www.purezayemocion.com

Crónica de una mirada triste

jueves 13 de noviembre de 2014, 17:21h
Lo ocurrido en Chamberí

Antes de comenzar mi relato, dejar claro que apoyo y apoyaré cualquier manifestación, declaración o acto que sirva de defensa y promoción de la Tauromaquia, por pequeña que sea y venga de quien venga.

Miraba a la ventana absorto en pensamientos banales y otros no tanto por tratarse de cosas del toro, que estos nunca podrán serlo. Era mañana nubosa y mis esperanzas estaban puestas en que por la tarde, en la no muy taurina plaza de Chamberí, si no fuera porque cerca se encuentra la sede de uno de los organizadores, la UCTL, yo diría que es tan taurina como unos esquís, que esa tarde se mostrará al mundo el apoyo de al menos media plaza de Las Ventas, a la Tauromaquia de Bogotá y por ende, a la mundial.

Se acercaba la hora, las redes sociales taurinas echaban humo: toreros que anunciaban su asistencia, otros como Serafín Marín que venían de camino del "Pearl Harbor" taurino que fue Barcelona, miles de mensajes de apoyo, y yo, afanándome en mis quehaceres profesionales para poder llegar a esa declaración de intenciones, y lo que es mejor, de esperanzas.

Llegó la hora, sonrisa interior la mía bajando las escaleras del Metro. Miraba a las personas de mi vagón y mis pensamientos les decían "Oye, que soy aficionado a los Toros, y voy a una concentración de apoyo a la Tauromaquia". Me sentía bien, casi especial, contento por la escasez de este tipo de manifestaciones. "Próxima estación Alonso Martínez", la mía, la nuestra hoy. De siempre me ha gustado bajarme una estación antes de cualquier destino, rarezas que tiene uno, que para eso somos taurinos. Santa Engracia arriba, un pitillo de liar ya liado. Gente en silencio en el mismo camino que el mío "estos van"; "este por la palestina al cuello, creo que no"; "la señora parece que ha visto a Bienvenida en Las Ventas... no sé, tiene cara de tener gusto". Cruzo la calle del Españoleto, de siempre he querido vivir ahí, y hoy más.
Entro en Chamberí y me cuesta ver la concentración. Pero si son las 19:20... ¿Me habré confundido?... Al fondo en el quiosco de la música veo algunas cabezas. ¡Ah! Una lechera de la Policía Nacional, esto es una manifestación. Colgada, atisbo una bandera colombiana, he llegado.

Pero... si este es el anciano que veo todos los domingos de temporada en Las Ventas. ¡Anda! , y este, y aquel, y también aquel que saluda sin conocer a Uceda Leal, y ¿ese que está dando la mano a Robleño o es el que pide entradas a la puerta del Desolladero por si alguien se la regala? Poco a poco me invade un sentimiento de pesadumbre y desesperación. Comienzo a repasar errores pero me saca de mi ensimismamiento un conocido. Hablamos, no queremos sacar el tema, pero cuando nos miramos sabemos que esto no puede ser.

Se unen más amigos, me presentan a personas a los que solo conocía virtualmente. Buena gente.

Su majestad El Viti, Palomo Linares, Diego Urdiales, Uceda Leal, Victor Barrio, Luis Miguel Encabo, Fernando Robleño, Javier y Damián Castaño (es curioso que algunos de éstos no subieron al quiosco), subalternos muchos, periodistas casi todos, empresarios...

Comienza la lectura del manifiesto por el incansable luchador por la Tauromaquia colombiana allí y acá, David Jaramillo, pero con una megafonía capaz de escucharse a 30 centímetros a la redonda, impresionante. Otro pinchazo en el estómago. La plana mayor del ejército catastrofista de la Republica de ANOET detrás del maestro Ponce, al que no le escucha nadie, pero seguro dio su total apoyo a la Bogotá Taurina. Las 19:40, todo ha terminado. Vuelta y reflexiones.

Cabizbajo. Si antes miraba con altivez interior a mis compañeros de vagón ahora lo hago como si tuviera vergüenza. Me siento pequeño. Pienso que si esta concentración, a la que apoyaré siempre y volvería a ir, no se podría haber hecho en Las Ventas, si me apuro, el domingo a las 12:00 y, ¿por qué no?. En el ruedo, así podrían acudir mucha gente de los pueblos (un 50%, o más, de los que acuden a los festejos, tanto en San Isidro como en temporada). No quiero pensar mal y seguro que no tiene nada que ver la cercanía de la sede de uno de los organizadores.

Mirando al suelo gris del vagón de metro, sigo con mis soluciones. Y si existiera la tan requerida Academia de la Tauromaquia (o como quieran llamarla) y hubieran utilizado, además de las redes sociales, radios y, aunque ya es soñar mucho, algún anuncio en TV. Desde Madrid miramos a Bogotá unos pocos. Algunos pueden decir que algo es algo, yo soy de esos "algunos", pero me duele y me cabrea que una ciudad capaz de meter a 24.000 personas en una plaza de toros un martes de mayo, no sea capaz de convocar a, al menos, la mitad.

Es de noche, sigo mirando a Bogotá, a Lima, a Palma de Mallorca, a San Sebastián, a Barcelona... Pero hoy, la rabia e impotencia me han cegado, como la megafonía de la organización me hizo pensar que oía poco... Así no nos pueden oir.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+

0 comentarios