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'Chamaco y dos más'

"Chamaco y dos más"

Hoy hace 60 años tomaba la alternativa en Barcelona el diestro onubense Antonio Borrero “Chamaco”, ídolo de la afición catalana y gran fenómeno social de su época. Sirva como ejemplo su tirón que el viejo Balañá anunciaba la siguiente corrida con una pizarra que decía: “el próximo festejo Chamaco y dos más”.

viernes 14 de octubre de 2016, 11:31h
Hoy se cumplen sesenta años desde que Antonio Borrero “Chamaco” tomara la alternativa en Barcelona de manos de su paisano, el maestro Miguel Báez Espuny “Litri”, con Antonio Ordóñez de testigo y ante toros de la ganadería de Antonio Urquijo de Federico (Murube). Aprovechando dicha circunstancia, así como la reciente publicación del libro de Antoni González (antiguo cronista taurino del periódico La Vanguardia) titulado: “Chamaco, un heterodoxo sin causa” y en base al mismo y a la escasa biografía existente repasaremos brevemente la trayectoria de Chamaco, su relación con la taurinísima Barcelona de aquellos años y su personal tauromaquia. La historia de Chamaco y la de la Barcelona taurina bien lo merecen.

Biografía
Chamaco nace en el barrio de San Francisco de Huelva el 12 de febrero de 1935, trasladándose la familia al barrio del Matadero cuando Antonio tiene apenas 8 años de edad. En el matadero de Huelva iniciará el joven Chamaco su relación con el toro. Saltando la tapia junto algún compañero las noches de luna llena. Con la complicidad de uno de los conserjes y sus “compinches” juegan a ser toreros con animales de media casta que iban a ser sacrificados, iniciando así una vocación taurina que no le abandonará durante toda su vida.

El nombre artístico de “Chamaco” le viene a Antonio Borrero de uno de los trabajos que tuvo durante su adolescencia. Antonio trabajó para un tratante de gallos de pelea repartiendo publicidad y ayudándole con los gallos. Segao, que así se llamaba el tratante, entrenaba gallos y los compraba y vendía en función de sus cualidades para la pelea. En dicho comercio, Segao tenía mucha relación con compañeros mexicanos (la pelea de gallos era y es de gran éxito en México) e intercambiaba animales con ellos. Fue dicho tratante quién descubrió así que en México a los chicos les llamaban chamacos, y empezó a utilizar la palabra para dirigirse a Antonio. Además, Segao le trajo a Antonio un sombrero mexicano con el que el joven Chamaco (parece ser) se paseaba llamativamente por Huelva, agrandando la popularidad del “mote”. Así es como nació el sobrenombre de “Chamaco”.


Chamaco torero
Chamaco como novillero con caballos irrumpe con fuerza en la plaza de su ciudad natal en 1953, cortando cuatro orejas y un rabo en una novillada el 4 de junio. Reafirmó dicho triunfo en la feria de las Colombinas de ese mismo año, convirtiéndose en un fenómeno local (torearía dos de las tres novilladas programadas). Fue repetido más veces en el coso onubense y por toda la zona próxima a Huelva, consiguiendo numerosos éxitos.

Tras triunfar en Málaga Chamaco llega a Barcelona, una Barcelona entonces taurinísima que celebraba más festejos que Madrid (al computarse juntos los festejos que se celebraban en la Monumental y en Las Arenas por llevar la gestión de ambas plazas la misma empresa, contrariamente a lo que sucedía en Madrid), pero que por aquel entonces debido a cierta indiferencia del público con el escalafón existente sufría cierta “crisis” de espectadores. Las Arenas y la Monumental, la plaza que nació con Joselito, que hizo suyo a Manolete y que lanzó a Domingo Ortega no había tenido un buen año. Bajada de número de festejos y de asistentes. Sospechas de fraude, de afeitado y un escalafón aburrido y monótono que no entusiasmaba al público barcelonés. Cuenta Antoni González en su libro que Pedro Balañá Espinós (el patriarca) no se fiaba de los fenómenos locales y no quiso contratar a Chamaco hasta que éste confirmase sus triunfos fuera de su ciudad natal (cómo así ocurrió en Málaga). Finalmente lo contrató pagándose Chamaco sus gastos y abonando 30.000 pesetas a la empresa en concepto de los novillos, además de la parte proporcional por los gastos generales de la plaza (parece ser que lo del “túnel” no es una cosa nueva en el mundo de los toros). Cuenta también que Balañá ofrecía la devolución del dinero invertido y la repetición el domingo siguiente si el novillero triunfaba. La novillada de presentación de Chamaco fue una novillada de Galache con poco público en el tendido. Chamaco impactó y triunfó, repitió al domingo siguiente aumentando el número de espectadores y recuperando el dinero invertido. Volvió a triunfar prendiendo una llama que poco después le llegó a convertir en el ídolo de la afición barcelonesa.


Chamaco y Barcelona
Es injusto minimizar sólo la figura de Chamaco a Barcelona. Chamaco fue un torero relevante de ámbito nacional. Triunfó, además de en Huelva y en las plazas de Balañá, en multitud de cosos como Málaga, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Bilbao... Bien es cierto que la estrategia llevada por su apoderado, Pepe Flores “Camará hijo”, de no presentarse como novillero en Madrid y triunfar al margen de la capital le perjudicó en el trato que recibió del público y crítica madrileña. Chamaco toreó 171 festejos en Barcelona. Sus idas y venidas del Hotel Comercio, sito en la calle Escudellers de Barcelona, al lado de la plaza Real, eran seguidas por auténticas muchedumbres. Chamaco reventaba la taquilla cualquiera que fuese el día que torease, jugaba al fútbol con Ramallets, era el protagonista de acaloradas charlas en cafés y tertulias, hacía películas y se codeaba con la clase alta barcelonesa. Balañá despertó a la afición de Barcelona, aletargada tras la marcha de Domingo Ortega y huérfanos de emociones desde Manolete, con un fenómeno que no dejaba indiferente a nadie. Tenía tantos fervientes y apasionados seguidores como ilustres y ortodoxos detractores. Sirva como ejemplo del tirón de Chamaco que el viejo Balañá anunciaba la siguiente corrida con una pizarra que decía: “el próximo festejo Chamaco y dos más”, aquello era suficiente para llenar el aforo y que la tarde fuese un hervidero en el tendido y en la taquilla.

Sobre el tirón taquillero de Chamaco en Barcelona es célebre la anécdota sucedida el 30 de marzo de 1955. Un miércoles en el que estaba anunciado el diestro onubense, por aquel entonces novillero (sirva como ejemplo el día de la semana del festejo como muestra de la extensísima programación taurina de la Barcelona de aquellos años) pero que por culpa de una cogida el domingo anterior (también en Barcelona) no podía actuar. El ingenioso empresario catalán ante tal impedimento contrató al novillero Manuel Camacho y así lo anunció en la prensa. Obviamente nadie reparó en el cambio de lugar de la “h” y la gente acudió en masa a la Monumental a ver al ídolo de la afición creándose un gran alboroto cuando empezó el paseíllo y el esperado Chamaco no aparecía por ningún lado.

La tauromaquia de Chamaco
Los toreros considerados “revolucionarios” y que según la crítica y la crónica han aportado a la tauromaquia moderna un paso más en su evolución, no lo han hecho principalmente a partir de una nueva y diferente manera de ejecutar lances o muletazos, sino básicamente a partir de dos conceptos: terrenos y distancias. Terrenos a partir de la colocación del torero respecto al toro y distancias por el espacio existente entre el cuerpo del diestro y los pitones del toro cuando éste pasa. Belmonte se quedó quieto y se pasó al toro más cerca que nadie de aquel entonces. Manolete se puso de perfil para poder acercarse y ceñirse todavía más. Y Paco Ojeda invadió directamente el terreno del toro para torearlo en una baldosa. La tauromaquia de Chamaco, independientemente de la valoración de su legado, constituye una novedosa manera de torear principalmente por eso, por los terrenos que pisa y por lo cerca que se pasa al animal. Se coloca más cerca, torea más ceñido y se queda más quieto.

Esa proximidad, ese ceñimiento y esa quietud daban al toreo de Chamaco un dramatismo y una emoción que enfebrecía al público y desesperaba a la crítica ortodoxa. Chamaco, como Belmonte, no aprendió a torear en ninguna escuela y ni tan siquiera tuvo un profesional que le formara. Cuando empezó a torear sólo había visto algún festival y poco más. Como en el caso del Pasmo de Triana la ausencia de un aprendizaje de la técnica le permitió a Chamaco el desarrollo de una tauromaquia propia, sin cánones inquebrantables, más personal, más emocional y tan creativa como heterodoxa. Sobre la base del valor, de la intuición y a través de la quietud y el ceñimiento creaba un ambiente de tragedia y riesgo que impactaba en el tendido. Un tendido ávido de emociones y un tanto saturado por un escalafón tan clásico y elegante, como monótono y aburrido. La heterodoxia chamaquista nunca se fundamentó en dar saltos, vueltas en el aire o números de “clown”. Sino en conquistar terrenos por entonces novedosos y ceñirse al toro más que nadie, además de adornar todo ello con una personal y un tanto extravagante manera de ejecutar lances y muletazos.

Durante el desarrollo de su carrera y tras sufrir numerosas cogidas, Chamaco fue perfeccionando la técnica y aprendió a torear tratando de minimizar riesgos y asumiendo una línea más clásica y ortodoxa, pero perdiendo algo de su autenticidad. Tal vez ello pudo ser uno de los motivos por los que su tirón taquillero disminuyese, así como la irrupción de un escalafón nuevo capitaneando por un arrollador Paco Camino.


Retirada y olvido
Chamaco se retiró definitivamente en 1967, toreando por última vez una corrida de Buendía en la feria de la Merced de Barcelona ante apenas media plaza. Con problemas físicos debido a las cornadas sufridas y bajo de ánimo, Chamaco se fue sin anunciarlo dedicándose a partir de entonces a los negocios inmobiliarios y de naviera mercante sin desligarse nunca de su vocación taurina. Toreó algunos festivales en Huelva y en Barcelona, fue empresario de la plaza de toros onubense y acompañó a su hijo en su carrera taurina años más tarde. También fue ganadero poniendo la ganadería a nombre de su mujer Carmen Borrero (actualmente procedencia Jandilla). Moría un 11 de noviembre de 2009 a los 74 años de edad y después de sufrir diez años de alzheimer. Su figura ha sido poco recordada y en general injustamente tratada minimizándolo a un fenómeno puntual y de ámbito sólo barcelonés, cuando fue mucho más que eso. Chamaco fue un heterodoxo, un revolucionario que impactó en la tauromaquia de entonces con enorme intensidad. Además de un ídolo en una Barcelona que hervía de pasión y de entrega taurina cada vez que el viejo Balañá ponía en su pizarra “Chamaco y dos más”.

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