www.purezayemocion.com

Bilbao

Barbadura para salvar los muebles
Ampliar
(Foto: Prensa José Garrido)

Barbadura para salvar los muebles

El quinto de la tarde, Barbadura de nombre, bravo de libro, toro de Bilbao. En trapío y comportamiento. Y Garrido, aun algo fuera de cacho, pudo emocionar a Bilbao y cortar una oreja que le vuelva a relanzar. Tarde de casta torera del extremeño.

Por Íñigo Martín Apoita
sábado 27 de agosto de 2016, 00:24h

Cuando se conoció la ausencia de Roca Rey en su segunda comparecencia programada en Bilbao, Julián Guerra, apoderado de López Simón secundado por la casa Matilla, decidió descolgar el teléfono con una exigencia: que el sustituto abriera el cartel. La idea, incomprensible a todas luces por ser López Simón director de lidia en el original, cuajó con la excusa de que esto era una simple excepción para el llamado "cartel del siglo XXI". La Junta Administrativa y la Casa Chopera barajaron la posibilidad de Juan José Padilla, también apoderado por Matilla, que afortunadamente quedó descartada con celeridad. Y no encontrando ningún torero joven lo suficientemente veterano para haber tomado la alternativa antes que Alberto López Simón, para conservar la filosofía del cartel, se decidió dejar la tarde en un mano a mano. Julián Guerra salía ganando: su torero cobraba más, evitaba otro joven que pudiera arrear y tenía otra oportunidad para triunfar. La Casa Chopera no podía decir que no: López Simón matará seis toros en Salamanca, una de sus plazas, en una corrida de la que sería demasiado sencillo presentar un parte dudoso y llenar de papel la taquilla de la plaza.

El descontento entre la afición fue tal que el paseíllo rompió hoy en Bilbao con pitos y palmas de tango que sólo un toro pudo acallar: fue el quinto de la tarde, Barbadura de nombre, bravo de libro, toro de Bilbao. En trapío y comportamiento. Fue su pelea en varas entregada y con fijeza, su empuje partiendo de los riñones, su clase evidenciada en la humillación con que apretó al jaco. Se dolió en banderillas pero apretó a pesar de la lidia pésima que recibió. En la muleta fue listo por el pitón derecho, orientado y de recorrido escaso, como los bravos de verdad. Se quería comer los trapos por el pitón izquierdo: embistiendo por ese lado hizo el avión de salida y tuvo en la muleta el ritmo necesario para ser un toro de escándalo. Un portento de bravura, un derroche de casta. Su muerte en los medios, peleando por tenerse en pie, confirmó las sospechas: Barbadura moría como el principal candidato al Trofeo al Toro más Bravo.

Garrido tardó en ver el pitón izquierdo exquisito que tenía el compañero de faena. Tras tanteo con la derecha y más de un susto cambió de mano e hilvanó dos tandas de naturales en las que cuajó las embestidas con riñones encajados y muletazos rematados detrás de la cadera. Barbadura siguió con nobleza y entrega la muleta en trayectoria curva, sus costillas crujiendo, su hocico por la arena. Y Garrido, aun algo fuera de cacho, pudo emocionar a Bilbao y cortar una oreja que le vuelva a relanzar. Barbadura, ese toro de vuelta al ruedo que Matías no quiso ver. Ese toro ante el que cualquiera estaría por debajo, como Rincón estuvo por debajo de Bastonito.

Lo demás de la séptima de las Corridas Generales giró en torno a una interesante corrida de Torrestrella. Con poca transmisión y mucha inteligencia se movió el abreplaza siguiendo la muleta de López Simón, unas veces cosida al hocico -las menos-, otras con vida propia. Cuando toreó sin toro Alberto se coló Espumoso, porque no era la tonta del bote. El descabello saltó al tendido y mandó a un aficionado herido leve a la enfermería, así que entre la bronca, el miedo y el susto, López Simón tuvo un ataque de ansiedad que fue atendido por los médicos tras pasaportar al inválido tercero con más pena que gloria, y de ahí viajó al hospital para más pruebas. El chaval de Barajas sólo es culpable de seguir con su apoderado, y lo será mientras le siga pagando.

Ante la papeleta de matar los tres últimos toros de la corrida puso Garrido la voluntad y la casta torera que aún no habíamos visto en una falsa "feria de los jóvenes". Se dejó todo en el segundo, con el que salió toreramente a los medios y dio el tiempo justo entre tanda y tanda. En el centro del ruedo discurrió una faena de tirar del encastado con firmeza de plantas y un valor descomunal que quedó confirmado con el arrimón final. El arrimón de quien se sabía entre la espada y la pared en un juicio continuo. Porque esta es para Garrido la feria más importante de la temporada.

Ovacionado ante su primero, José Garrido decidió seguir arreando. Y fue el cuarto, una prenda que repuso por el izquierdo y aburrió por el derecho, cuando lo vino a demostrar. Más confiado en los derechazos que al natural, por el que no obstante empezó la faena, hizo de las medias embestidas embestidas enteras, se echó encima para unas manoletinas sin espada que su chaquetilla pagó con dos cicatrices y se tiró a matar con tal decisión que hasta contraria quedó la espada. No hubo premio a pesar de la petición -insuficiente, pero exactamente la misma que recibió Padilla por su faena de mantazos ante un toro importante del Puerto-. Tras la épica lucha con el quinto, Barbadura, se armó de paciencia con el pesado e inválido sexto -incluso fue a portagayola derrochando ganas y coraje-. Lástima que, con Corderito pegado al piso, sólo cupiera abreviar y marchar al hotel con la certeza de haber matado con relativo éxito al toro más bravo de la feria.


Bilbao. Viernes 26 de agosto de 2016. Tarde de sol y nubes con media plaza. Toros de Torrestrella para Alberto López Simón (tabaco y plata): ligeros pitos tras aviso, silencio; José Garrido (nazareno y oro): ovación tras aviso, vuelta al ruedo tras aviso, oreja y silencio tras aviso.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+

1 comentarios