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¿Qué pasó en las plazas de @ChoperaToros?
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(Foto: Chopera Toros)

¿Qué pasó en las plazas de @ChoperaToros?

Para quienes somos, sentimos y ejercemos de salmantinos resulta doloroso ver y escribir que nuestro ciclo se hunde y lo que le cuesta reflotar. Aquí algunas ideas: emoción del trapío, palco, entradas... Autocrítica y un poco de I + D + I.

martes 27 de septiembre de 2016, 14:43h
Que si viene JT. Que si existe la conversación y el compromiso pero no está firmado y finalmente la estrella de Galapagar acaba en Valladolid, para regocijo y hucha de posadas y taberneros pucelanos. Que si toda acción provoca una reacción, y la empresa de Salamanca echa el resto y planifica una feria de relumbrón con casi todas las figuras. Que si antes, en Bilbao y con la Junta Administrativa y la feria en entredicho, otro guirigay porque un mito del torismo se precipita en caída libre y cada año va menos gente. Que si después, en Logroño, el día de la corrida de Victorino y cuando casi se indulta un toro, había menos de un cuarto de plaza.

Salamanca tiene la costumbre de vivir de rentas, universitarias y taurinas. Para quienes somos, sentimos y ejercemos de salmantinos resulta doloroso ver y escribir que nuestro ciclo, con motivo de la Virgen de la Vega, se hunde y lo que le cuesta reflotar. No se trata sólo de que carezca de atractivo para los aficionados de otros lugares que van de feria en feria, es que los propios taurinos salmantinos exiliados por trabajo, quienes vuelven a casa por Navidad, en septiembre no hacen ni intención. Y lo que es peor, los autóctonos también han ido desertando y el adiós parece definitivo. Por el contrario, sería injusto no hacer un guiño de optimismo a Juventud Taurina, asociación muy espabilada que ahora celebra su primer aniversario. Porque “juntos por una pasión” se lo curran y se mueven como nadie.

En el pasado ciclo han sucedido un montón de cosas. Alejandro Marcos, sobrio y lígrimo, sigue pidiendo paciencia, que le esperemos dice. David Salvador, a quien José Pacheco había prestado un traje de Leandro para su debut (que acabó como si regresara de la guerra) sorprendió saliendo a dejarse matar, arrebatado de ganas e impulsividad. Juan del Álamo ha sido el triunfador pimpante con una de las tardes más importantes de su carrera al indultar a Higuero, de Domingo Hernández; aunque tras dos años de metamorfosis, ¿dónde está ese torero que se rompía y se abandonaba y era predilecto en Santander? La faena de la feria lleva el sello de Perera, lección conceptual, de poder y fundamento, de temple y de quietud, de toreo de entrepierna con un toro de vuelta al ruedo de Montalvo (de nombre Brivón). Ponce, quien además fue el perfecto director de lidia, como cada tarde, sigue empeñado en demostrar, 26 años después, que cada uno está donde está por algo. Recordaremos a José Garrido por enroscarse al toro con el capote al compás, con poder y primor, del tercio a los medios. Y a Morante por momentos insuperables en lucidez e inspiración. Así mismo, sobresalieron por bravos “Despertador” de García Jiménez (visto en vídeo) y “Relamido” que también se embarcó en Linejo. No vi la encerrona porque estaba en otros menesteres, en concreto, atendiendo a la marabunta en un caos provocado por unas mulillas desbocadas.

Este es un mini brain storming particular sobre el poco aliciente, con el consiguiente desprestigio, para propios y extraños, de La Glorieta:

1. La emoción es la cualidad esencial que sustenta la tauromaquia y comienza en el trapío. Cada corrida, toro a toro, se comportará según los designios divinos y de la genética, pero la dignidad de un ganadero está en la presentación y la de una plaza en el tipo de toro y en lo que de él se espera. Sin caer en el torismo acérrimo, en el coso del campo charro, cuna, realidad, potencial y leyenda de hierros y divisas, la importancia que se le da al toro es testimonial. Además, matadores tan solventes y que parece que todo lo pueden como Ponce, Julián o Perera brillarían más con toros más exigentes. Que cunda el ejemplo de Albacete.

2. Nos vendría fenomenal un torero que despierte interés e ilusione más allá de lo fraterno y del patio de vecinos, con visos de figura arrolladora. En los años posteriores a Pedro Gutiérrez Moya todos los nuestros han apuntado, en el orden natural de sus cualidades, sin disparar, prometiendo sin comprometerse.

3. La seriedad y el rigor en el palco. Ni protagonismos a costa de ir de duros por la vida ni todo vale y vivan los inválidos y el festival orejil. Lo mejor que hizo Ramón Sánchez Miguel fue no suspender la corrida del día 13, tras caerse del cartel Talavante y Roca Rey, cuando a las 12 de la mañana diluviaba (por la tarde, estaba previsto que escampara y así fue). Ejercer de presidente no es una obligación, así que quienes no tengan capacidad para ignorar prebendas y resistir presiones, ni de tratar de ser justos reglamento en ristre y defendiendo los intereses del público deberían irse. Ya sé que es una utopía. Las endorfinas del poder.

4. El precio de las entradas. Otra utopía. Esta, como tantas otras, es una plaza bien cara (pasen y vean). Ningún día se ha llenado el aforo, con una gran afluencia en los festejos gratuitos (el tentadero público y la novillada de la escuela taurina). De esto se deduce que el problema de pasta es mayor que la escasez de afición. Con un serial de 6 festejos, la desolación ha definido los tendidos 3 y 4, sol, permanentemente vacíos. Contar con JT habría sido popular y populista, fantástico por el impacto económico para la ciudad y quizá como golpe de efecto puntual en las arcas de Chopera, pero no hubiera servido para nada como estrategia para revitalizar la feria a medio plazo y que vaya a más. El plan de acción pasa imprescindiblemente por abaratar los boletos. Aunque como negocio tenga que ser rentable y no sólo sostenible, los empresarios deberían encontrar la fórmula. Un poco de I + D + i estaría bien.

5. El ambiente. En feria de Sevilla, en los bares de El Arenal se habla, se recuerda, casi se torea y se respiran ganas de ir a los toros. Aquí, al desaparecer el Gran Hotel lo hizo el punto de reunión, tertulia y encuentro. Este año, uno de los lugares emblemáticos de Salamanca, el Casino, ha hecho el esfuerzo de poner en marcha un programa de actividades táuricas a la hora del aperitivo y post-toros. Una gran iniciativa con buena acogida y que además, está al lado de dos templos donde se maridan taurinismo y gastronomía. Y por tanto, de visita obligada: Plus Ultra y restaurante Valencia. De ellos les hablaré otro día. Todo al ladito de la Plaza Mayor.

6. Los premios. No hay feria que se precie sin galardones. De los que se refieren a actuaciones concretas siempre habrá afinidades y discrepancias, así que nada que objetar. Pero hay otros que son honoríficos o meritocráticos. Reconocer a los profetas de nuestra tierra es motivo de orgullo y nostalgia, y así se hace. Pero en un ejercicio de investigación y apertura de miras conviene recordar que también hay trayectorias destacadas y suceden cosas más allá de Peñaranda. Y así, de paso, socializamos y difundimos el charrismo.

7. La pluralidad. Aquí todos nos conocemos y algunos hasta son/somos amigos. Los medios nacionales ya no vienen, y este año han elegido el doblete Valladolid-Albacete. Total, que aquí, donde se lidian toros de aquí, escriben/escribimos los de aquí. Solo nos falta tener bocio endémico. Pura endogamia.


La falta de autocrítica es uno de los problemas de este país. Únicamente quien se habla con sinceridad a sí mismo y es consciente de sus flaquezas las puede resolver. Empecemos.
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