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A vueltas con la suerte de varas
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(Foto: José Joaquín Diago)

A vueltas con la suerte de varas

Soy un ingenuo que pretende recuperar la grandeza y la belleza de la muy emocionante, artística y necesaria suerte de varas.

jueves 07 de julio de 2016, 14:25h
Y dos. Sólo el amor que siento por el toro y la peligrosa deriva a la que la actual suerte de varas está llevando a la corrida, me hace contestar a los argumentos esgrimidos por D. Julio Fernández en la respuesta que hizo sobre mis juicios a su intervención en el programa Tendido Cero de hace el sábado 18 de junio. Soy cabezón, mas no polemista. Además, soy un ingenuo que pretende recuperar la grandeza y la belleza de la muy emocionante, artística y necesaria Suerte de varas. Temo, si esto sigue así (¡ay, Toro de la Vega!) que llegue un día en el que no podamos defender nuestra corrida.

En el "Estudio de las lesiones producidas por la suerte de varas", el Sr. Fernández y su compañero de trabajo el Sr. Villalón, dicen en 1998 sobre las zonas anatómicas en las que se colocan los puyazos: - La región anatómica en la que se debe picar es la zona A, la situada entre la 4ª y 7ª vértebras cervicales... - La misión del puyazo colocado en la citada región es descolgar la cabeza del toro al "lesionar" los músculos extensores de la cabeza y el ligamento de sustentación de la misma (morrillo). Luego, pasan a explicar los destrozos que producen los puyazos en los demás lugares del cuerpo de la res, diferenciando la gravedad de estos a medida que se alejan del morrillo.

Sobre las misiones u objetivos de la Suerte de varas, dice el citado estudio: - A) Ahormar la cabeza mediante la "rotura" de los músculos extensores o elevadores de la cabeza para facilitar que el toro descuelgue o baje la cabeza, y que ésta tenga movimientos menos bruscos. (no debió decirse rotura sino "lesión"). - B) Quebrantar gradualmente el poderío del toro, disminuyendo su ímpetu y fuerza, para dejarlo en condiciones óptimas para la faena de muleta. - C) Contribuir al estudio de la bravura y de la fuerza.

Según entiendo de la contestación que me ha dirigido D. Julio Fernández tras mis consideraciones sobre su intervención en Tendido Cero, es imposible picar en el morrillo puesto que el toro debajo del peto hace inaccesible esa zona para el picador. También decide D. Julio en su réplica que el toro es imposible detenerlo para evitar que llegue al peto. O sea, que hay que picar donde no se puede picar por razones físicas. La verdad es que esta explicación es real, consecuente con la actual situación en que se encuentra la Suerte de varas, y precisamente es esta deriva contra la que yo pretendo luchar. O, al menos, alertar de sus negativas consecuencias para la corrida. Puedo decir que estoy de acuerdo con la mayoría de las demás consideraciones que expresa el Sr. Fernández en su contestación, docta y documentada. Pero contra lo anterior, reniego. Si al toro hay que picarlo en el morrillo, hay que intentar adecuar los caballos, las varas y el reglamento para que así se haga. Si los picadores han de ser verdaderos toreros y actuar de acuerdo con "las normas del arte", como se exigía en los antiguos reglamentos, habrá que formarles para que así lo hagan.

Dice D. Álvaro Martínez-Novillo en un magnífico artículo titulado: "Una reflexión sobre el futuro de la fiesta de toros", aparecido en al Revista de Estudios Taurinos nº 9, de 1999, pág. 155: . El delicioso artículo del Sr. Martínez-Novillo, que recomiendo fervientemente, sigue exhortando a los actores de la corrida a que dignifiquen la Suerte de varas. Porque por la perversa situación en la que se haya es en la que encuentran argumentos sólidos los antitaurinos para repudiar nuestra corrida.

Y llegamos al punto álgido del desacuerdo: la detención del toro para evitar su choque con el peto. Según la teoría del Sr. Fernández es imposible detener a un toro que arrastra a 40 kms/ hora sus 500 kgs. Según nos dice el Sr. Fernández es en el choque contra el peto cuando se templa la embestida. Traigo a colación una explicación del gran Julio Pérez "Vito", que nos fue transmitida por D. Antonio Burgos, sobre cómo poner un par de banderillas con arte, eficiencia y torería: . Sea esta lección tributo póstumo a la torería y al buen hacer de un señor que fue torero durante los últimos 90 años, y que paraba los toros en carrera con sus apenas 70 kgs de arte y sapiencia. No arrolla el toro al banderillero, como no arrollará al picador que aproveche el ímpetu de la carrera para desviar el viaje templando la salida del cornúpeta. No templa el peto la embestida, más bien la rompe, como lo hará el capote que se deje alcanzar el torero en el mal lance. No templan las banderillas puestas al "sobaquillo", por que el toro sigue libre su camino. La energía que genera la carrera del toro con sus 500 kgs. hacia el caballo que lo recibe de frente, casi, y que templa con arte sesgando el viaje (hacia la derecha el toro, hacia la izquierda el caballo) resistiendo la desaceleración con los 650 kgs. de caballo, peto y caballero, puede ser equilibrada con formación técnica, con afición, con entrenamiento y con ganas de hacer las cosas bien. De hecho, siempre se pudo y con caballos de menos condiciones. No debemos dejarnos embaucar por mensajes interesados de un sector que artística y profesionalmente ha tirado la toalla de la ortodoxia. Picadores, dueños de cuadras de caballos de picar, puyeros, matadores y ganaderos deben restaurar una Suerte de varas. Está herida de muerte y su agonía puede llevarse cogida de la mano a la corrida...

Si hay que picar en el morrillo; si hay que evitar la alarmante situación en que se encuentra la Suerte de varas actual, muletilla de apoyo de la crítica antitaurina; si debemos devolver a la corrida la dignidad perdida; si nosotros, aficionados, no podemos aceptar la muerte de un ser tan amado y nacido para la lucha pero que en varas se le minimiza y veja en demasía, y ya no es toro bravo sino muerto viviente. Hemos de poner TODOS todo de nuestra parte para conseguir una suerte digna y hacerla menos cruenta. Antes del peto los toros se paraban a caballo levantado o aprovechando su inercia para largarlo, como dice Pepe-Hillo en su Tauromaquia. Eran toros más salvajes, bruscos, sin fijeza alguna, más difíciles de parar. La vara de detener surgió para eso, para ahormar a los toros cerriles deteniéndolos, en contraposición de la vara de largar de los varilargueros. El peto, necesario sin duda alguna, trajo esta anómala situación que se da por imposible revertir: el toro chocando violentamente contra el peto y la vara en la cruz o tras la cruz porque el morrillo del toro está oculto bajo el peto. Así no defenderemos nuestra tradiciones. Así iremos derechos a no poder defender nuestra corrida ni ante nosotros mismos. Desesperante...
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1759 | Francisco - 10/01/2017 @ 20:14:34 (GMT+1)
    Sr. Moreno utilice usted un poco la razón y déjese de leyendas infundadas, lo de volver a caballos sin petos y despedir las embestidas sin que se tocara el caballo es pura fantasía, en el morrillo no se puede picar y no se pica desde hace siglos, le doy un premio si me encuentra alguna foto por antigua que sea donde se vea un picador que pique en tal sitio. Vamos a ser un poco consecuentes y opinar en base a la realidad, que para enfangar no hay que escribir tanto.

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