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Valdemorillo (Madrid)

Pureza de Escudero con exigentes Gibajas

Martín Escudero vuelve a dejar las sensaciones de toreo puro y pulcro para el disfrute de las buenas formas, sin posturas ni arrebatos, sencillo y por derecho. Una corrida de López Gibaja dura de patas, de engallada presencia y pocas facilidades, que vendió cara cada una de sus embestidas.

domingo 05 de febrero de 2017, 23:27h

Un año más David, el de Galapagar, vuelve a dejar las sensaciones de toreo puro y pulcro en la plaza de toros de Valdemorillo. Un año más convence al sector más reacio a tremendismos y tiovivos, para el disfrute de las buenas formas, sin posturas ni arrebatos, sencillo y por derecho, muy por derecho, con la naturalidad del hombre frente a la bestia, de plantas asentadas y miradas a la cara. De tú a tú, como si aquello fuera fácil.

Oreja ganada, bajo mínimo de pañuelos, tras una faena entonada, en un palmo de terreno, de enjundia y buenas formas ante un encastado Gibaja que puso cara la pelea y realizó una buena suerte de varas. Una oreja confusa tras la mala colocación de la espada, que acabó haciendo guardia allá por donde el animal presentaba varetazo de la mañana. Lenta como su toreo la vuelta, sin reproches desde el cemento.

Más amontonado anduvo con el grandón quinto, ovacionado de salida tras su imponente estampa. Animal que acusó sus dimensiones tras una discreta pelea en el jaco. Nobleza y poco recorrido que no ayudaron a levantar un trasteo embarullado y desentonado. Ojalá y lleven por el buen camino a este galapagueño, que emuló por gaoneras al gran José Tomás desde los medios. Tiempo al tiempo.

La corrida de López Gibaja, que sustituía antes de su confirmación oficial a otra de Buenavista (al parecer la ganadera no quiso traer sus toros con semejante cartel) ofreció dificultades y malos ratos en el ruedo de la localidad madrileña. Un encierro muy pesado, grande y con mucha plaza, que levantó las palmas del tendido cuando asomaron por chiqueros. Una corrida dura de patas, de engallada presencia y pocas facilidades, que vendió cara cada una de sus embestidas.

El primero fue un toro colorado, ancho de sienes y muy hondo, que acabó orientándose en la muleta de Cristian Escribano, al que no le pesaron sus pocos paseíllos en los últimos años. Voluntarioso y en sitio, corriendo bien la mano con la diestra, sin acelerones ni pasos en falso, pero con la dificultad de no llegar al tendido. Probó la izquierda y avisó el de Gibaja de que por ahí no daría ni uno. Espada en mano y gran volapié que le valió los saludos desde el tercio.

Recibió con garbo al serio cuarto, ganando terreno y templando bien las acometidas humilladas del cornúpeta, que tras un discreto paso por varas fue desinflándose poco a poco. Llegó noble a la muleta de Cristian, que de forma lineal consiguió ligar las dos primeras tandas, a la altura que pedía el toro. Le costó llegar a los finales al de Gibaja, que terminó a la defensiva y recortando por el pitón izquierdo. Amontonado final y saludos tras fallar con el acero.

Cerraba el cartel el joven extremeño Posada de Maravillas, que volvió a dejar patente su falta de recursos ante el toro exigente y complicado. Mal aconsejado desde un primer momento, con una cuadrilla que dejó mucho que desear y con una terrible lidia que propinó el empeoramiento de la condición de su primero de la tarde, un animal que se apoderó del ruedo madrileño a las primeras de cambio. Entero llegó al tercio de banderillas tras no ser picado por el varilarguero, apretando en banderillas causó más de un susto y pudo en todo momento a las dudas del extremeño, que tomó todas las precauciones del mundo para no acabar en enfermería. El toro fue subiendo la cara a medida que pasaba la faena, como en señal de victoria, y tras un sartenazo pudo deshacerse de él con acierto de verduguillo. Pitos en la cubierta.

El momento más bochornoso de la tarde lo protagonizaría Daniel Oliver, quien debió estar al mando de la lidia del cierraplaza. Huyó despavorido cual manso a tablas en busca de ayuda, la cual ofreció el gran Raúl Cervantes, que tras el asombro del respetable, tuvo los santos cojones de hacerse con la brega del precioso sexto. Un hecho rídiculo y criticado por unos pocos, que deja en vergüenza la carrera profesional de Oliver. Del muleteo hay poco que hablar. Dos series ligadas y descargadas de Posada, que tiene y debe sacar mucho más, y una estocada en los bajos saliéndose de la suerte. La petición no llegó a los mínimos estipulados.

Mañana tendrá lugar la novillada de Gómez de Morales. Os lo contamos.


Valdemorillo (Madrid). Domingo 5 de febrero de 2017. 2ª de la Feria de San Blas y La Candelaria. Toros de López Gibaja (gran presencia, fuerte y muy seria, de exigente lidia) para los diestros Cristian Escribano, saludos en ambos desde el tercio; Martín Escudero, oreja y saludos tras aviso; Posada de Maravillas, leves pitos tras aviso y silencio tras leve petición. Entrada: Más de media plaza. Nota: Se desmonteró Jesús Robredo “Tito” tras parear y sufrir una cogida ante el cuarto. Palmas también para Raúl Cervantes tras parear el primero y lidiar el sexto por indisposición de Daniel Oliver.
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