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Perera: lo que pudo ser y no fue

Perera: lo que pudo ser y no fue

jueves 16 de octubre de 2014, 18:03h
Era difícil no pensar que el zambombazo de Perera supusiera una reacción inmediata por parte de los Juli, Castella, Talavante, Manzanares y Morante

Pasaban las nueve de la noche de aquel 3 de junio. Era el preciso instante en que algunos creíamos que se iba a producir un giro definitivo y esperado en el transcurrir de esta generación de toreros. Que de una vez por todas, íbamos a abandonar esta generación de figuras del compadreo. Que había saltado una chispa en el bidón de gasolina que iba a remover todos los cimientos del "stablishment". Era el momento en que Miguel Ángel Perera paseaba pletórico por Las Ventas los trofeos de "Revoltoso", de Adolfo Martín, tras una faena rotunda de torero en plenitud. Era la culminación de una valiente apuesta de Perera.

Y es que a principios de esta campaña, el extremeño había sido el primero en levantarse de la cómoda tumbona donde se instalan los mandamases del toreo desde Olivenza y de la que no suelen bajarse hasta allá por San Lucas, en Jaén. Sin saber demasiado bien cómo ni por qué, si atendiendo a las exigencias del que pasa por taquilla, si por un motivo de satisfacción personal o por intentar provocar reacción entre las figuras, lo cierto es que Perera se apuntó por derecho al encaste Albaserrada, en versión Victorino y Adolfo, más una tercera con la menos novedosa Victoriano del Rio. Vaya usted a saber por qué al final quedó fuera de la corrida de Victorino, circunstancia lamentable porque "el paleto" sacó a la palestra seis "cárdenos" de temperamento y poder como no se recordaban en años, y el extremeño sólo cuajó su apuesta por Adolfo Martín. Y justo fue reconocérselo, porque es de ley aplaudir su osadía en pegar el puñetazo de la mesa, que es lo que algunos llevamos pidiéndoles desde hace mucho tiempo. Por lo pronto no había más remedio que agradecer y loar el paso delante de Perera. Que conste en acta.

La afrenta no pudo terminar mejor. Dentro de una corrida muy decepcionante de Adolfo Martín, salió en sexto lugar "Revoltoso", un galán de imponente seriedad que tuvo mucho que torear y presentó dificultades por tardo y escaso recorrido. Allí estuvo Perera, exultante, desengañando la orientada embestida del "albaserrada", con una firmeza apabullante, tirando de la embestida con pulso milimétrico hasta conseguir una obra magna. Más allá de gustos sobre su concepto del toreo, allí quedó la demostración patente de que al de La Puebla de Prior le sobran agallas y poder para poner de acuerdo a todo el mundo con un toro que pone el triunfo mucho más caro que los que acostumbran a matar. Es un hecho que a día de hoy la gran mayoría recuerdan con mayor entusiasmo la faena a "Revoltoso" que la faena al toro de Victoriano del Rio, también premiada con el doble trofeo, pocos días antes. Y lo recuerdan precisamente porque en la segunda tarde no hubo lugar a la sensación del toro obediente, tontorrón y manejable que hubo en la primera.

El incontestable triunfo se había citado en el momento justo y oportuno, con prácticamente toda la temporada por delante y la afición ejerciendo presión para que las figuras entren en liza con otras ganaderías. Era difícil no pensar que el zambombazo de Perera supusiera una reacción inmediata por parte de los Juli, Castella, Talavante, Manzanares y también, ¿por qué no?, del propio Morante. Confiábamos en que aflorara el orgullo y la vergüenza torera que se les supone para no quedarse a la zaga del desmarque de Perera. Sin embargo, pasaron los meses y no pasó casi nada. Sí, de acuerdo que El Juli mató una de La Quinta en Bilbao que resultó ser un tostón, lo cual no deja de tener su gracia si comparamos la casta que sacan cuando las matan los Robleño, Aguilar... y lo endebles que resultan cuando las figuras están en el ajo. Gestas de verdad, de las que tienen verdadero sentido de reivindicación, ni una. Ni Perera se apuntó a más hombradas ni sus compañeros quisieron devolverle el arreón. La faena a "Revoltoso" quedó como un oasis en el desierto y, como dijo Sabina, "la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido". Porque realmente la Tauromaquia no tiene mucho sentido si los que tiran del carro de la temporada firman desde febrero un pacto de no agresión que garantice una temporada de triunfos fáciles en su coto privado de toro chico y billete grande.

Aquello fue una auténtica pena porque Perera lo tuvo, con perdón, a huevos. Hubiera bastado con repetir ese mismo gesto en otros puertos de primera, caso de Bilbao, Valencia, Logroño, Pamplona, Albacete o Zaragoza, con algunas de esas ganaderías que no acostumbran a matar y que, como en el caso de San Isidro con Adolfo Martín, provocaría verdadero interés entre los que se dejan "el manso" en taquillas. De verdad que es una pena porque Perera se podía haber situar a años luz de sus compañeros, reventar este sistema mediocre, a la par que se pudo ganar el respeto de toda la afición y dejar en absoluta evidencia a sus colegas de poltrona, que en ningún momento demostraban el más mínimo interés en darle caza al extremeño. Porque ahora, imagínense que Perera se hubiese apuntado a Miura en Pamplona y le hubiese tocado en suerte el gran "Olivito". O que hubiera pedido la de Cuadri en Valencia y se hubiera encontrado con el tremendo "Trastero". O en Mont de Marsan con una gran corrida de Victorino Martín. Incluso volver a Las Ventas por septiembre para dar buena cuenta de la corrida de Partido de Resina cumpliendo sus deberes como figura para ayudar en la recuperación de una ganadería emblemática. O hacer un correcto uso de su poder para pedir alguna corrida de ganaderías en estado de gracia como Cebada Gago, Baltasar Ibán o Pedraza de Yeltes en alguna feria relevante. ¿Acaso estamos hablando de cosas imposibles? Yo creo que no. ¿Qué hubiera pasado si Perera le hubiera dado continuidad a su gesta isidril en todos los puertos de primera categoría de la temporada? Existen dos respuestas y las dos son favorecedoras para la Tauromaquia: si hubiera habido reacción por el resto de figuras, habríamos visto una temporada con encontronazos a cara de perro con ganaderías exigentes en plazas de importancia, lo cual podría ser lo más parecido a la panacea que pudiésemos encontrar. Y si no hubiera habido reacción, Perera se hubiera convertido, con absoluta justicia, en el auténtico G1 del escalafón, el "special one", el abanderado de una Tauromaquia auténtica y clásica, la Tauromaquia que fue toda la vida; la de las figuras dando buena cuenta de las ganaderías más respetadas.

Pero, por desgracia, todo continuará como hasta ahora. Como esas cosas que no tienen mucho sentido. Una autentica pena.

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