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A carta cabal
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(Foto: salamancartvaldia.es)

A carta cabal

Con Su Majestad “El Viti” presente en el acto organizado por la Juventud Taurina Salamanca, Victorino hijo dio un repasito a la historia de la ganadería a través de toros emblemáticos como “Baratero”, “Belador” y “Cobradiezmos”.

miércoles 15 de marzo de 2017, 15:57h
Juventud Taurina Salamanca convocaba en el IBB Recoletos Coco. El nombre del establecimiento merece salir a esta palestra por su posicionamiento respetuoso, firme y sin dobleces y por su disposición a colaborar con la índole taurina. El lleno de "no hay billetes" de jóvenes y mayores, aficionados multigeneracionales en resumidas cuentas, me alegra por el compromiso y la pelea de ambas partes.

En un acto conducido por María Fuentes y Ana Pedrero, venía Victorino hijo a contarnos esa leyenda que comenzaba en Galapagar, salvando un camión camino del matadero con un tesoro genético escondido en el fenotipo cárdeno Albaserrada, y que a expensas de trabajo y astucia todavía se fragua en Las Tiesas. Un fenómeno, por profesionalidad, preparación y habilidades sociales, como quedará claro, una vez más, tras la inevitable comparación después del maratón de “Paisajes Herrados” hace un par de meses, donde se retrataron ganaderos y titulares de ganaderías bravas. De la parte de community management, real y virtual, cuantos taurinos deberían aprender.

La sorpresa vino con la incorporación a la presidencia de la mesa de Su Majestad “El Viti”, a quien Salamanca venera por cuanto alcanzó en los ruedos y por lo que representa fuera de ellos: honradez, altruismo e implicación absoluta con su tierra y con la tauromaquia. Por esto y más, siempre estaremos en deuda con él. Paradojas de la vida, cuando uno de los premiados en la pasada feria, tras confirmar que recogería su trofeo, el lunes anterior a la entrega empezó a recular. Después de una semana de periplo con actos en Bilbao y Madrid, se entiende el cansancio y que los aficionados podamos resultar un poco pesaditos. Pero debía presuponerse el esfuerzo (que no es para tanto) en alguien con todo el camino por recorrer, y quien, al día siguiente de los premios de marras recordaba raíces, garrocha en ristre, no muy lejos del Tormes (¡ay Twitter!, que lo casca todo). Vamos, que ha quedado regular, teniendo en cuenta que esta gala, en agenda con muchísima antelación, lejos de ser algo chuflesco, está bastante currada con el fin de reunir, simplificar y facilitar todos los galardones en un único acto, en un teatro precioso que llenan 500 aficionados con autoridades incluidas. Puesto que las figuras distinguidas tampoco acudieron, parece que el reconocimiento a protagonistas, cuando lo taurino no pasa por su época más gloriosa, va a resultar incómodo o incluso molesto, como cuando enfermas o se avería el coche, que siempre es mal momento. Confiemos en la desmemoria en próximas ferias y próximos homenajes para/con quienes se permiten estos desaires con los que pasamos por taquilla. Porque en la ecuación de tres variables: toro, torero y público, y si éste último se busca otros motivos de celebración ninguneando a los dos primeros, el toreo estará cada vez más silenciado y en penumbra y será proporcionalmente desconocido e impopular. En el extremo, bien claro tenían lo de los baños de multitudes “El Pipo” y “El Cordobés”, porque así logró cortar una oreja en Madrid (en su confirmación) sin matar a “Impulsivo”, de Benítez Cubero.

Retomando el coloquio, los Martín (Victorino y Santiago) dieron un buen repasito a la historia de la ganadería a través de toros emblemáticos como “Baratero” (al que Andrés Vázquez desorejó en Madrid en una faena de 19 pases, premiado con la vuelta al ruedo después de 5 varas -1969-), “Belador” (por fin he salido de la duda y se escribe con B, indulto histórico por Ortega Cano también en Madrid, en 1982) y por supuesto, “Cobradiezmos” (máximo premio a la bravura en Sevilla en 2016, en manos de Manuel Escribano). Y defendieron ambos, de común acuerdo, lo indispensable que han resultado, resultan y resultarán la variedad de encastes y la suerte de varas, en esencia y en ejecución. En definitiva, el ingrediente fundamental en el pastel de la Fiesta: el toro.
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