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Salamanca

Grado en Experiencia y Sabiduría

Ponce abrió la Puerta Grande con sapiencia y voluntad a partes iguales. Ovación sentida recogió Javier Castaño al término del paseíllo, justo tras el minuto de silencio que emocionó desde el cielo a Alipio Pérez-Tabernero. Garrido cortó una oreja con actitud y entrega.

Por Íñigo Martín Apoita
martes 13 de septiembre de 2016, 23:50h
La experiencia es un Grado con mayúscula que ninguna Universidad imparte salvo la callejera, eso que llaman la escuela de la vida. El Grado en Experiencia y Sabiduría Taurómaca forma ya parte del currículum de Enrique Ponce, el maestro supremo del escalafón actual en un momento insuperable de su carrera. 25 años después, Ponce es el mismo chaval.

Hoy abrió la Puerta Grande de Salamanca con sapiencia y voluntad a partes iguales. Con la primera toreó a su primer Pilar, soso, parado, aburrido, no justo de fuerza sino de casta, empuje, motor. Puso Ponce la muleta en la cara, el trazo largo cosido al hocico, también el pico que descarga, la pierna que torea apuntando a la trayectoria de salida del toro, el cuerpo al hilo del pitón. A esta conjunción sumó su empaque característico, su elegancia torera y su estilo personal para cortar una oreja con una estocada entera. Voluntad puso ante su segundo, toro al que desorejó. Con movilidad se movió moviéndose el móvil Bellito, no por ello bravo ni encastado -cumplió los requisitos de lo contrario-. Entendió Ponce el equilibrio entre terrenos a favor de obra y resguardo del viento, acuciante y molesto, para torear al natural en paralelo a las tablas con el gusto que él imprime, con el arte que derrocha. Llegó más porque asumió menos ventajas en una faena que fue a más y que explotó tres tandas antes de tomar el inefectivo estoque: un desarme y un pinchazo precedieron a una estocada tendida. Al pueblo repleto de Patrimonio que es Salamanca no le importó; parece mentira que aún hoy, pudiendo pasear por su tierra y admirar arte de valor incalculable, los salmantinos sigan agitando pañuelos alocadamente tras faenas notables, con fases excepcionales, pero de una altura artística infinitamente inferior. El doble premio fue la consecuencia.

Ovación sentida recogió Javier Castaño al término del paseíllo, justo tras el minuto de silencio que emocionó desde el cielo a Alipio Pérez-Tabernero. El salmantino sustituyó a Talavante, porque más vale tarde que nunca pero a buenas horas, mangas verdes. Bonita fue pues la bienvenida: las palmas incansables, estruendosas y contundentes de la plaza de toros de Salamanca. Las palmas de su plaza. La admiración de su plaza. Fue el segundo un manso redomado que buscó más tendido y toriles que muleta y torero, siempre a sus asuntos, como ajeno a quien trataba de interactuar con él. Quiso jugar el viento para incomodar a un Javier Castaño que rehusó verlo como excusa: sin gestos ni protestas abiertas fue a la cara del toro y lo movió -no toreó- tanto como pudo hasta que el cabrón se orientó. Matar a Medilonillo fue un suplicio por sus ansias de torero que dieron como fruto una voltereta y un pisotón en los testículos que debió de doler más que una cornada en la femoral. El quinto tuvo brío y alegría en sus boyantes embestidas iniciales, luego tomó como costumbre mirar a la grada entre pase y pase y terminó por deslucir más una faena de inferioridad de Castaño: todo fueron dudas, inseguridad, mano a media altura y toreo hacia arriba. No acusó esa falta de sitio en la espada cuando un estoconazo mandó al limbo a Potrico. La estocada, el conjunto o haberse criado en Salamanca valió una oreja.

La irónica sorpresa de la tarde fue José Garrido bailando con la fea. Cortó una oreja hecha en casa al cierraplaza, de justo recorrido ya desde el capote, sin transmisión, cazador de moscas por el pitón izquierdo. Valor, entrega, disposición y actitud. Irreprochable. Tiró de Alambisco como si no hubiera mañana, quizás porque de hecho no lo habrá si las corridas no se cuentan por orejas. Con ese premio y la sensación de capotero nato que dejó tras una tarde excepcional con el trapo fucsia -chicuelinas y verónicas como epicentro- pudo redimirse de la vacía faena al tercero, soso, pegado al piso, aburrido. Comienza la escalada.


Salamanca. Martes 13 de septiembre de 2016. Tarde de sol y frío con media plaza larga. Toros de El Pilar para Enrique Ponce (sangre de toro y oro), oreja y dos orejas tras aviso; Javier Castaño (nazareno y oro), ovación y oreja; José Garrido (grosella y oro), silencio y oreja tras aviso.
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