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Andrés Moreno, los Coquilla del Pirineo catalán

Los toros de Andrés Moreno se crían a 1.300 metros de altura en el Pirineo de Gerona, entre independentistas y ajeno al "mundillo" taurino. No hay sofisticaciones ni inventos modernos en los dominios del ganadero, y el toro se cría en un estado salvaje de libertad casi absoluta.

martes 29 de noviembre de 2016, 17:38h
Para aumentar de tamaño y ver todas las fotos, hacer click sobre la imagen - Fotos: Joan Adell


En todas las buenas historias hay un héroe luchando contra la adversidad. Un héroe que actúa siempre bajo incorruptibles y férreos principios. Que pelea a la contra honradamente donde todo el mundo se corrompe. Y en todas las buenas historias hay amor. Amor verdadero, incuestionable y sin cortapisas. Amor vehemente y apasionado en lo que uno cree, que no es otra cosa que lo que uno es. En la ganadería de Andrés Moreno hay una buena historia. Hay una historia grande fuera de los focos y de los actuales circuitos ganaderos al uso. De ello uno inmediatamente se da cuenta cuando se asoma al vertical y majestuoso valle pirenaico y ve a Andrés Moreno rodeado de sus vacas de origen Coquilla, como un Don Quijote entre molinos.

Lugar
Estamos en el término municipal de Camprodón. En el Pirineo gerundense, a más de 1.300 metros de altura, en el corazón del independentismo catalán más radical. El oxígeno escasea y los esfuerzos se pagan. La vegetación, verde, abundante en pastos, algo más escasa en arboleda en los picos, y viceversa en los valles, da una fotografía de nieves permanentes en invierno y frescor y aguas cristalinas en verano. Ahí tiene Andrés Moreno su ganadería bautizada con el nombre de sus hijas: Verónica y Alicia Moreno Lemoche. Y aquí vive. Totalmente solo. Mitad genio, mitad loco, como un ermitaño entre sus toros y sus vacas entregado a su pasión, el toro de Coquilla.

Sin vaquero, mayoral ni cabestros. Él y su ganadería contra el mundo. Todas las labores del campo las hace sin ayuda de nadie en una finca de 1.300 hectáreas, tan agreste como extensa, que se pierde en el horizonte entre afilados picos y laderas de límite vertical. A pie y con la única ayuda de un tractor y de un viejo todoterreno da de comer a los animales, les hace los saneamientos, los prepara para el embarque, para la tienta, repara el vallado y hace las mil labores que implican el manejo de una ganadería de toros bravos.


Ganadería
Andrés lleva la pasión del toro como una obsesión. Es el motor de su vida, su contenido y su filosofía. Es su vida. Nació en Castril de la Peña (Granada) y vino a Barcelona junto a su familia cuando apenas tenía ocho años de edad. Se hizo matador de toros en una España de maletillas y en una Cataluña taurina, entonces llena de oportunidades. Su carrera transcurrió desde los años 70 hasta el 90 y en ella fueron fundamentales las plazas de Cataluña (tomó la alternativa en Barcelona), Granada (fue triunfador de la Feria del Corpus) y el sudeste francés. Andrés, torero campero, conocedor del campo bravo y con una intuición innata para reconocer los comportamientos de los animales, fue una figura codiciada en muchas ganaderías. En la provincia de Jaén participó en innumerables tientas convirtiéndose en un clásico en la casa de Samuel Flores y en muchas otras ganaderías de la zona. Finalmente participó como asesor de confianza en la ganadería de Benito Mora. Es por ello que en el año 1993, una vez retirado de los ruedos y con la misma obsesión por el toro que ha marcado su vida, creó su ganadería a partir de trece vacas de la ganadería de Benito Mora, de origen Coquilla. A ello con posterioridad le añadirá otras más, algún semental y un lote de vacas de Martín Alcaide (las más Coquilla que encontró en la finca). Posteriormente un toro cárdeno e imponente del mítico hierro de Joaquín Buendía (Santa Coloma) y unas cuantas vacas de Caridad Cobaleda (Vega-Villar). Más tarde, añadirá una segunda línea a su ganadería (llevándola por separado de la principal) formada por ganado de Gerardo Ortega (Domecq). Después de realizar varias pruebas decide cruzar ambas líneas (tal y como hizo en su día el Conde Santa Coloma con las ramas Saltillo e Ibarra). Con el tiempo y los diversos cruces la ganadería tira lógicamente para Coquilla por absorción, puesto que ésta es la base de la misma. Así se observa en la morfología y comportamiento de sus animales.


Origen Coquilla
Como bien sabe el lector, el encaste Coquilla debe su nombre a Francisco Sánchez (conocido como Paco Coquilla) y tiene su origen en 1915 cuando el Conde de Santa Coloma (entonces en el cenit de su éxito) le vende cien vacas de deshecho, la mayor parte de ellas Ibarreñas y alguna de origen Saltillo, a Paco Coquilla. A partir de ahí, y en tierras salmantinas, nacerá una de las ganaderías más importantes del siglo XX.

El toro de Coquilla, principalmente a partir del semental ibarreño “Jabato”, reproducirá un toro bajo, terciado, de cara alargada, bien armado y tan noble como vivo y con sentido. De ahí la célebre frase de Chicuelo que los define como “dulces como rosquillas y picantes como guindillas”. En la finca de Coquilla pasarán grandes temporadas toreros como Belmonte, Sánchez Mejías, Granero, Gitanillo de Triana, Curro Puya, Cagancho... la flor y nata del escalafón. Siendo entonces Coquilla una ganadería “comercial” del gusto de los toreros, relegando a otros encastes teóricamente más incómodos como Veragua o Cabrera a cierta marginación en los carteles de postín.

Pero el encaste Coquilla tiene una vida tan exitosa como corta en manos de su fundador. La llegada de la República en los años treinta, el ambiente político conflictivo y la inminente Guerra Civil que flota en el ambiente hacen que las ganaderías españolas entren en crisis. El propio Conde de Santa Coloma, temiendo una expropiación gubernamental, vende su ganadería. Y Paco Coquilla, embargado por la administración republicana y ahogado por las deudas, no es una excepción. No tuvo más remedio que vender su ganadería, dividiéndola para ello en cinco lotes:

1.- El primer lote (con hierro y divisa incluido) viajará a tierras de Jaén y será para Santiago Ubago, que la venderá posteriormente a la familia Garrido y después, en el año 1976, a Daniel Ruiz. Éste venderá reses a la ganadería de Herederos César Bueno Bueno (posteriormente “El Añadío” en la actualidad de origen Coquilla-Santa Coloma). Más tarde Daniel Ruiz eliminará la procedencia Coquilla refundando la ganadería con reses de Jandilla (Domecq).

2.- El segundo lote será para José María López Cobos (que venderá 34 vacas y el toro “Limpiador” a Benito Mora). Posteriormente, la ganadería de López Cobos pasará a manos de Alicio Cobaleda Marcos en la década de los años cuarenta y luego a D. Vicente Charro (Charro de Llen) eliminando lo Coquilla y sustituyéndolo por el encaste Atanasio.

3.- El tercer lote irá a tierra zamoranas, a los hermanos Villagodio que lo cruzaran con el encaste Lisardo Sánchez, terminando la ganadería en manos de Sayalero y Bandrés.

4.- El cuarto lote irá a parar a Alfredo Corrochano (matador de toros e hijo del célebre crítico taurino) que se lo lleva a Toledo, perdiéndose ahí la pista.

5.- El quinto lote se lo reservará Paco Coquilla a su amigo y arrendador Justo Sánchez Tabernero. Dicha ganadería la dirigirá el hijo de éste, Alfonso Sánchez Fabrés y, posteriormente, se repartirá entre sus herederos y José María Bernardos (Raboso) que adquirirá la mitad de la misma. En la actualidad esta rama sobrevive en las ganaderías salmantinas de Sánchez Fabrés y de Sánchez Arjona (donde convive con otra línea procedencia Domecq). El encaste Coquilla seguirá triunfando algunos años de la mano de los herederos de Alfonso Sánchez Fabrés. Seguirá siendo una ganadería y un encaste predilecto para las figuras hasta mediados de los años 70 (pedido y lidiado por El Cordobés, Paco Camino, Diego Puerta... ). La llegada del reglamento con la incorporación del guarismo (año de nacimiento) y la tablilla con el peso marcará el inicio del ocaso del encaste Coquilla, ocupando su lugar principalmente los toros provenientes de la rama Parladé.

Pues bien, dicho lo anterior, la ganadería de Andrés Moreno tiene su origen en el primer lote: Coquilla (vía Julio Garrido-Martín Alcaide); y, en el segundo lote: Coquilla (vía José María López Cobos-Benito Mora) siendo pues dicho origen la base fundamental de la misma con un goterón de Santa Coloma (vía Joaquín Buendía) y Galache (vía Caridad Cobaleda) y un refresco de Domecq (vía Gerardo Ortega).


Filosofía y comportamiento
Andrés Moreno, en los años 90 al retirarse de los ruedos, siente un vacío que no puede llenar con su vida “civil” y en una época donde en la provincia de Gerona se daban muchos festejos (Gerona, Olot, Sant Feliu, Lloret, Figueras...) además de “correbous” en innumerables localidades, se le ocurre pues formar una ganadería en pleno Pirineo catalán, zona que conoce puesto que actuaba con frecuencia en plazas cercanas como Céret, Colliure, Port Barcarés...

La idea funcionó muy bien bastantes años, lidiando corridas de toros en muchas plazas de la zona de ambos lados del Pirineo (Gerona, Vergeze, Lloret...) así como toros y novillos sueltos en Céret y Olot, además de fuera de Cataluña como: Pozo Alcón o Castillejar, pero la cruzada nacionalista emprendida contra los toros por el gobierno catalán y la negligencia del sector taurino hizo que la actividad de la zona se redujese hasta la casi parálisis absoluta actual. Ahora en Cataluña su ganadería actúa en algunos “correbous” que sobreviven heroicamente en la provincia de Gerona, como Rosas o Vidreres. Así como los famosos festejos de la feria de Cardona. Los toros de Andrés Moreno en la actualidad tienen como destino principalmente las calles del levante español. Este año además ha lidiado dos erales en la importante feria de novilladas sin caballos de San Adrián (Navarra) y un festival en Tarazona.

No hay sofisticaciones ni inventos modernos en los dominios de Andrés. El toro se cría en un estado salvaje de libertad casi absoluta. No hay división por cercados, ni modernos “correderos” donde hacer correr a los animales, ni mueco, ni fundas, ni suplementos vitamínicos. El toro se ejercita en una finca de grandes dimensiones y quebrada (va desde los 800 metros de altitud en las partes bajas hasta los 1.300). Hay ocasiones en que alguna vaca desaparece por un buen período de tiempo apareciendo meses después cuando Andrés ya casi la había olvidado. Andrés se siente orgulloso que en su casa haya toros buenos y malos. Y así lo dice, el bueno es bueno y el malo es malo. No soporta los toros regulares, apáticos, descastados que no dicen nada y lo único que dan es lástima. El toro no puede dar nunca lástima. Su ganadería es fiel a su origen, aunque Andrés nunca ha creído mucho en los encastes, él cree más en los ganaderos. Lo suyo es terciado de tamaño, pero no le importa. Coquilla es así y si no es así alguien tiene un problema porque significa que lo ha sacado de tipo y ha seleccionado por tamaño y no por comportamiento. O algo peor, que se ha cruzado con “vete a saber qué” con la única intención de aumentar el tamaño. La sobredimensión y sacar del tipo el encaste es el culpable de casi todo. Es el principio del descastamiento. El principio del fin.

Según Andrés “el Perú se jodió” cuando llegó la maldita moda del toro grande promocionada en gran parte desde los medios por Mariví Romero y Manolo Molés. Fue la tumba del encaste Coquilla. Eso y el hastío e incapacidad de muchos ganaderos: hijos, sobrinos, nietos de míticos hierros que tratan de vivir a costa de leyendas y reputaciones antiguas pero que no se preocupan por el día a día de sus ganaderías. A Andrés no le importa que lo suyo sea terciado, no traicionará nunca al toro de Coquilla (ni a sus principios) aunque se cierre puertas, a las que ni siquiera piensa tocar. Su independencia no está en venta.

Lo de Andrés es muy variado de comportamiento y él se preocupa especialmente para que así sea teniendo permanentemente un gran número de líneas abiertas cruzándose. Los hay buenos con templanza y entrega, otros con casta y transmisión. Todos aprenden rápido y es básico darles una buena lidia. Los pies quietos, llevarlos muy tapados, no dudarles, dejarles llegar a las telas, citarlos sin violencia. No pasan por inercia como otros encastes, hay que torear. Y lo malo es malo. De los que ponen en problemas al que se pone delante, aunque cada vez salen menos. Andrés antes de tentar sabe como va a ser el animal y se equivoca pocas veces, veinticuatro horas con ellos al pie del cañón es una tienta continua.


Personalidad y entorno
Andrés convive hombro con hombro con sus vecinos ganaderos catalanes de ganado manso (muchos de ellos independentistas). Se lleva bien con ellos. Pese a las diferencias tienen intereses comunes y enemigos poderosos (la maldita burocracia). Lejos de animadversión, su ganadería despierta interés y curiosidad entre una vecindad ajena al “mundillo taurino”. Eso es precisamente lo que le ha traído algunos problemas. Que algunos se acerquen con curiosidad y que incluso queden atrapados es lo que preocupa y temen unos cuantos intransigentes con prejuicios identitarios que ven que aquello tiene que tener algo que interesa a todos los que se acercan. Andrés incluso consiguió que en el bar del pueblo, donde nadie (salvo él) habla castellano, entre balcones con “estelades”, “butifarra amb seques” y telediarios de TV3, pusieran el Canal Plus Toros. Ahí veía algunas corridas entre lugareños curiosos. Dice que eso hizo que viese la corrida de toros con otros ojos, al identificarse con uno de esos extraños ajenos al “mundillo” y reparando en cosas en las que los “taurinos” a menudo no damos importancia o nos hemos habituado a ellas sin alarmismos ni sorpresa. Al ver a un toro con un palmo de lengua fuera y con aspecto lastimoso, ya quitaron el Plus Toros en el bar y a él tampoco le importa, tiene muchas cosas que hacer y cada vez se aburre más viendo corridas de toros enormes, pesados y descastados que dan lástima.

Seguramente, tal vez sea verdad que Andrés es uno de ellos. Alguien fuera del circuito y de la realidad ganadera actual. Todo un “outsider”. Andrés, ajeno desde la independencia de su humildad, desde la incorruptibilidad de sus principios, desde el real, efectivo y valiente ejercicio de su libertad. Mitad genio mitad loco. Hace de su capa un sayo para vivir como piensa. Un héroe rodeado de Coquillas en el Pirineo catalán.
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  • Andrés Moreno, los Coquilla del Pirineo catalán

    Últimos comentarios de los lectores (4)

    1675 | JoveDePiques - 30/11/2016 @ 18:31:25 (GMT+1)
    Enhorabuena Joan por este gran reportaje que esperábamos cuantos conocemos a Andrés y su ganadería. Sin duda un romántico de verdad, alejado de vicios urbanos y que cada vez escasean más en esta sociedad urbanita. Sociedad que parece rehuir de la verdad del campo que es donde reside el sentido de muchas cosas que hoy no se comprenden en ciudad.
    1673 | Aficionado - 30/11/2016 @ 13:41:53 (GMT+1)
    Enhorabuena al ganadero. Por cierto hoy es su onomástica, FELICIDADES.
    1672 | Moisés Fabra - 30/11/2016 @ 00:27:25 (GMT+1)
    Todo un tipo y un señor. Sí, ese és el señor Andrés. Gran ganadero y aficionado. Yo tuve ganadería y le compré vacas y un toro que padreó en mi casa. De los toros que mejor satisfacción me dieron, ese fué, el del Sr. Andrés. Portillo lo llamaba y por la puerta Grande salió.
    1671 | Afi - 29/11/2016 @ 19:47:34 (GMT+1)
    A mí también me preocupa cuando cada vez somos mas los que quitamos la corrida en tv o vamos menos a la plaza, por evitar ver al toro que da lástima... eso es lo que deberían temer los taurinos

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