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La penúltima traición de Balañá

La penúltima traición de Balañá

Con la sentencia a favor del Tribunal Constitucional imaginábamos que el Gobierno catalán prepararía un sinfín de medidas legislativas para impedir la vuelta de los toros a Cataluña. Ni ha hecho falta. Todo estaba atado. Balañá era una bomba de relojería para la tauromaquia. Era público y notorio. El antitaurino más eficaz.

lunes 06 de febrero de 2017, 19:16h
El 20 de octubre de 2016 el Tribunal Constitucional tumbaba la prohibición de las corridas de toros en Cataluña abriendo así un nuevo y esperanzador futuro para la vuelta de los toros, ya plenamente legales en Cataluña. En esos días, tanto la Generalitat de Cataluña, a través de su portavoz de gobierno y del consejero de Territorio y Sostenibilidad así como el Ayuntamiento de Barcelona, a través de la alcaldesa Ada Colau, se apresuraban a manifestar pública y solemnemente que los toros no volverían a Cataluña. Aseguraban que iban a trabajar para que la sentencia “no tuviera efecto práctico”. Todos nos imaginábamos que el Gobierno catalán prepararía un sinfín de medidas legislativas para impedir la vuelta de los toros a Cataluña. Se rumoreó que tal vez se aprobaría un paquete de medidas administrativas y/o burocráticas que harían imposible el efectivo cumplimiento de la Sentencia. Se habló de que la Administración catalana iba a exigir requisitos médicos o logísticos para la celebración del festejo taurino imposibles de cumplir. También se rumoreó que había grietas en la sentencia del TC por la que la Generalitat trataría de aprobar un reglamento taurino que prohibiría la suerte de varas, las banderillas y la muerte del animal vaciando así de sentido y razón de ser a la corrida de toros. Más de tres meses después y con la sentencia del TC plenamente vigente, nada se ha hecho en este sentido. Ni ha hecho falta. Todo estaba atado y bien atado. Los toros no iban a volver a Cataluña. La voluntad de la familia Balañá estaba comprada. Lleva más de treinta años comprada.

Los herederos del mítico empresario Pedro Balañá Espinós heredaron un imperio taurino. Dos boyantes plazas de toros en una Barcelona que rivalizaba con Madrid en ser la ciudad donde más festejos se programaban. Y no sólo eso, también la gestión de las plazas de toros de media España, incluida la Maestranza de Sevilla. A partir del rédito económico del negocio taurino Balañá ampliaría su actividad a otros campos (teatro, música y cine). Décadas después, apenas nada queda del imperio taurino y no mucho de lo demás. Uno de los peores empresarios taurinos de la historia (tiene mérito porque el título está competido) había dilapidado toda la herencia recibida a una velocidad de vértigo. La saga además se superaba. El desprecio, la soberbia y la incapacidad del nieto, Pedro Balañá Mombrú (Pedrito), sobre la gestión del negocio taurino y defensa de su actividad empresarial ha sido insultante y clave en la situación actual.

Balañá Forts (Pedro hijo) perdería la plaza de toros de Las Arenas doce años después de la muerte del patriarca. Le seguirían después un sinfín de plazas. Poco a poco y progresivamente dilapidaría todo el prestigio y éxito de la Monumental de Barcelona, para acabar en sus años finales vaciándola de aficionados, expulsados por la programación de festejos indignos. La gestión de la Monumental vendida al turismo, al “tour operador low-cost” al espectador ocasional que jamás volverá ni ningún interés hay en que lo haga. Los aficionados catalanes desertaron hartos de tanta incompetencia en una plaza dónde la entrada era tan cara como el toro terciado y la exigencia del palco ridícula (tres indultos en los últimos años). Los domingos del arrendamiento de la “caja B”. El desprecio en el trato al aficionado. La absoluta inacción en la defensa y promoción de la actividad taurina. La publicidad inexistente. El “compadreo y conchabeo” con las autoridades políticas antitaurinas. Balañá era una bomba de relojería para la tauromaquia. Era público y notorio. El antitaurino más eficaz. Pero apenas nadie levantaba la voz. Todo eso sucedía con la grosera complicidad de un entorno mediático y periodístico cortesano y profesionalmente incompetente e incapaz (salvo contadas y honrosas excepciones). Con la incluso surrealista defensa del sector taurino catalán que defendía la gestión empresarial de Balañá por miedo a no perder sus “pases” y prebendas. Y en un contexto asociativo de Plataformas, Federaciones, etc. más preocupado en aparecer en la foto, pegarse codazos entre ellos y darse baños de vanidad egocentrista, que en la defensa del aficionado y de la Fiesta.

La guinda del pastel de la inoperante incompetencia y total deshonestidad de Balañá fue su intervención en el debate sobre la ley prohibicionista en el Parlament de Cataluña. El discurso de Pedro Balañá Mombrú “Pedrito” duró menos de cinco minutos y ni tan siquiera llegó a ocupar una página entera en el diario de sesiones. Ahí ya estaba todo decidido. Balañá era el abanderado del “quintacolumnismo” taurino catalán. A mayor abundamiento, todo ello quedaba ya desacomplejadamente destapado, demostrado y acreditado cuando en la mañana del último festejo de la Monumental, con José Tomás en el cartel y el “no hay billetes” en taquilla, Balañá echaba groseramente y a gritos a los aficionados voluntarios que ponían pliegos de firmas en las butacas de la Monumental para tratar de conseguir las firmas necesarias para promulgar en las Cortes españolas la ley de Patrimonio Cultural de la Tauromaquia que abriese la posibilidad de la vuelta de los toros a Cataluña.

Desde la llegada de las autoridades catalanas antitaurinas a los órgano de poder catalán, la actuación del propietario de la Monumental ha sido una serie de incontables traiciones a la tauromaquia y a su herencia e identidad familiar siempre con el cobarde y espurio propósito de sacar provecho de ello en sus otras actividades empresariales.


Difícil posición para Matilla
De todo lo anterior no es inocente la familia Matilla, pieza de confianza de la familia Balañá en la gestión taurina desde que el primer y humilde Matilla (Teodoro García Sanchón) hiciese de veedor para las plazas de Balañá. Matilla se hizo cargo de la gestión directa de los últimos años de la Monumental para una resurrección episódica y esperanzadora al rebufo de José Tomás y del “sota, caballo y rey” que pone en práctica en todas sus ferias. No sabemos si Matilla conocía la voluntad de Balañá de no ceder la plaza para ningún festejo taurino, suponemos (aunque nos cueste) que no la conocía porque si no, no se entienden todos los mensajes de optimismo que ha filtrado al entorno taurino catalán, incluso rumoreándose que se encontraba ya preparando la próxima temporada de Barcelona. Tal vez la situación necesite por su parte una aclaración pública (al fin hablando alto y claro) de lo sucedido.

Así mismo, Matilla está en una difícil situación porque ostenta un contrato de arrendamiento de la plaza de toros de Barcelona con Balañá, el cual le autoriza a dar toros por así tenerlo pactado contractualmente con el propietario. Dicho contrato quedó en suspenso después de la prohibición hasta que el Tribunal Constitucional se pronunciará, por lo que suponemos que todavía estará en vigor. ¿Se atreverá Matilla a enfrentarse a la voluntad de Balañá y programar toros en la Monumental? Suponemos que no, recordemos que Matilla debe su situación actual de preeminencia en el sector taurino a la familia Balañá, puesto que éstos fueron los que le posibilitaron acceder a dicha privilegiada posición.


Los aficionados catalanes, tocados en el ánimo
Se sabía que iba a ser muy complicado volver a ver toros en la Monumental, pero el aficionado catalán esperaba por lo menos que se intentase. Esto ha sido nadar para ahogarse en la orilla. Después de cinco años y medio de duro trabajo para mantener la llama viva. De conseguir promulgar la ley que blinda la tauromaquia como Bien de Interés Cultural. De renovar un tejido asociativo y profesional caduco, cortesano e incapaz. De constituir la UTYAC (Unión Taurina de Aficionados y Taurinos de Cataluña), organización modélica y pionera en la defensa de la tauromaquia en Cataluña, de revitalizar la Fundación de Entidades Taurinas de Cataluña, de realizar con éxito de participación centenares de actos como los Congresos de UTYAC, Cursos de Aficionados Prácticos, movilizaciones, desplazamientos… siempre nadando contra corriente. Con las autoridades políticas en contra y con un sinfín de obstáculos de fuera y en ocasiones (lamentablemente) de dentro del sector taurino y de su entorno. El movilizado, generoso y militante aficionado catalán no merece este final.

La Federación de Entidades Taurinas de Cataluña en un comunicado publicado en este portal promete mantener la llama viva y ojalá lo consigan. Mientras haya aficionados activos y movilizados, los toros no morirán en Cataluña y la esperanza de volver sobrevivirá. Por muchas veces que Balañá nos traicione.
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    1813 | luis - 10/02/2017 @ 14:34:34 (GMT+1)
    Lamento hayais tomado un camino equivocado. Ignorais los problemas que puedan tener. Hay que insistir y esperar q

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