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Santander

Éxtasis en vena
(Foto: Prensa El Cid)

Éxtasis en vena

El Cid indultó a "Madroñito", de Adolfo Martín. Ni juicios ni prejuicios en cuanto a la benevolencia del indulto. Fue un gran toro y lo disfrutamos. Incierto hasta las banderillas, dudando, midiendo, esperando, bajo las órdenes de El Cid explotó.

domingo 31 de julio de 2016, 00:43h
El cielo color albaserrada, como la genética del hierro titular, presagiaba poco bueno. Así que acostumbrada a los días de playa nítidos en el sur y a los toros con sol y moscas, mi predisposición en medio del aguacero era más bien nula. Sólo la bohemia de mi amigo Nacho, que camino de la plaza igual pincha un temazo de los Burnings que el pasodoble de Curro Romero, me animó mínimamente. Lo contrario les sucede a los santanderinos, perfectamente adaptados a los incordios climáticos, los cuales no les ocasionan la mínima molestia en sus actividades, cotidianas y lúdicas. Así que los oriundos, haciendo gala de reducto torista norteño, afrontaron la tarde con el ánimo a favor de la corrida de Adolfo y de Manuel Jesús "El Cid".

Adolfó Martín mandó a Cuatro Caminos un encierro parejo, atlético, en tipo, estrecho de culo, descarado, de cornamenta más aparatosa que ofensiva.

Fue "Madroñito", burel de antigua estampa, un toro que pasará a la historia, puesto que su embestida franca y repetitiva le valió la absolución y la gloria. Incierto hasta las banderillas, dudando, midiendo, esperando, bajo las órdenes de El Cid explotó. Si tantas veces los toros buenos le piden el carné a los toreros, Manuel Jesús en esta ocasión estuvo sobradamente a la altura, llevándolo hipnotizado a ras de los vuelos de la muleta. El diestro de Salteras planeó una faena más de sobriedad castellana que de gracia andaluza, que empezó despegada y concluyó con la máxima intensidad tras una soberbia tanda de naturales y un ejercicio de toreo hondo, largo, limpio y de mano baja. La plaza patas arriba. Ni juicios ni prejuicios en cuanto a la benevolencia del indulto. ¿Qué mas da? Fue un gran toro y lo disfrutamos. No sé si en su segundo El Cid podía dar más de sí o estaba en pleno bajón de la resaca de emociones. Se mostró desconfiado con "Cocinero", que cabeceaba, se revolvía y se quedaba corto. Ni el toro quería fiesta ni el se la dio.

Miguel Ángel Perera ha mostrado toda la tarde su mejor versión. Al segundo toro, parado y desentendido, que iba detrás de la muleta igual que podía ir a darse un rule por Cañadío, le plantó cara esforzado, firme, valiente, sosegado. La misma fue la tónica de la faena al quinto, de casi seis años y bastante más calidad aunque se apagó. Firmó con dominio y capacidad, porque sabe, quiere y puede. Construyó una faena medida y hecha a medida sobre la quietud, el mando y el temple. Las ganas de agradar le llevaron a concluir en redondos y entre los pitones. Lo liquidó a la segunda intentona de media estocada. Entre lo desagradable de la lluvia mojatontos y que el ambiente estaba entregado a la causa del torismo, no le hicieron ni caso, oye.

Si dio la impresión de que los animales no llenaban el esqueleto, lo propio le sucedía a Talavante con su precioso terno rioja y oro. Con probaturas recibió de capote a su primero y comenzó la faena en el tercio, en su afán de enseñarlo a embestir. Tras arrear en banderillas, la acometida continuó siendo probona, a regañadientes, sin implicación. Pese a todo, quiso con la muleta en la zurda y la mano baja, sin saltar la chispa porque no hubo ligazón ni continuidad. También con la más fea bailó con el manso sexto, que también decía que antanas. Ni confiado, ni cómodo, ni seguro lo acompañó más que obligarlo, porque se colaba, quería pirarse y así lo hizo. Lo peor fue la estocada subcutánea y finalmente lo finiquitó de dos descabellos.

Si pulcro en la lidia e impecable con las banderillas estuvo Curro Javier, quien se desmonteró, tremendamente profesional y eficaz fue Pirri, a quien Julio López estará eternamente agradecido por el quite que lo ha librado del hule y la enfermería.


Santander. Plaza de toros de Cuatro Caminos. Feria de Santiago. Sábado 30 de julio de 2016. Séptima de abono y última de feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Adolfo Martín, bien presentados, destacando el juego del primero (indultado) y el quinto (terminó parándose). El Cid, vuelta al ruedo en el indultado y saludos. Salió a hombros; Miguel Ángel Perera, silencio y saludos; Alejandro Talavante, saludos y silencio.
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