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Pamplona

El luto de Pedraza
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(Foto: Navarra.es)

El luto de Pedraza

El mundo del toro está de luto, sin nada que celebrar. El mejor tributo a Víctor Barrio fue el sentido paseíllo y el respetado minuto de silencio. Milagroso es que Curro Díaz entrara en la tarde. Veinticuatro horas después, ante dos toros de metro y medio de alzada.

Por Íñigo Martín Apoita
domingo 10 de julio de 2016, 22:47h

Cuando, muerto el cuarto Pedraza de la sexta de San Fermín, Curro Díaz era preguntado por el esfuerzo realizado para estar en Pamplona el día después de recoger el cuerpo sin vida de un compañero de cartel, sincero y visiblemente emocionado se lamentaba porque no hubiera salido un toro bueno, entregado, que rompiera hacia delante, con el que abrir el alma y homenajear al compañero y amigo caído en Teruel. Añadía con rabia: "Joder, si esto es lo más bonito del mundo, hostia".

Y lo es. No miente Curro cuando afirma que la tauromaquia, aquello a lo que dedica su vida a tiempo completo, es lo más bonito del mundo. Las palabras suenan a convencimiento propio, a necesidad de reivindicar su orgullo de ser torero, de indicar a su mente, aún hundida tras el reciente batacazo anímico, el camino hacia la felicidad en esta profesión, que no es en ningún caso la rememoración de momentos trágicos como la muerte de Víctor Barrio en manos de Lorenzo.

La tauromaquia es lo más bonito del mundo cuando sale bien. Hay días, sin embargo, en los que el luto se retroalimenta. Momentos en los que la tristeza embarga hasta a los toros que deben sacarnos de ella. Momentos tan pesados que una corrida no puede romper a embestir. No rompió hoy una corrida noble de Pedraza de Yeltes que careció de casta, entrega y esencialmente recorrido. Intensas aunque apenas lucidas peleas en varas desgastaron el escaso fondo de seis 'pedrazas' de impecable presentación pero altos de agujas y fuera de tipo. Lo uno por lo otro y lo otro por lo uno. Es el dilema de una Pamplona desorientada que no encuentra el equilibrio entre trapío y comportamiento. Hoy el exceso de peso y hechuras echó por tierra un fondo de nobleza y clase que quedó escondido bajo la falta de motor.

Milagroso es que Curro Díaz entrara en la tarde. Veinticuatro horas después de trasladar un cadáver a la enfermería aun consciente de su condición inerte, hoy estuvo en Pamplona ante dos toros de metro y medio de alzada. Se justificó con profesionalidad ante el soso primero, que se arrastró por el ruedo con medias embestidas. Frente al cuarto dejó detalles de torería cara, no en venta, innata, comenzando la faena con muletazos por abajo en los que trató por todos los medios de alargar la embestida del oponente. Buscaoro, que había topado con los capotes y derrotado en la jurisdicción de los banderilleros, tampoco se entregó en la muleta, embistió sin recorrido y se vino a menos hasta pedir la muerte que Curro otorgó en el momento justo.

Iván Fandiño sorteó el mejor, no por ello en absoluto bueno, pero sí superior a hermanos por la calidad de sus embestidas en un contexto concreto. Ese contexto era la receta del temple, la mano baja, los muletazos vaciados y los pasos perdidos. Con esas condiciones difíciles de encontrar embistió alegre Liebrote, quinto de la tarde. Manso como sus hermanos, marchó a tablas para morir mediada la faena. El segundo mantuvo la línea de pesadez en forma de paseos sustitutos de embestidas. Fandiño, en un momento crítico de su carrera, no pudo estar cómodo.

Tampoco tuvo historia la labor de Juan del Álamo frente al alto tercero, apenas picado, que precisamente por eso duró algo más que sus hermanos. Lo poco que duró fue para regalar dos tandas de embestidas humilladas que no transmitieron emoción y se disiparon pronto entre el justo fondo y corto viaje. Semejante fue el cierraplaza, desesperantemente parecido a sus hermanos en comportamiento; más feo de hechuras en cuanto a presencia.

El mundo del toro está de luto, sin nada que celebrar. Y el luto, que es contagioso, se paseó por una plaza más silenciosa que de costumbre, como aún consternada por la verdad que el toro porta en sus pitones. El mejor tributo a Víctor Barrio fue el sentido paseíllo y el respetado minuto de silencio. Sin fiesta, sin júbilo, sin celebraciones: hoy el luto por Víctor debía ser protagonista.


Pamplona. Domingo 10 de julio de 2016. Feria del Toro. Seis toros de Pedraza de Yeltes para Curro Díaz (rosa y oro), silencio y silencio; Iván Fandiño (rosa y oro): silencio y silencio; Juan del Álamo (verde manzana y oro), silencio y silencio. Nota: Tarde soleada con el aforo lleno. Se guardó un minuto de silencio en honor al fallecido Víctor Barrio.
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