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Pamplona

El palco del deshonor

Hoy, en corrida interesante Victoriano del Río, se le dio la vuelta al ruedo al quinto, un toro con una entrada al caballo sin puyazo y otra marcando justo. En la muleta, buscó tablas. También concedió la presidenta dos orejas excesivas a El Juli.

Por Íñigo Martín Apoita
miércoles 13 de julio de 2016, 00:02h

Cuando uno empieza a redactar crónicas entiende que su labor es contar qué ha pasado y por qué ha pasado -el contexto es clave en este género- detallandE dos horas largas de festejo. No es elegante, por tanto, calcar y publicar las necesarias notas. Hay días, sin embargo, en los que escándalos sonados, decisiones antitaurinas de autoridades del mismo calibre y desvergüenzas varias animan a contar, pronto y en la mano, lo visto en el festejo.

Hoy, en corrida interesante y de buen juego de Victoriano del Río, se le dio la vuelta al ruedo al quinto, del que apunté: en varas, una entrada sin puyazo y otra marcando justo, en la que el toro pierde las manos repetidamente; en banderillas, acometidas a arreones apretando hacia dentro, incluso haciendo hilo -como los mansos-; y en la muleta, por último, fuerza justa, poca clase, movilidad informal, ausencia de ritmo y merma de facultades, aburriéndose y buscando tablas. Pero hoy en Pamplona la presidenta, a buen seguro miembro de honor del Partido Animalista, decidió con el apoyo del asesor otorgar la vuelta al ruedo a uno de los peores ejemplares de la tarde, por el simple motivo de que El Juli cortó dos orejas.

Y ese es el siguiente punto. Orejas excesivas las cortadas por el madrileño tras faena de mano baja y poder, en un inicio templado y bastante puro; no obstante sucedido por tres tandas de derechazos anti-natura, en postura encorvada, con el brazo extendido hasta el límite y muletazos periféricos hacia fuera. Entendió Julián que ese inicio con clase y elegancia era suficiente, y el toreo populista que, con su largura y recorrido, obliga a los toros a dar embestidas de cinco metros de longitud, se impuso para disfrute del público pamplonés, perdido en su criterio frente al toro, mareado en el que exige al torero. Porque es Pamplona una plaza de vaivenes, que no impone en sombra ni atiende en sol; una plaza sujeta a decisiones de autoridades que ignoran la grandeza de la fiesta, permiten mastodontes con hechuras imposibles y restan importancia a premios otorgándolos con alegría e inconsciencia.

Nada tuvo que ver El Juli que pudo al segundo con mano baja y superación personal, la que le empujó a estar diez minutos en la cara de un toro que apuntó a brusco, descompuesto y reservón pero que, en las manos de un experto en el poder muletero, aceptó varias tandas de derechazos aceptables y naturales puros que devolvieron a Julián el crédito artístico que tan pronto volvería a perder.

El por todos respetado Padilla arrebató hoy un puesto a uno de los toreros jóvenes que sigue San Fermín en el sofá de su casa. Sorteó el jerezano un lote de tres orejas y media con el que no supo estar a la altura. Fue el abreplaza un toro suave en sus embestidas, templado desde su salida, que no tuvo excesivo motor pero embistió, especialmente por el pitón izquierdo, con clase y buen son. El 'pirata', mote de luchador ganado a pulso en corridas duras, no puso sentimiento a una faena de enganchones y tirones que estropeó al toro irremediablemente.

El cuarto fue de dos orejas por su calidad, ritmo y empuje. Regaló Casero embestidas boyantes, profundas, encastadas, muy entregadas. Pero Padilla respondió a tan generosa ofrenda con pases rácanos de fondo, vacíos de ética y estética, seguidos por técnicas populistas y bullangueras que hasta Pamplona en cierto momento rechazó. El viento sopló con fuerza como queriendo barrer lo que sucedía, arrastrar al retiro ya tardío a un matador en declive constante. Mermado de capacidades, sólo pudo poner actitud -a su favor, la derrochó-.

Para López Simón fue el buen tercero, abierto de sienes, bajo y de buenas hechuras aunque cuellicorto. Sin picar, se movió con nobleza y prontitud en busca de la muleta del madrileño, muy por debajo en el toreo elemental de un toro franco que lo permitió con buen son. El destartalado cierraplaza no derrochó fuerza y se movió sin definirse, informal, descompuesto, volviendo por arriba y acortando el viaje. Sólo cuando ambos toros perdieron fuelle pudo acoplarse Simón y ejecutar el toreo de cercanías, valiente, arriesgado pero poco ortodoxo que le ha puesto en el lugar del escalafón que actualmente ocupa. Puesto que pronto perderá si no lo refrenda con faenas completas. Dos temporadas. Al tiempo.


Pamplona. Martes 12 de julio de 2016. Feria del Toro. Seis toros de Victoriano del Río para Padilla (gris plomo y oro), oreja y ovación tras dos avisos; El Juli (rioja y oro), silencio y dos orejas; López Simón (grosella y oro), ovación y oreja. Nota: Tarde nublada con aforo lleno.
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