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Entrevista

José Manuel Montoliú: 'Para mí es un orgullo que se me compare con mi padre'
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José Manuel Montoliú: "Para mí es un orgullo que se me compare con mi padre"

Hablamos con José Manuel Montoliú, hijo del enorme Manolo. Hombre de plata orgulloso de llevar su apellido, no vive de éste, sino de ser un muy buen profesional. Nos habla de la importancia de lidiar los toros, de la labor del banderillero en el sorteo... Y de sus sensaciones cuando torea en Sevilla.

viernes 04 de noviembre de 2016, 12:25h
Es Montoliú un apellido grande y muy respetado por cualquiera que sea mínimamente aficionado. Eso se le debe a Manolo, un torero de plata extraordinario que agigantó su leyenda dejándose la vida el 1 de mayo de 1992 en la Real Maestranza de Sevilla, mientras toreaba a las órdenes de José María Manzanares. Pero hay, al menos, otro Montoliú importante. Es su hijo José Manuel, quien ha llevado muy bien el peso del apellido Montoliú y se mantiene en la profesión por sí solo, por ser un muy buen profesional entre los lidiadores y banderilleros. Ya entrando en el plano personal, magnífica persona. Créanme. Hablamos con él.

- Este año ha ido por libre.
Iba con Antonio Ferrera. Antes estuve seis años con Curro Díaz. Claro que esta temporada, al no poder torear Antonio por la lesión de Muro, he toreado suelto para salvar el año. Por cierto, Ferrera ha intentado torear antes de acabar la temporada, pero ha sido imposible.


- Está difícil eso de ir suelto, ¿verdad?
Ahora mismo hay un plantel de banderilleros de mucho de nivel. Creo que la relación calidad-cantidad es amplia, y si a eso le unimos la reducción de festejos, el pastel no es muy grande para repartirlo entre tantos. Entonces, a la hora de quedarte suelto, es difícil. Antes ibas suelto y entre novilladas picadas, novilladas con las escuelas, corridas de toros... toreabas 35 o 40 festejos. Pero hoy no pasa eso. Ahora sólo los que son muy buenos sobreviven. Tanto los banderilleros como los picadores.


- En los últimos años el segundo tercio ha recobrado algo de la vida que tuvo.
Sí, y creo que es consecuencia de lo que comentamos. Hay gente muy buena, hay nivel, y el público disfruta de la lidia y de los pares de banderillas. Antes había una serie de banderilleros muy buenos, y después estaban los demás. Ahora hay muchos muy buenos.
- Cuando se contrata a un banderillero, ¿en qué se fija el matador?
Hablando de los lidiadores, que es lo que yo soy, principalmente en el capote. Las banderillas es algo más secundario en cuanto a la visión del matador. Un matador no se fija en que las pongas más o menos lucidas. Aunque intenta que el banderillero tenga una regularidad con las banderillas y que encuentre toro en todos lados, banderillee limpio y con las menos pasadas posibles. Lo que busca es el nivel con un capote en las manos. Que lidie bien, que al toro con poder le pueda y que si el toro te pide suavidad y temple se lo des. La lidia es muy importante. Una buena lidia puede mejorar al toro bueno. Y al toro malo, si no hacerlo mejor, intentar que no vaya a peor. Hay que ser psicólogo. El banderillero, como el matador, tampoco puede salir con la faena hecha desde el hotel.

En el caso de los terceros, se busca la regularidad que se tenga con la puntilla.


- ¿Cuál es la función del segundo tercio?
En cuanto al que está con el capote en las manos, darle al toro lo que requiere, siempre para el bien del matador. Y también para que el matador vea al toro en otras manos que no sean las suyas. Porque cuando uno está en la cara del toro y piensa que el animal está haciendo una cosa, después lo ves en otras manos y a lo mejor cambias la opinión. Por eso al torero muchas veces le gusta ver al toro en manos de sus banderilleros, y cuando se está realizando el segundo tercio, están pendientes. Si le pegas un capotazo por el pitón derecho, pues miran cómo va por ese lado. Cuando vas por el izquierdo, se fijan por ahí. Los matadores analizan al toro cuando lo lidias. Si te espera, si se te cuela por uno de los dos pitones... y ya van preparados para la muleta, porque el animal va a hacer lo mismo que te ha hecho a ti.

Y las banderillas, si se puede banderillear bien, mejor para el espectáculo. Pero hay que torear siempre a favor del matador. Que no caigan los pares muy delanteros, que no pase mucho el toro... En banderillas, hay que buscar la eficacia.


- Qué importante lo que me has dicho de que el matador vea al toro en otras manos. Por eso antes, paraba al toro un banderillero. Eso se ha perdido.
Claro, como antiguamente. Ahora, si va un banderillero antes que el matador, la gente no quiere. Pero antes era lo normal. Salía el banderillero y le pegaba un capotazo con cada mano, no más. Incluso, a una mano. Después ya salía el matador e intentaba torearlo despacio y bien.


- Hablando de cosas importantes, esa forma que tienes de andarle a los toros. La torería en el segundo tercio.
La torería es importante en todo. El toreo es un arte, una expresión artística. Lo que pasa es que el banderillero tiene que saber cuándo se puede y cuándo no. El buen profesional se tiene que medir, por él mismo y por el matador. Porque no todos los toros se prestan a banderillearlos bien. Hay una cosa que la tengo muy clara desde hace un tiempo, y es que si se puede bien, vale, si no, no. Hay toros que no los veo como para banderillearlos como yo lo siento, y lo hago con oficio, con facultades, pero no intento hacerlo bonito porque sé que no se van a prestar, e intentar algo y que no salga, para mí es lo peor que hay. Prefiero que se vea que no lo he visto claro y que lo he banderilleado rapidito. Es mejor eso a que se caiga un palo o a que el par quede feo. Cuando lo hagas bien, que salga seguro, y cuando no, no pasa nada. Si lo intentas, que sea para bordarlo.


- Cuando decide parear por un pitón, ¿qué comportamientos le motivan a ello?
Normalmente los banderilleros lidiadores, exceptuando algún caso, tenemos un pitón. Yo soy del izquierdo. No quiere decir que no lo haga por el derecho. Tenemos un pitón y lo intentamos por ese, a no ser que veamos algo que no nos gusta, como que te espera o que te corta. Diferente es el banderillero que va de tercero, que tiene que acoplarse al lidiador. Si tú te vas por el derecho, él se tiene que ir por el izquierdo, y al contrario. Los terceros tienen que tener los pitones bien dominados porque esto hay que hacerlo así. Al ser tres pares de banderillas, como los toros aprenden, hay que hacer izquierdo-derecho-izquierdo o bien derecho-izquierdo-derecho.


- A menudo, ¿qué peligros pueden pasar desapercibidos para el público, pero sí sabe el banderillero?
Muchos. La visión que tiene un torero en la plaza, en el burladero, nunca es lo mismo que desde ahí arriba. Hay veces que estoy abajo y veo con mi matador cosas que arriba no se perciben. Hay muchos momentos difíciles. Es lo que decimos, “ha parecido arriba más bueno de lo que era”.


- El mejor momento que tenga grabado en la cabeza.
Ahora mismo tengo un recuerdo muy reciente. En la pasada Feria de Otoño de Madrid toreé con Curro Díaz. Tuve que parar al quinto toro de salida. Me hizo cosas muy feas, y lo paré y me salí con él a los medios. Me ha satisfecho mucho porque fue en Madrid, Otoño, una corrida televisada... Es un recuerdo muy bonito.


- ¿Qué toro recuerda por dificultad?
Pues este año en Valencia. Un toro de Cuadri, que son complicados de banderillear. Fue un toro que desarrolló mucho peligro. Lo banderilleamos con eficacia. Acabó cogiendo a mi compañero.


- ¿Qué encastes son más difíciles para ponerle los palos?
El toro de Cuadri es muy difícil. Cuando has pasado una vez, es muy difícil que te lo permita una segunda. El de Miura, también la segunda vez que pasas ya te echa la cara arriba, te espera. Aunque esas son las complicadas de siempre, pero las ganaderías que están matando ahora las figuras son complicadas de banderillear. Por ejemplo, Garcigrande. Muy del gusto de las figuras, y para banderillear es muy difícil. De los más complicados. De primeras cortan y arrean mucho. Y los de El Pilar también vienen con la vista como cruzada, se te vienen por dentro, te cortan. El de Victoriano, que es muy bravo, también.


- Ganaderías que se dejen de banderillear hay muy poquitas.
Los toros ahora se manosean mucho. Les ponen las fundas, se las quitan... Esos meneos no les han venido nada bien. Los toros aprenden. Antiguamente, había toros malos como siempre los ha habido, pero tenían otra templanza, otra suavidad. Ahora tienen mucha agresividad.


- El tema de las fundas, los saneamientos... Estoy de acuerdo.
Eso se nota en la plaza. Y ya no te digo nada si hay desencajonada. Hoy ven mucho al ser humano, antes apenas tenían contacto. Y eso en la lidia se nota.


- El trabajo de los hombres de plata va más allá de lo que se ve en el ruedo. ¿Cómo vive el banderillero el día de la corrida?
Nuestra función es también por la mañana. A la hora de ver los toros y enlotar la corrida, intentado que quede enlotada lo más justa posible. Ya cuando es el sorteo, hay veces que la Autoridad te da la opción de elegir 6 entre los 7 y 8 toros que haya. Si hay un toro que te gusta y lo quieren dejar fuera, pues aprietas en las conversaciones para intentar que entre. Es una labor que requiere experiencia. No es lo mismo un banderillero que lleve 20 años que uno que lleve 3 meses. Eso también es un oficio. Y ver las corridas en los chiqueros. Uno no tiene la misma visión si es nuevo que si ya llevas muchos años y has visto corridas. La labor del sorteo es muy importante. Después, la forma de hablarle al matador en la plaza, saber cuándo puedes decirle y cuándo no. Son cosas que van más allá de un capotazo o un par de banderillas, aunque la gente se quede con eso.


- Y mantener el equilibrio entre lo que le va a gustar al matador y lo que va a gustar en la plaza.
Así es. A veces te gusta un toro, pero sabes que tiene que entrar otro porque va a ir más acorde a la corrida. O al revés. Un toro que se salga de serio y no tenga nada que ver con los otros. Dejar las corridas parejas. Y luego también, las reatas de los toros. Hablar con los mayorales, porque ellos son los que conocen a los toros. Me gusta mucho hablar con ellos. Una vez te ha tocado tu lote, hablas con ellos para ver cuál echas por delante. Según el matador, prefieren el de menos fe por delante, o viceversa.


- Es imposible no preguntarle por su padre. Como profesional, ¿qué legado le dejó?
Desgraciadamente yo era un crío de 14 años. Con el paso del tiempo he visto muchos vídeos, fotografías, he tenido la suerte de estar al lado de gente que convivió mucho con mi padre. El legado que me dejó ha sido muy valioso. Importante. Y hablar de mi padre como torero, no hace falta. Ha sido un torero extraordinario y ahora mismo, cuando se me compara con él, para mí es un orgullo. Él fue un torero, quizás, inigualable. Pero cuando me dicen que mis formas y demás, y me comparan con él, es una satisfacción. Como le pasaría a cualquiera que lo compararan con un torero de esas dimensiones, pero si eres hijo, la satisfacción es doble. Siempre he tenido claro que ha tenido una categoría como torero a la que no va a llegar nadie. Eso no quiere decir que me gustaría llegar lo más cerca de él, pero hay sitios que no son fáciles de alcanzar.


- Lo de tu parecido es cierto.
Sí, los genes están ahí. He visto muchos vídeos de él. Pero no lo hago por parecerme a él. Intento aprender de los mejores, y él sin duda era un Dios como torero. Por eso yo he querido sacar lo mejor de él y de muchos buenos.


- Y el parecido con su padre es notorio tanto físico como en tus labores. Los aficionados, cuando José Manuel Montoliú pone banderillas, no podemos evitar mirar con un interés especial y también con admiración. ¿Eso lo percibes?
Sí lo percibo. Cuando voy a banderillear hay alguien que te anima, te jalea. Y es una carga de responsabilidad. Pero no es comparable a lo que pasaba con mi padre, que cogía las banderillas y ya le tocaban las palmas. Esos niveles...

También es verdad que ya llevo años, y son muchas tardes las que he banderilleado. Tengo tardes muy bonitas en Sevilla, Madrid, Valencia... Entonces ya juntamos el “ser hijo de” con lo que he hecho yo en mi carrera. No quiero pecar de nada, ¿eh? Pero es así. Porque si fuese el hijo de Montoliú pero no hubiese hecho nada, ya ni se acordarían de mí.


- Está claro que no puede vivir de la renta de “ser hijo de Montoliú”. Si no vales para algo, ni te mantienes.

Es así. Hombre, se me ha ayudado mucho por ser hijo de mi padre, pero luego ya sale el toro y cuando llevas cerca de 20 años de banderillero es porque tú tienes nivel. Los favores se me hubieran acabado, como se acabaron en su momento cuando era novillero. La gente de mi entorno me ayudó para mi presentación en Madrid, para torear en Valencia, Zaragoza... Pero las cosas no funcionaban y vi un momento que estaba de más. No había las condiciones suficientes y los cartuchos se quemaron y empecé de banderillero. También se me ayudó, pero han pasado muchos años, y si sigues ahí es porque tú has aportado algo.


- Torear en Sevilla, para usted, debe ser especial.
Sí, claro que es especial. Lo que pasa es que, volviendo a lo mismo, han pasado muchos años y yo intento pensar en otras cosas. Mi padre tuvo aquella tarde tan trágica, que fue perder ahí la vida, pero también tuvo tardes maravillosas a las órdenes de Antoñete, El Litri, Ojeda... con todos los figurones del toreo con los que fue. Cuando voy a Sevilla intento no acordarme de la tarde fatídica, intento hacerlo de las anteriores que tuvo. De cuando le tocaba la banda de música, de los premios que he visto en casa. Y cuando voy ya pasado el tiempo, también intento recordar las tardes bonitas que yo he tenido allí. Pienso “a ver si vivo una tarde como aquella que tuve con Curro Díaz, Abellán, Ferrera..., y disfrutar como lo hice aquel día”. No voy pensando que allí perdió la vida mi padre. Aunque a veces se te venga a la cabeza, porque es inevitable.
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