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Salamanca

Rebajas en septiembre

Dos orejas a Perera, que debió ser una, de un toro de carretón. No fue ese el toro de la corrida. Relamido, el más bravo y completo, hizo tercero y cayó en suerte a Ureña.

Por Íñigo Martín Apoita
jueves 15 de septiembre de 2016, 23:56h

Cerrar el epicentro de la Feria de la Generosidad de Salamanca requería al menos de un regalo como sólo en esta ciudad saben: con excesivos pañuelos al aire, orejas, vueltas al ruedo y de cuando en cuando indultos. La nueva víctima del populismo taurino tuvo que ser Perera, que desorejó a Brivón, segundo de la tarde. Cumplió en banderillas embistiendo con humillación al capote justo tras empujar sin emplearse al jaco que pilotaba desde los mandos Ignacio Rodríguez. Pilotó más que picó, porque la fuerza con que apretó la puya fue semejante a la que tuvo el toro: nula. Con humillación y recorrido persiguió los trapos suaves y templados de Perera, candentes sus muletazos, vertical su figura. Descargó la suerte para expulsar las embestidas del carretón venido a menos que, aburrido, marchó de cada tanda mirando al tendido, como deseando unas almendras de las que los vendedores reparten en plena faena, o quizás un gintonic como los que los camareros sirven con el toro en el ruedo. Porque para ellos sí está abierta la puerta de acceso al tendido. La pela es la pela.

Total, que en Salamanca la notable faena de Perera, aplastantemente superior al carretón, no fue una oreja fuerte sino una estándar (la impuesta por el Real Decreto Orejil) y una de regalo para engrosar el currículum y sacar a alguien por la Puerta Grande. Se pidió y concedió la vuelta al carretón manso sin fondo, porque las rebajas comienzan a ser para ambas partes, y el indigno juez es compinche de la acusación popular.

No fue ese el toro de la corrida. Relamido, el más bravo y completo, hizo tercero y cayó en suerte a Ureña. Pelea encelada en varas -a las costillas cayó el horrible primer puyazo- y alegría en banderillas precedieron la casta, transmisión, humillación y clase mostradas en el tercio de muleta. Con fijeza mantenía el sitio entre tanda y tanda; con empuje de riñones pegaba la pronta arrancada a la muleta ofrecida por Ureña. Tras cuatro muletazos recortaba el viaje el bicho, pidiendo tandas de alta exigencia pero corta duración. No supo verlo el murciano como no supo dar distancia y el ajetreo mental se plasmó en el ruedo con el nulo acople que dejó la faena en una oreja frente a un toro que, con el criterio de Salamanca, debió salir rabón.

Por su propio pie salió Espingardo, desde hoy enemigo póstumo de Castella. Quizás para tapar la sosería frente al incómodo y desfondado primero trató el francés de lucirse frente al manso cuarto, bajo de agujas, montado. El tercio fue elección errónea de terrenos y en dos tandas cantó la gallina Espingardo; decidió entonces Castella que donde quisiera el toro sería la faena, y hasta el dos fue al trote persiguiendo al gran evasor. Decenas o centenas de pases sin sentimiento ni objetivo aburrieron al respetable, pero ahí siguió Castella con ahínco e insistencia, hasta escuchar el primer aviso toreando y el segundo tras un pinchazo hondo. Volvió a tomar la espada con el mismo resultado antes de pedir el descabello para montar una sangría antitaurina en el cuello del burel. Los tres avisos y la ruta al desolladero fueron la salvación que le otorgaba una muerte más digna que el asesinato frustrado del francés.

No tuvo película el resto de la corrida porque no acompañaron los restantes Montalvos. Con la fuerza muy justa se desplazó el quinto hasta que se aburrió, perdió el fondo, la casta, la esencia de bravo. Por manso se abría exageradamente en el embroque y dejaba a Perera desnudo, al hilo del pitón sin culpa de estarlo. Anduvo con soltura y superioridad (el vertiginoso arrimón final lo confirmó) para despachar al animal con dos pinchazos en la paletilla. Más digna muerte tuvo el inválido sexto, no por ello devuelto, que el juez mantuvo en el ruedo para enfadar a público y torero. Menos mal que sus regalos diarios justifican su presencia en el palco.


Salamanca. Jueves 15 de septiembre de 2016. Tarde de nubes y frío con tres cuartos de plaza. Toros de Montalvo para Sebastián Castella (azul marino y oro), silencio y ligeros pitos; Miguel Ángel Perera (verde esperanza y oro), dos orejas y silencio; Paco Ureña (rosa y oro), oreja y silencio.
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