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La jerarquía del toro bravo

La jerarquía del toro bravo

Por Rubén Sánchez
jueves 16 de octubre de 2014, 18:05h
A lo largo de su desarrollo, los jugueteos irán ganando en seriedad en tanto que ganan en volumen, musculatura y defensas

En todas las poblaciones o comunidades de una misma especie, se establecen unas jerarquías marcadas en mayor o menor medida y definidas en función de afrentas en las que un ejemplar demuestra su mayor poder o dominancia frente al resto. Pues bien, entre los bovinos de raza de lidia, estas jerarquías son muy marcadas, especialmente entre los machos adultos.

Además de por su instinto natural, recordemos que la selección efectuada para mantener y potenciar los caracteres psicológicos de bravura agrava la marcada jerarquía en la piara de toros adultos, etapa en la que la lucha por la dominancia es la más encarnizada. Pero todo ello no deja de ser un proceso que viene desde que los becerros son destetados, es decir, dejan de gozar del abrigo y protección de su progenitora para pasar a convivir con el resto de los ejemplares de su mismo sexo y edad, y aunque jugueteando, desde añojos ya aprenden a enfrentarse testuz con testuz, y también tanto a engallarse si vencen como a escapar tras la derrota.

A lo largo de su desarrollo, estos jugueteos irán ganando en seriedad en tanto que ganan en volumen, musculatura y defensas, llegando a ser enfrentamientos largos ya en la época de utreros, y duramente encarnizados luchando a muerte una vez son cuatreños en adelante.

Entre las hembras, sin embargo, es difícil ver una pelea. Tiene que darse alguna situación especial, ya sea de clima o lunas, o porque alguna quiera criar el becerro de otra, le peguen a su cría o simplemente que se dé un caso excepcional de vaca de mucho carácter, pero no es habitual verlas marcar dominancia de este modo. Quizás, además del instinto propio de su sexo, influya el que conviven ejemplares de un amplio abanico de edades, lo que da supremacía a las mayores, entrando en juego más que la jerarquía del hato, la jerarquía familiar y, por supuesto, también influye la presencia de un macho semental con ellas, infundiendo su mando sobre la piara.

Pero como decimos, también ellas tienen su dominancia, puesto que no sólo en las peleas y enfrentamientos se marca el poder que da lugar a ostentar el mando, hay otros factores, como por ejemplo, la prioridad en cuanto a la alimentación, estando las que comen primero y a las que apenas dejan probar bocado, y prioridades también a la hora de escoger los terrenos frescos o resguardados. Algo que sucede tanto en los machos como en las hembras.

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