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Bilbao

Yo ya no vuelvo

La descastada y desfondada corrida de Victorino echó por tierra todas las esperanzas. Sólo se movieron el primero, al que Curro Díaz toreó por el pitón izquierdo con naturales soberbios; y el segundo, que no obstante se desfondó pronto tras tandas largas y de mano baja de Ureña.

Por Íñigo Martín Apoita
viernes 26 de agosto de 2016, 00:34h

Si alguien sabe de toros son los espectadores ocasionales que sólo aparecen en la plaza para carteles de postín o para lucir camisa y puro en los días grandes de las fiestas locales. En esos días aprovechan para empalmar vinos, comida, copa y toros, eventos todos ellos festivos que culminan en una cena y una fiesta nocturna. Los espectadores noveles dan en la clave aunque desconozcan los tecnicismos que los aficionados utilizamos para encontrarla.

La señora novel que vio la sexta de las Corridas Generales a mi derecha supo resumir el petardo de Victorino Martín en una frase cuando yo ya pensaba en el titular de tan decepcionante corrida. Y ya saliendo, con cara de circunstancia, señaló: "yo ya no vuelvo". Normal. Con el choque de frente contra el muro de la falta de casta vivido en la plaza, raro será el aficionado que aún sea capaz de conservar ilusión por el resto de la feria. Sólo una noche de reposo puede permitir recargar pilas y asistir a los próximos coloquios matinales con otra actitud. Porque hoy, desde luego, todo es negativo.

La descastada y desfondada corrida de Victorino Martín echó por tierra todas las esperanzas. Sólo se movieron el primero, Portero, al que Curro Díaz -en sustitución de Escribano- toreó por el pitón izquierdo con naturales soberbios que no terminaron de llegar el público. Tampoco entendió el tendido la medida de longitud de las faenas de Curro, y se escucharon ligeros pitos cuando decidió tomar el estoque tras veinte muletazos de trazo largo y gusto torero marca de la casa. La costumbre de faenas eternas rozando o escuchando los avisos ha formado en ideas erróneas al público general. Ya nadie sabe que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

También se movió el segundo, que no obstante se desfondó pronto tras tandas largas y de mano baja de Paco Ureña. Quizá no fue lo más inteligente exigir tanto desde tan pronto a un toro que no fue ningún prodigio en el caballo ni ningún ejemplo de fortaleza animal. Tras cuatro tandas se vació el fondo de petróleo de Petrolero y ni la actitud de Ureña pudo salvar el declive que ya nos encaminaba hacia el abismo del aburrimiento.

Tan poco contenido tuvo el resto de la corrida que ni profundo análisis merece: el tercero se orientó por el pitón derecho y sólo permitió naturales de Curro Díaz, inseguro, irregular, periférico; el cuarto se defendió sin brío ni alegría ni prontitud ni casta ni fuerza -Ureña tiró de él mientras pudo-; el quinto humilló y se desplazó con buen tranco pero sin entrega ni empuje, tónica dominante de la corrida, ante un Curro simplemente superior; el sexto no se dignó tan siquiera a pasar, sino que eligió topar con la muleta de un Ureña de nuevo voluntarioso pero sin opción.

Para olvidar.


Bilbao. Jueves 25 de agosto de 2016. Toros de Victorino Martín para Curro Díaz, saludos, silencio y división de opiniones; Paco Ureña, saludos, silencio y silencio.
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