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Por los cerros de Úbeda
(Foto: Enriqueponce.com)

Por los cerros de Úbeda

Hace unos días se celebró el XXII Congreso Internacional y XXXIV Congreso Nacional de Cirugía Taurina. Como remate de faena, Enrique Ponce abrió las puertas de su corazón y de su casa a los participantes.

sábado 11 de junio de 2016, 20:39h
Del 1 al 4 de junio se celebró en Úbeda y Baeza el XXII Congreso Internacional y XXXIV Congreso Nacional de Cirugía Taurina. Con nuevos amigos, re-encuentros y grandes maestros hemos vivido unos días intensos, en los que sólo había espacio y tiempo para la cirugía y los toros.

Las dos ciudades, inmejorablemente representadas por sus alcaldesas, nos han acogido como lo que son: magníficas anfitrionas. Esto, considerando la moda a la contra que se estila en este país, es todo un ejemplo de principios y valentía.

La actuación en Cirugía Taurina es difícil o casi imposible de protocolizar en sentido estricto, porque existen tantos escenarios o realidades como tipos de festejos. Por tanto, la asistencia sanitaria en este contexto podría resolverse como una ecuación de tres variables: la gravedad del percance, la idoneidad para resolverlo de equipo médico y enfermería (regulados por ley en cada Comunidad Autónoma) y la distancia al hospital. Y así, hemos pasado horas y horas escuchando, dialogando y discutiendo desde la pluralidad de los alberos y el respeto por las banderas. México, Perú, Colombia, Venezuela, Portugal, Francia y España, sentidos y explicados, unidos en el fin último del compromiso y la mejora. Desde los festejos populares a los espectáculos profesionales, de las plazas de primera a las de talanqueras, de las capitales de provincia a los pueblos recónditos, de las enfermerías más tecnológicas a los quirófanos móviles.

Como remate de faena, un Enrique Ponce sencillo y conmovedor, lleno de gratitud, con la responsabilidad de un torero todopoderoso ante el toro más chico pero de lidia más compleja (hablar de medicina para un foro de médicos), nos abrió las puertas de su corazón y de su casa. Presentado por Juan Lamarca y con el formato de conferencia magistral (puede leerse completa en www.cirugiataurina.info), encandiló a la audiencia a golpe de sentimientos y recuerdos, nada de literatura ni misticismos. Con la satisfacción de quien quiere saldar una deuda, con el reconocimiento solemne a quienes, con sus decisiones, se juegan las vidas de los toreros. Enrique se mostró implicado, identificando la necesidad de participar en nuestras reuniones para aportar el punto de vista del herido. En pleno alegato de la empatía entre equipos médicos y toreros, de su discurso, repleto de sabiduría y matices para pensar y digerir, esto fue lo que aprendí: me recordó que la relación médico-paciente es tan importante como la ciencia, que la confianza garantiza parte de la curación y que la generosidad es un deber porque quien sufre está en desventaja. Después, Cetrina, con un horizonte pulcro y ordenado de olivos, envuelta en olor a magnolias, resplandecía orgullosa, segura y sabedora de que representa el sacrificio, la entrega y la lucha por mantener el listón más alto.
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