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José Sáez “El Otro”
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José Sáez “El Otro”

“¿Es usted El Cordobés?”

El próximo 11 de marzo, en Morón de la Frontera (Sevilla), Manuel Díaz y Julio Benítez se reúnen en un cartel mixto. Esta es una ocasión inmejorable para acercarse a la novela Yo soy El Otro, que narra la gloria y decadencia de José Sáez “El Otro”, uno de los imitadores que tuvo Manuel Benítez “El Cordobés”.

miércoles 01 de marzo de 2017, 19:15h
La presentación del encontronazo entre Manuel Díaz y Julio Benítez, ambos conocidos bajo el apelativo de “El Cordobés”, es un regalo para los amantes de la prensa rosa. También, en cierto modo, para quienes anhelamos la imagen de un patio de cuadrillas en el que los de luces se reten con la mirada, se dejen de abrazos y piensen en superar al rival con quien comparten el paseíllo. El evento no puede sino transportarnos a Manuel Benítez. Como de repeticiones versa gran parte de la cuestión, no podemos dejar de lado la historia de José Sáez “El Otro”, novillero que tuvo la suerte –buena o mala– de parecerse al huracán que revolucionó la Tauromaquia en la década de 1960. Recientemente, Berta Vias Mahou ha novelado su vida en Yo soy El Otro.

La autora repasa la existencia de este desconocido torero, cuya cara era el reflejo del “Quinto Califa del Toreo”. Un hombre que se mimetiza con su referencia hasta el punto de calcar sus gestos y sus maneras de torear. Se repiten las escenas en las que deja de ser “El Otro” para ser el matador rubio y melenudo, el que ya desde novillero había alcanzado una fama inigualable, como el momento en el que se encuentra con Miguel Báez “El Litri” y le toma por quien inspiró a este sosias.

José Sáez quiere ser él mismo, pero se rodea de un círculo de aprovechados que ven en él una máquina de billetes de mil pesetas. Incluso se convierte en un problema para Manuel: ¿y si es mejor con el capote y la muleta y se invierten los papeles entre los dos “otros”? Aquí las zancadillas se suceden, como el momento en el que las reses de una novillada ya salen a la plaza toreadas para perjudicar al diestro. Magistralmente, la autora recalca el peligro de esta acción cuando pone en boca de su torero lo siguiente: “Y con razón dicen que un toro aprende en media hora más de lo que asimila un hombre durante toda una carrera universitaria”.

Como puede sospecharse, Sáez se harta de ser “El Otro” y se marcha a Las Palmas de Gran Canaria, donde no hay una plaza de toros. Su desarraigo taurino se ve truncado cuando –ironías del destino–, al año siguiente de su huida, se inaugura el coso en la ciudad insular. Allí su periplo llega a su final cuando toma la alternativa en 1971.

Berta Vias Mahou ha advertido que no se trata de una novela taurina. La Tauromaquia sirve como base para urdir una trama acerca de la identidad del individuo. No se trata de una biografía, sino que el lector está delante de una ficción que combina la voz de la escritora con la de José Sáez, que se cuela para relatar los hechos que ella ha descubierto a través de sus investigaciones. Aunque huye de su calificación –lo que además es cierto–, el aficionado siempre buscará el encuentro místico entre toro y torero entre sus páginas. Este no se da, pero sí hay una profusión del lenguaje taurino que Vias Mahou introduce con la misma delicadeza con la que el damasquinador trabaja su obra: sabe que cada palabra en el texto es fundamental porque no admite lugar al error.

Probablemente sea fantasioso pensar que Manuel y Julio busquen en esa corrida su propia identidad, suplantarse el uno al otro y dirimir quién es “El Cordobés” de nuestro tiempo. Puede que ellos sean unos “otros” que cada mañana se miren al espejo y contemplen al padre, un héroe de antaño que jamás volverá a pesar de que su sombra aún se siente en la Fiesta. Una presencia fantasmal que envuelve sus figuras, al igual que le ocurre a José Sáez a lo largo de la novel
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