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La salida del toro al ruedo: comportamientos de bravos y mansos
(Foto: Andrew Moore)

La salida del toro al ruedo: comportamientos de bravos y mansos

El aficionado debe observar y examinar al toro desde que salta al ruedo. De esta manera podremos ir valorando si el toro es bravo, encastado, manso, escaso de fuerzas, pronto, etc. Hacerlo nos permitirá calibrar al toro y valorar de forma más objetiva la labor del torero.

martes 03 de enero de 2017, 13:36h
El aficionado debe observar y examinar al toro desde que sale por toriles. Hay que estar pendiente de cada arrancada, movimiento y, en definitiva, de las distintas reacciones del toro para entender y anticiparse a lo que puede ir haciendo a medida que continúa la lidia. De esta manera podremos ir valorando si el toro es bravo, encastado, manso, escaso de fuerzas, pronto, etc. Hacerlo nos permitirá calibrar al toro y valorar de forma más objetiva la labor del torero. No obstante, partimos de la base de que se trata de un animal, y por lo tanto no podemos prever al 100 % su comportamiento.

Ante todo, y aunque haya unas características generales, es fundamental tener en cuenta qué tipo de encaste y ganadería se está viendo. No es lo mismo un Prieto de la Cal (Casta Vazqueña) que sale con todo de inicio, que un Alcurrucén cuyo encaste (Núñez) es más frío de salida.

El toro bravo saldrá con brío, con pies, rematando contra los burladeros. Tendrá fijeza y acudirá siempre a los cites. Una vez tome contacto con el capote, no saldrá de los lances mirando tablas y volverá a acometer al percal humillando y con fijeza. Es conveniente que el matador le gane terreno en cada lance y que al toro no le cueste salir hacia afuera, que no apriete para adentro como los mansos. Una vez remate el torero, no andará a sus anchas por el ruedo, sino que permanecerá atento para volver a acometer, por lo que necesitará que le “sujete” el matador o el lidiador.

El toro manso es el que hace lo contrario. Es decir, el que da demasiadas vueltas al ruedo buscando la salida; barbea tablas; intenta saltar al callejón; se emplaza; no acude a los cites; sale suelto; sale de los lances mirando tablas o huyendo hacia ellas; escarba; retrocede; “pasa” por las telas más que acomete.

Puede haber toros bravos pero descastados. Es decir, sus reacciones son muy buenas pero le falta motor y fuerzas para moverse. Igualmente, puede haberlos mansos y encastados. Este tipo de animales irán sobrados de fuerzas, se moverán mucho, pero sin fijeza, huyendo, etc.

En el toreo no hay nada fácil. Tienen que tenerse en cuenta múltiples circunstancias. Por ello, será clave la lidia que se le ejecute al toro. En función a cómo lidien torero y cuadrilla, el toro irá mejorando o empeorando sus condiciones.

Apuntar que en ocasiones el público se apresura en pitar a un toro que acaba de saltar al ruedo y pierde las manos o cojea. Tengamos en cuenta que un toro sale a la plaza después de haber estado enchiquerado desde por la mañana y puede salir acalambrado. Hay que darle algo de tiempo. Es lógico también que el animal dé una o dos vueltas al ruedo, una especie de reconocimiento. Esto no indica mansedumbre. Sí sería un manso de libro que fuesen vueltas muy frecuentes y a medida que avanza la lidia.

Hasta aquí, de manera sencilla, la salida del toro al ruedo. En el próximo artículo abordaremos el comportamiento del toro en el caballo.


Por David Zamora
Director de Pureza y Emoción
Miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos
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