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Cuestión de afición
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(Foto: José Joaquín Diago)

Cuestión de afición

Uno busca en ciertas ganaderías y toreros algún resquicio donde sujetarse. Busca la emoción y, por ello, para el sistema y ciertos profesionales somos iguales o peores que el PACMA.

viernes 18 de noviembre de 2016, 17:36h
Nos encontramos en tiempos convulsos para el mundo del toro. Desde fuera, raro es el día que no se le ataca, bien por algún partido político o por aquellos que dicen ser animalistas y que están detrás de un ordenador. Cabe recordarlo, aunque la intención de estas líneas no sea tratar agentes externos, sino internos.

Tengo 21 años, y soy aficionado a la fiesta de los Toros. Y sí, he dicho bien: a la fiesta de los Toros, no de los toreros. Aficionado al Toro bravo, a aquel animal que de salida por la puerta de toriles te hace decir desde el tendido “¡qué bicho!”. Aficionado a la variedad de encastes, a todos los tercios de la lidia, a un espectáculo emocionante e imprevisible. Cada día que pasa me da la sensación de que, en vez de aprender de toros, soy más ignorante. Me gusta leer a Corrochano, Navalón o Joaquín Vidal, entre otros. Tras las lecturas experimento una sensación satisfactoria, identificándome con sus palabras y a la vez contento con lo aprendido. Pero segundos después me quedo con sabor agridulce. Ese sabor me devuelve al presente, a la Tauromaquia de hoy en día. Es muy fácil decir aquello de “todo tiempo pasado fue mejor”, pero sin duda la frase es idónea.

Una vez acabó la temporada taurina 2016, intenté hacer mi balance. Y siéndoles sincero, encontré un vacío. Un vacío de emoción. A excepción de algunas tardes, no tengo mucho a lo que agarrarme. Algunas tardes que son muy buenas, eso sí. Salvan la corrida de Victorino Martín en Sevilla, con indulto de "Cobradiezmos" incluido; las tardes de Paco Ureña; José Garrido en Bilbao... Pero después, ganaderías legendarias caracterizadas por criar un Toro con emoción, casta, lucimiento en el caballo y transmisión en la muleta, han decepcionado. Han perdido su toque de gracia.

Uno busca en ciertas ganaderías y toreros algún resquicio donde sujetarse. Busca la emoción, y por ello, para el sistema y ciertos profesionales somos iguales o peores que PACMA. Una lucha constante, contra viento y marea, que lo único que me da son disgustos, jaquecas y la cartera vacía.

Muchos días me pregunto si de verdad me merece la pena todo esto. Y como en todo, hay días y días… Cuando creo que lo mejor es tirar la toalla, dejar que los propios taurinos acaben con este espectáculo en el que el Toro es un mero actor secundario, me llegan fuerzas para seguir luchando por mi pasión, luchando por el Toro. Porque al fin y al cabo, esto es una cuestión de afición. Como decía el maestro Antoñete (un referente para mí): “La Fiesta de los toros tiene futuro: siempre habrá locos maravillosos”.
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