones y demasiada facilidad en un espectáculo que debería mostrar lo difícil que es ser torero y ganadero y el mérito que tiene ponerse delante de un toro que puede matar.

lunes 06 de junio de 2016, 20:27h
¿De verdad es para estar contentos? Venga, no me creo que el sector taurino lance las campanas al vuelo y crea que es un éxito que el sábado Miguel Ángel Perera pusiera al frente de TVE a 850.000 personas. No quiero quitarle méritos. La causa era loable y levantar el share de la tarde del sábado, de la alicaída y políticamente presa televisión pública, no es difícil. Ese espacio de tiempo que ocupó la corrida de Asprona normalmente está ocupado por el cine más que visto y repetido de barrio. La gente estaba deseando ver una cosa nueva que no fuera Paco Martínez Soria con la gallina.

Seamos sinceros, la retransmisión de este espectáculo tan light por la pequeña pantalla no es que sea lo mejor para la Fiesta. Que nadie equivoque la causa, por los niños con síndrome de down con la imagen. La imagen que se dio pertenece a una fiesta superficial y con gato encerrado, olor a after en pitones y demasiada facilidad en un espectáculo que debería mostrar lo difícil que es ser torero y ganadero y el mérito que tiene ponerse delante de un toro que puede matar.

Y a pesar de la facilidad y el todo a favor para el torero, éste se encargó de mostramos que 2016 no va a ser su temporada. Éxito es que 850.000 personas aguantaran semejante bodrio y aburrimiento y no se fueran a la calle a pasar la tarde del sábado.

Pero es que ya, la corrida nació sin expectación, sin emoción y sin ningún argumento que hiciera que una persona se quedara frente al televisor o que acudiera a la plaza de toros. Por cierto, una entrada lamentable.

La entrada debe ser el principio básico para la retrasmisión de una corrida de toros en abierto. No se puede mostrar el tendido vacío porque es darle argumentos en bandeja a los indeseables antitaurinos que no respetan. Por las redes sociales se pudo comprobar como más de uno aprovechaba el cemento de los tendidos para atacar sin cuartel a la Fiesta.

No llego a entender cómo el sector taurino puede ser tan torpe y tirarse piedras a su propio tejado. Dejamos pasar oportunidades de oro, de enganchar a la gente y de mostrar nuestra fuerza. Parece como si ahora se tenga que saquear el barco para que los que vengan después no tengan nada que recoger.

Los profesionales taurinos, todos los profesionales taurinos, “todos” deberían ser conscientes de que hay cierto tipo de corridas al año que deberían darse en abierto. Cueste lo que cueste, cediendo lo que haya que ceder. ¿Cómo queremos que se nos dé una espacio en la sociedad, si somos nosotros los que nos cerramos a ella? Las corridas del día de San José en Valencia, Domingo de Resurrección en Sevilla, San Isidro y Beneficencia en Madrid, San Fermín en Pamplona y dos o tres acontecimientos más de tirón, con ternas atractivas (alejados de las encerronas cansinas de toreros) con toros bien presentados tal y como salieron del vientre de su madre, deberían ser una religión y un honor para los toreros torearlas para que todo el mundo las pueda ver. Siempre habrá algún antitaurino que se queje, pero de entre todos los espectadores a lo mejor ganamos a alguien que decida interesarse por esta Fiesta, se replantee abonarse a un canal de pago para seguir todas la corridas o incluso quiera acercarse a una taquilla y comprar una entrada para ir a los toros.

La tele a mí me hizo aficionado. Y eso que comprobé la dureza de la Fiesta. Lejos de escandalizarme y poner el grito en el cielo, aprecié la profesión de torero y la gran verdad que esconde. Aquel 1 de mayo del 92 murió un torero pero su corazón hizo que muchos nos reconvirtiéramos en aficionados. Ahora dile a tu sobrino que se aficione con la borrica con la lengua por el suelo, dando pena y el torero diciéndole que pase por el trapo rojo.

Perder el peligro está matando a la Fiesta. El peligro era el criadero de la afición. Por eso, de vez en cuando, un Saltillo no hace daño, y si es en abierto con una figura del toreo delante que le plante cara, recuperaremos el tiempo perdido.
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