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Valladolid

Un bravo ejemplar de Esteban Isidro encumbra a Leo Valadez
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(Foto: José Fermín Rodríguez)

Un bravo ejemplar de Esteban Isidro encumbra a Leo Valadez

Un novillo premiado con el pañuelo azul aupó en triunfo al mexicano afincado en Arganda del Rey. Leo Valadez cortó tres orejas a su lote.

lunes 20 de febrero de 2017, 09:15h
Entretenida novillada de apertura de temporada en la coqueta plaza cubierta de Íscar, con un novillo premiado con el pañuelo azul que aupó en triunfo al mexicano afincado en Arganda del Rey, Leo Valadez. Sus compañeros de terna, Toñete y Darío abandonaron la plaza con una oreja cada uno en su esportón.

El encierro de Esteban Isidro ha sido bravo, bien presentado y noble en líneas generales. Dos de los ejemplares corridos en segundo y quinto lugar con poca fuerza. Este un bonito jabonero cuajado y espectacular de fachada y nobleza al que Toñete cuidó y mimó toreándolo con dulzura y cierta cadencia. Todos ellos recibieron un puyazo en el caballo de moderada intensidad y fueron aplaudidos en el arrastre.

Tarde soleada, espléndida de toros con media plaza en el acogedor recinto iscariense y precios populares en taquilla.

Tiene la fiesta de toros un algo en su misma entraña que sigue atrayendo a numerosas personas, siempre aficionadas y gustosas de ver, conocer, aplaudir y apoyar a quienes prácticamente empiezan temporada y curso taurino para dar el paso al escalafón de matadores. Algo así tuvo la tarde de toros. Y vamos uno a uno, a dejar negro sobre blanco lo visto esta tarde en Íscar.

Leo Valadez tiene el fundamento asumido y esa pinturería graciosa del toreo mexicano con el capote que en su caso parece como si le salieran los cites en un alarde de adornos y aderezos donde no existió la media verónica en absoluto. Muy jaleado en su saludo capotero, brindó al público la faena de muleta, aunque el duro y bronco ejemplar que abrió plaza se lo echó a los lomos en dos ocasiones. Ello no impidió al torero seguir a lo suyo hasta que logró la estocada que le valió arrancar la primera oreja de la tarde.

En su segundo, el más bravo del encierro y acometedor, brindado a uno de los subalternos de la cuadrilla, se echó de hinojos con hambre de novillero, ganas y arrojo y terminó con otro desplante de rodillas antes de lograr una estocada entera, arriba, haciendo bien la suerte, tirándose con fe al morrillo del ejemplar. Los pañuelos y la algarabía habitual de la que suelen ser partícipes más de la cuenta los miembros de la cuadrilla, pidiendo con silbido y voces las orejas, bastaron para que el Presidente de la corrida le otorgara las dos de este novillo al que además premiaron con el pañuelo azul.

Toñete tuvo los dos de menos fuerza, aunque metían bien la cara en las telas que le ofrecían durante toda la lidia. Lástima el quinto, tan flojo que rodó por el suelo en varias ocasiones. Ello produjo un cambio en el sentido de levantar la muleta, sin tirón, despacio, mimando y cuidando la embestida del ejemplar, más como enfermero avezado, pero sacando sobre todo con la mano izquierda momentos buenos en la faena y aplaudidos por el público. Me gustó más Toñete en el segundo. Le vi más firme, con oficio y ganas. Puesto, como dicen en el argot. Estuvo bien con ambas manos, y especialmente en una serie por naturales muy sentida y templada. Con los aceros pinchó un par de veces antes de lograr una media caída y muy perpendicular. Al acabar, la gente le obligó a saludar desde el tercio. Al jabonero lo despachó de pinchazo y estocada recibiendo una oreja, más por lo sentido de su faena de muleta que por el acierto con la tizona.

Y el iscariense Darío Domínguez, nervioso y con la responsabilidad ante sus paisanos, brindó el primero de su lote a Mercedes Martínez, su madre, presente en una barrera. Intentó muletear citando de largo al de Esteban Isidro que se arrancaba con alegría, pero aquí estuvo la de arena al llegar a la suerte suprema. Dificultad en la colocación, no perfilándose en corto y por derecho, pasó el muchacho un quinario con la espada hasta que el ejemplar se echó recibiendo un aviso del usía.

Intentó Darío sacarse la espina con el que cerraba el festejo, brindándoselo al público, cuando ya las luces de los focos de la plaza hacían tililar las lentejuelas de su traje. Hay dos series bastante buenas de Darío, jaleadas por el torero de Cuéllar Javier Herrero desde el callejón con un “¡sigue, sigue, no pares!“, que arrancaron los aplausos del público. Iba mejor el toro por el pitón izquierdo y ahí le citó Darío, cruzándose y dándole el pecho. Incluso tuvo tiempo de mirar hacia el tendido cuando un espectador le voceó “arrímate” con voz potente, contestándole ” es lo que estoy haciendo“. Y era verdad. El muchacho intentó en todo momento agradar, sentirse, expresarse, lograr sacar faena al de Esteban Isidro. Hay un par de muletazos bajando la mano de especial temple y hondura. Tras pinchar arriba, logró una casi entera tendida y el público pidió para él la oreja que le concedió el palco.

Al final del festejo, la puerta grande se abrió para que sacaran en hombros a Leo Valadez, el triunfador sin duda de esta novillada de Íscar, entretenida y a la que el público respondió con su asistencia.


Íscar (Valladolid). Domingo 19 de febrero de 2017. Novillos de Esteban Isidro (4º premiado con la vuelta al ruedo) para Leo Valadez, oreja y dos orejas; Toñete, silencio y oreja; Darío Domínguez, silencio tras aviso y oreja.
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