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La Herguijuela, herederos de la estirpe Contreras

La Herguijuela, herederos de la estirpe Contreras

Por Rubén Sánchez
martes 11 de noviembre de 2014, 18:06h
Reportaje con texto y fotos sobre la ganadería extremeña

Todo empezó cuando en aquel enero de 1907, el trujillano Juan de Contreras y Murillo, aficionado y terrateniente, se plantea a sus 46 años emprender la aventura de convertirse en ganadero de bravo. Contó para su éxito con la ayuda de dos grandes aficionados a los que encomendó cerrar con Tomasa Escribano, viuda de Murube, la venta de una parte de su hato. Éstos eran Joaquín Murillo, su sobrino y José Durán, que se desenvolvieron como águilas en el trato, preparando el terreno desde la noche anterior, cuando a base de copas, lograron que Juan Poyuela, vaquero de confianza de la casa, a cambio de sellar su destino y sus galones de mayoral en la nueva vacada de Contreras, anotase en un papel los números de los cuatro erales que él escogería para sementales, dado lo visto en la tienta a campo abierto. Al día siguiente, el conocedor encerró las vacas en un cercado, las cien primeras saldrían hacia Extremadura, a la finca La Giralda que D. Juan poseía en Burguillos del Cerro (Badajoz). Pero fue un día después cuando se consumó el hecho decisivo: había que escoger los cuatro erales, y los compradores tenían memorizados los números que Poyuela dejó escritos. El conocedor se pensó que en caso de comunicar él a Doña Tomasa los números que entraban en el trato, recibiría una gran amonestación, por lo que invitó a los compradores a comunicárselo a la viuda, la cual susurró al conocer los machos elegidos: "el enemigo está en casa". Pese a la contrariedad, aceptó el trato y mandó un saludo a Juan Contreras, reconociendóle que puede estar orgulloso de quienes mandó a cerrar el trato, pues con esa simiente podría lograr tener una ganadería incluso mejor que la suya.

Transcurrida la edad de oro, entre grandes éxitos y duras críticas de la prensa, la vacada de D. Juan echa el telón, vendiéndose en 1920 la mayor parte de la vacada junto con el hierro al salmantino Juan Sánchez y Sánchez "Juan Terrones". Pero el señor Contreras "olvidó" unas 20 vacas en La Giralda por si algún día todo mejoraba, algo de lo que se enteraron sus hermanas, viéndose obligado a vendérselas a los sobrinos del anterior comprador, los hermanos Sánchez Rico, a cuyo padre ya se vendió ganado de Contreras en 1911.

Ya en 1943, Juan Terrones vende a Benito Martín Rodríguez, pasando después a manos de los Hermanos Cembrano, que en 1948 la anunciaron como Cerroalto, etapa en la cúal se consuma la toma de antigüedad del hierro, con una novillada picada en 1950. Llegó écadas después, en 1974, al progenitor del actual representante, Juan Miguel Cremades Adaro, que en 1979 la anuncia como La Herguijuela. Tras una buena etapa lidiando con asiduidad hasta finales del siglo XX, es a principios del XXI cuando los problemas sanitarios y la férrea dureza exterminadora de los despachos, diezmaron la vacada de unas 300 madres a tan sólo diez o quince y dos machos. Actualmente, su propietario Juan Miguel Cremades González, mantiene la tradición familiar y poco a poco va recuperando la ganadería, en un duro trabajo, criando con unas 40-50 madres.

Se trata, por tanto, a fuerza de camadas cortas, muy reducidas, pero que dejan ver los rasgos característicos de aquellos murubes extremeños que a base de tiempo y selección dieron lugar al toro de Contreras. Bajitos pero bien enmorrillados, sin mucha caja ni hondura, ni mucha longitud, igualmente cornicortos, siendo cornidelanteros o ligeramente veletos, con el pitón blanquecino claro. Sin el volumen ni los pitones (que no el trapío) que se exigen en la mayoría de plazas hoy en día; lucen capas castañas, tostadas, coloradas y negras principalmente. Un toro que siempre destacó por su bravura, nobleza y trasmisión, desde los primeros tercios y la pelea en varas, hasta los finales de faena.

En la finca La Herguijuela de Doña Blanca, que cuenta con unas 4000 hectáreas repartidas entre el aprovechamiento ganadero vacuno, ovino y bovino de bravo, se encuentra uno de los últimos reductos descendientes de la estirpe que hace más de un siglo diese nombre Juan Contreras. Sita en el término de La Bazagona-Toril, (Cáceres) se trata de una dehesa de encina y alcornocal, ondulada, de buenos pastizales bien irrigados en uno de sus márgenes por el río Tajo. Además, cuenta también con un hotel rural para agroturismo.

Desde Pureza y emoción, enviar a la familia una dosis de ilusión y mucha suerte en la difícil labor de recuperar la vacada y un encaste que tanta importancia tuvo. Un patrimonio genético único, que deberíamos estar obligados a mantener y contar con la ayuda necesaria para ello.

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